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El conferenciante, ayer viernes en Telde (Foto TA) El conferenciante, ayer viernes en Telde (Foto TA)

Ricardo Martín sostiene en Telde que la caída del Muro de Berlín abrió una nueva etapa en la historia de Europa

Con la conferencia del doctor en Historia finaliza el curso celebrado desde el pasado lunes en la Casa-Museo León y Castillo

cojeda Sábado, 18 de Abril de 2015 Tiempo de lectura:

JESÚS RUIZ MESA

Telde.- Con la conferencia “Repensando la caída del Muro de Berlín: 25 años después”, impartida el viernes 17 de abril por el profesor Ricardo Martín de la Guardia, finaliza y se clausura la VIII edición del Curso de Historia de las Relaciones Internacionales que se celebran en la Casa Museo León y Castillo de Telde, Centro de Estudios de Historia Contemporánea, que dirige y coordina Javier Ponce Marrero Profesor Titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

 

El director del Curso Javier Ponce Marrero da la bienvenida a los asistentes y presenta al profesor ponente de esta quinta y última ponencia de las intensas jornadas que durante esta semana se han venido celebrando en la Casa Museo León y Castillo de Telde: Ricardo Martín de la Guardia que ya estuvo en la primera edición de estos cursos de Historia  de las Relaciones Internacionales hace diez años, es Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Historia, por la Universidad de Valladolid. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología en la sección de Ciencias Políticas en la Administración por la Universidad Complutense de Madrid. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Valladolid con Premio extraordinario. Diploma de Estudios Avanzados dentro del programa de Doctorado del Departamento de Ciencias Políticas y Administración de la UNED. Profesor Titular de Universidad desde el año 1996 en el área de Historia Contemporánea.

 

Desde el 2006 es Catedrático de Historia Contemporánea en la misma Universidad, y desde el 2009 hasta el 2013 ha sido director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid, uno de los Institutos de Estudios Europeos más prestigiosos. Ha siso Senior visitor y Senior Associated Member del Centro de Estudios Europeos del St. Anthony College en Oxford. Ha sido Salvador de Madariaga fellow del Ministerio de Educación y Cultura en el prestigioso centro Instituto Universitario de Florencia y es, además, invitado en numerosas universidades para impartir clases, es profesor estable de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Córdoba en Argentina. Profesor doctorado de las Universidades de Valladolid y de Salamanca. Profesor de la Maestría en Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación en la Universidad de Montevideo en Uruguay. Profesor invitado en Universidades de Polonia, Hungría, Argentina y otras Centroamericanas y Europeas.

 

Es un prolífico autor con numerosas publicaciones sobre cuestiones que interesa en los temas que tratamos: La prensa, La propaganda en la España franquista, La Alemania Nacional Socialista, La creación y Difusión de los mitos públicos políticos en el franquismo. La Transición. Revistas españolas y extranjeras. Sobre las relaciones internacionales y el mundo actual, ha publicado como autor y como coautor, o como coordinador de una treintena de libros, Decenas de artículos y entre los libros: La Unión Soviética, de la Perestroika a la desintegración, con Guillermo Pérez Sánchez. Ha coordinado el libro Historia de la integración europea. La Unión Europea y España, publicado en Madrid en 2002. La Batalla de Budapest, con Guillermo Pérez Sánchez. Historia de la Insurrección Húngara de 1956, publicado en Madrid en 2006. Los Derechos Humanos, 60 años después 1948-2008, (Valladolid, 2009). Chechenia. El infierno Balcánico, publicado en Valencia en 2012. 1989, el año que cambió el mundo, publicado en Madrid 2012. Artículos escritos en español, francés, inglés, polaco, ruso y húngaro y es un poliglota consagrado que le ha permitido dedicarse a la investigación de esta parte de Europa. Ha participado en diez proyectos de investigación nacionales sobre los temas de su especialidad y de las Relaciones Internacionales y sobre el tema de la ponencia que imparte en este ciclo.

 

El profesor expone: “Sucedía algo muy simbólico en ese orden internacional si la Guerra Fría había de alguna forma nacido en Berlín, con la división  del Berlín que se ocupa con las fuerzas anglo-norteamericanas, por los soviéticos y por ende la división de Berlín se produce en toda Alemania y a partir de esa división con el telón de acero en toda Europa, de alguna forma el final de ese problema alemán o de esa cuestión alemana y el final de la guerra fría iba a volver a Berlín. La caída del Muro y la recuperación de la unidad, la reunificación, al menos de alguna forma, históricamente, cerraba ese proceso de la Guerra Fría y cerraba la, para muchos, cuestión alemana sobre la que permanentemente los alemanes se habían preguntado sobre la continuidad de ese proceso en su historia, la de la Alemania partida después de la Segunda Guerra Mundial.

 

Afortunadamente con la apertura de archivos, utilizar fuentes directas, prensa del momento, testigos, memorias y con la posibilidad de estudiar un acontecimiento que resultó ser inopinado. La caída del Muro de Berlín fue de una forma fortuita, pudo haber caído antes o después, pero el hecho en aquel momento se produjo por una serie de coincidencias, a la que estaban ajenas muchos de los protagonistas, actores políticos y económicos de aquel momento. Los mejores especialistas, por ejemplo, en la Universidad de Kiel tres meses antes habían preparado un análisis de cómo debían ser las relaciones entre las dos Alemanias hasta el año 2000. En poco más de un año y medio se produce la reunificación. Un acontecimiento o tan conocido que tuvo una trascendencia para la descomposición del mundo soviético y para la caída del Muro de Berlín.

 

 El 27 de junio de 1989, los ministros de exteriores de Austria y de Hungría se encontraron en una localidad fronteriza entre ambos estados, para cortar simbólicamente un trozo del alambre de espino que separaban a estas dos naciones, aunque en realidad la frontera austro-húngara ya estaba abierta desde mayo, pero a principios de aquel verano aquella imagen simbólica significaba el  final del telón de acero, lo que había separado a la Europa extinguida durante cuarenta años.  El gobierno húngaro todavía de mayoría comunista, aunque este país en la década de los ochenta había sido un poco más “liberal”, más abierto, pero el gobierno húngaro había tomado esta determinación apelando a la Conferencia de Helsinki de Cooperación y Seguridad en Europa de 1975, y desde ese documento apelaba a otra serie de documentos hasta el que se había firmado en Viena en enero de 1989. Aludían a la libertad de movimientos que debía tener cualquier ciudadano de un Estado.

 

Ese emotivo corte simbólico de alambre iba a circular rápidamente por toda la población del Este de Europa y también entre la población de la RDA del Berlín Este. Las consecuencias de aquel hecho, libertad de movimientos, apertura de fronteras entre un país “capitalista” y otro socialista, Austria y Hungría, no se hicieron esperar. Miles de checoslovacos  y alemanes orientales que disfrutaban de sus vacaciones en territorio húngaro decidieron de inmediato no regresar a sus países de origen. Se calcula que sólo en los tres primeros días de apertura del telón, antes de la caída del Muro, unos doce mil alemanes del Este huyeron al Oeste, mientras otros varios miles de ciudadanos de la República Democrática de Alemania, se dirigían a Checoslovaquia a donde podían trasladarse sin visado para pedir asilo en la Embajada de la República Federal de Alemania. Los alemanes orientales sólo se podían trasladarse sin visado a Checoslovaquia, tenían especialmente vedado en el caso rumano o búlgaro.

 

Empieza una descomposición increíble. El 10 de septiembre de 1989 el gobierno húngaro ante esa avalancha optó por conceder a todos los alemanes orientales un permiso para sin ningún tipo de cortapisas pudieran cruzar la frontera hacia occidente. Algunas estimaciones posteriores que hace el propio gobierno comunista de la RDA, hablaron de una cifra de 400.000 alemanes orientales, sobre una población de 12 millones, acogidos en la República Federal de Alemania entre mayo a noviembre de 1989.  

En aquel mes de junio de 1989 en que se abría la frontera austro-húngara y comenzaban estos acontecimientos, se celebraron elecciones en Polonia de las cuales salió el primer gobierno no comunista en la historia de estos sistemas de dominación con la idea de un autentico proceso de reforma, inició un cambio prudente, cautelosa,  que contó con el ejército polaco comunista, fuerzas al mando del que había sido en su momento presidente, y secretario general del Partido Obrero Unificado Polaco, el General Jaruzelsky.

 

Interesante los comentarios de periodistas que ponían como ejemplo el  inicio de la transición de la dictadura a la democracia en Polonia en 1989-9190, el ejemplo de transición española: Nos dimos cuenta que para la democracia polaca sería recomendable seguir el camino de España, la senda de la evolución de la dictadura a la democracia mediante el compromiso y la reconciliación sin venganzas, ni vencedores ni vencidos, con gobiernos que en el futuro fueran elegidos libremente. Precisamente entre los gestos de buena voluntad del presidente de Mazowiecki, el país que más había sufrido por la invasión y traumáticas relaciones con Alemania, fue invitar al presidente alemán, Helmut Kohl a visitar Varsovia, como signo de reconciliación de esa nueva Europa de la que Polonia pretendía participar. Y fue el 8 de noviembre de 1989 pocas horas antes de caer el muro cuando el canciller alemán llegó a Varsovia en lo que iba a ser una estancia de seis días. No se les pasaba por la cabeza que esa misma noche el muro iba a dejar de ser una de sus preocupaciones principales.

 

Los rumores de lo que estaba ocurriendo en Berlín fueron convirtiéndose poco a poco en noticias contrastadas. Kohl durante la cena oficial  declaró que se sentían como si estuvieran en otro planeta. Al día siguiente antes de abandonar Polonia precipitadamente, afirmó que el proceso iniciado aquella tarde en Berlín formaría parte ya  de la historia universal. Y efectivamente no se equivocaba.  En el año 2009 pocos días antes de la celebración del vigésimo aniversario  de la caída del Muro, el octogenario Günther Schabowski ingresó en el hospital a causa de una dolencia cardíaca.

 

Schabowski en aquel año crítico de 1989, había sido portavoz del Comité Central del Partido Socialista Unificado de la RDA, el partido único, el partido comunista. Y su nombre, Schabowski, había pasado a la historia por ser quien durante la rueda de prensa, del 9 de noviembre, a las 18:53 hs, había informado a los periodistas  que los puestos fronterizos entre las dos zonas de Berlín quedaban abiertas desde ese momento.

 

Un acontecimiento que se ha podido demostrar porque aparece reflejado en las actas del Comité Central del Partido y en las Actas del Politburó del Partido Socialista Unificado. A las 19:04, la agencia oficial alemana emitía un comunicado urgente según el cual los ciudadanos de la RDA podían salir del país libremente por cualquier puesto fronterizo. La apertura de la frontera contra el fascismo como se decía en la RDA, el Muro de Berlín era una frontera contra el fascismo, sin ninguna orden se abre, en un país donde la policía secreta de Estado tenía unos 120.000 funcionarios y los colaboradores superaban el millón. De pronto en ese país en situación de caos y confusión la orden más impactante, importante,  llega sin saber a todos los puntos y a partir de ahí, nadie se atreve a dar marcha atrás o contraorden. Los estamentos políticos, se enteran de lo que estaba ocurriendo cuando las fronteras estaban abiertas. La noticia saltó en todas la agencias entre el estupor, la incredulidad y la sorpresa de la mayoría.

 

Sin duda, el Muro de Berlín había sido eficaz entre su construcción en agosto de 1961 y su caída en noviembre del 89, tan sólo unas cinco mil personas lo habían podido atravesar, valiéndose de su imaginación y férrea voluntad de refugiarse en el Oeste. El símbolo por tanto de la Guerra Fría desaparecía sin que las consecuencias estuvieran presentes en la mente de nadie   

 

Noviembre de 1989 fue, sin ningún género de dudas, el mes que abrió definitivamente las puertas al fin del sistema internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial. La caída del Muro de Berlín el día 9 de noviembre de 1989 trascendía el símbolo de una ciudad, de un país y de un continente divididos por mor de las circunstancias vividas varias décadas atrás para ofrecernos un futuro incierto pero esperanzador, el de un escenario radicalmente distinto al de la Guerra Fría donde los actores principales y secundarios deberían reconsiderar sus respectivos papeles. Había desaparecido la gran frontera del mundo moderno.

 

La siniestra eficacia del Muro se había dejado sentir desde su construcción en agosto de 1961. El Muro había hecho de Berlín Occidental una isla rodeada de una inmensa cárcel, de uno de los sistemas de dominación comunista más represivos de la Historia. En los veintiocho años siguientes unas cinco mil personas habían intentado franquear esta barrera contra las supuestas agresiones del capitalismo. Utilizando los más variopintos medios, habían decidido jugarse la vida para abandonar el Estado de los Obreros y los Campesinos, como gustaban denominar sus autoridades a la República Democrática de Alemania.

 

La caída del Muro de Berlín supuso el inicio de una nueva fase en la historia de Alemania, de Europa y del mundo, el comienzo de un período incierto pero esperanzador. Nuestro objetivo es analizar brevemente el significado de aquellos sucesos y hacer balance de su trascendental impacto en el orden internacional, de las consecuencias que generó y que llegan hasta nuestros días”.

 

Con esta última conferencia sobre la historia contada por los especialistas en esta materia que ocupó las primeras noticias desde su construcción y luego la caída y, aún ocupa durante el siglo XXI el interés, tanto histórico como documental, de un proceso que dividió a Europa y al mundo. Durante cinco días estas jornadas han despertado el máximo interés por la información contenida en cada una de las ponencias expuestas por los profesores que hemos tenido la suerte y oportunidad de escuchar en la VIII Edición del Curso de Historia de las Relaciones Internacionales celebradas en la Casa Museo León y Castillo de Telde Centro de Estudios de Historia Contemporánea. El agradecimiento al director y coordinador del Curso Profesor Javier Ponce Marrero de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, a la Casa Museo León y Castillo, y a todos los que han hecho posible la realización de este ciclo de Historia Contemporánea. Muchas gracias. 

 

Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

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