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Sábado, 17 de Enero de 2026

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Iván Arencibia y la obra, en su taller de Valleseco (Foto Arcadio Suárez-C7) Iván Arencibia y la obra, en su taller de Valleseco (Foto Arcadio Suárez-C7)

El restaurador Iván Arencibia cura las heridas de la escultura de San Pedro Mártir de Telde

La obra de Luján Pérez presenta repintes puntuales, grietas y zonas despintadas

cojeda Domingo, 12 de Octubre de 2014 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD
Telde.- Presenta un corte brutal en la cabeza producto de un hachazo. Y justo a la altura del corazón un agujero le hace hueco a un puñal de plata. Pero no, estas no son las heridas que Iván Arencibia le está curando al San Pedro Mártir de San Juan. Son las marcas de su martirio. Las heridas que sana Arencibia son de otro tipo.
 
Grietas, zonas despintadas producto del roce, mucha suciedad y repintes puntuales conforman el diagnóstico al que se tendrá que enfrentar este joven conservador-restaurador de bienes culturales. Solo, en la intimidad de su taller en Valleseco, Iván no levanta la cabeza de la talla, otra genialidad del más grande de los imagineros canarios, José Luján Pérez. Hoy le ha tocado sacarle brillo a uno de los pies del santo. Lo limpia, milímetro a milímetro, con la paciencia de un monje y la precisión de un cirujano. Se sirve de un hisopo al que no cesa de cambiarle la cabecilla, que es de algodón. Y se hace iluminar con un foco de luz blanca para percibir bien el cromatismo de esta pieza de 1795, según se detalla en un reportaje de Gaumet Florido publicado por Canarias7.
 
Le quedan por delante varios meses de ardua labor. La Consejería de Patrimonio Histórico del Cabildo, cuya coordinación recae en Larry Álvarez, le encargó la restauración de este San Pedro Mártir de Verona por 8.370 euros. Pertenece a la iglesia de San Juan, donde tiene reservado un emplazamiento privilegiado, en una de las tres hornacinas del Altar Mayor. Allí volverá cuando Arencibia le devuelva más o menos el aspecto que siempre tuvo, aunque sin perder esa pátina de envejecimiento propia de una escultura de más de 200 años.
 
Estudio estratigráfico
El restaurador no altera la obra, solo evita que se degrade. Por eso tampoco mandará fabricar la parte del puñal que falta, que es de 1910. Iván está ahora volcado en la limpieza física de la imagen, pero para llegar hasta aquí tuvo que someter a su particular paciente a un exhaustivo análisis previo, un estudio estratigráfico, para el que tomó dos muestras de la superficie pintada, una de la de blanco y otra de la de negro, y las remitió al laboratorio del químico del Museo Thyseen, Andrés Sánchez, y otro estudio mediante rayos X, que le permitió conocer la constitución de la pieza.
 
Luego consolidó las zonas a punto de perder la pintura. Usó cola orgánica con cartílago de conejo para asir la capa pictórica a punto de desprenderse. Y después vino la realización del test de solubilidad, que es lo que le permite hallar la mezcla adecuada de disolventes con los que ahora está limpiando a San Pedro.
 
El resultado, dentro de tres meses; pero Iván ya adelanta que recuperará el color blanco del hábito dominico que ahora parece gris por la suciedad incrustada o el amarillo del pan de oro de la serie de dibujos que adornan los bordes del traje, hoy rojo, y que desaparecerán las grietas.
 
Obra de 1795, diseño de Luján Pérez
Entre las curiosidades que presenta esta pieza está una inscripción bajo la peana. Dice así: «Se hizo en esta ciudad de Canaria Dn José Pérez y la pintó Dn Manuel Antonio de la Cruz. Año de 1795». Ya Pedro Hernández Benítez, que fue párroco de San Juan y cronista de Telde, la mencionó en el libro que publicó en 1958 sobre la historia y el patrimonio del municipio. Pero ni entonces ni después se despejó la incógnita de si esa inscripción es coetánea a la escultura o posterior. En esa tarea andan ahora grafólogos y otros expertos.
 
Esa referencia formará parte del trabajo final que se entregará al Cabildo, una intervención multidisciplinar en la que también se cuenta con la investigación de una historiadora, Auxiliadora García, que, por los primeros datos recabados, sabe que la talla fue creada para la sede del Tribunal de la Inquisición de la capital, en Vegueta, y que acabó en la ermita San Pedro Mártir, en Telde, hoy sin uso, tras la desamortización de Mendizábal
 
Trabajo de precisión
La conservación restauración de una talla no puede hacerla cualquiera. Requiere técnicas de precisión para las que solo están capacitados los que tienen esa titulación. Hay que conocer bien materiales y técnicas. Por ejemplo, la cura de las grietas. Iván explica que recurrirá a madera de balsa para rellenar el hueco, las estucará con cola orgánica y después procederá a la reintegración pictórica mediante la técnica del puntillismo o la de rigatino, para que se diferencie bien de la original.
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