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Domingo, 08 de Febrero de 2026

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Calle La Novela (Foto Luis A. López Sosa) Calle La Novela (Foto Luis A. López Sosa)

Jinámar lee La Novela por sus calles

Este género literario es recordado en una vía del Tablero del Conde

Cristina Domingo, 23 de Febrero de 2014 Tiempo de lectura:

En nuestro paseo tempranero de hoy, nos hemos ido al Valle de Jinámar, donde vamos en busca de la calle la Novela, cuyo origen lo encontramos en la calle Julio Caro Baroja desde donde, con un trazado de Naciente-Poniente y, tras recorrer unos 100 metros lineales, aproximadamente, finaliza en un lugar sin salida o fondo de saco.
 
Tiene paralela al Sur la calle Fuente del Sao y al Norte la calle Fernando Sagaseta.
 
Esta nominación, fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el día 29 de enero de 1996, figurando desde entonces, en el Callejero del Distrito 3º, Sección 18ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.
 
Es ésta una urbanización reciente, de una veintena de años, aproximadamente y, el uso de la misma es eminentemente residencial, encontrándonos en la mayoría de las parcelas edificios destinados a viviendas, aunque existe un sector al Naciente que está destinado a la construcción de naves industriales exclusivamente.
 
Es la zona denominada dentro del Valle de Jinámar, como Tablero del Conde, que es un promontorio en la zona sur de la urbanización que se asoma al Cortijo de San Ignacio.
 
Sinopsis de la nominación
La novela es una obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores. Con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, así como de caracteres, pasiones y costumbres. La vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española de la RAE la define de manera más general como una "obra literaria narrativa de cierta extensión" y como un "género literario narrativo que, con precedente en la Antigüedad grecolatina, se desarrolla a partir de la Edad Moderna".
 
La novela se distingue por su carácter abierto y su capacidad para contener elementos diversos en un relato complejo. Este carácter abierto ofrece al autor una gran libertad para integrar personajes, introducir historias cruzadas o subordinadas unas a otras, presentar hechos en un orden distinto a aquel en el que se produjeron o incluir en el relato textos de distinta naturaleza: cartas, documentos administrativos, leyendas, poemas, etc. Todo ello da a la novela mayor complejidad que la que presentan los demás subgéneros narrativos
 
Las novelas tienen, generalmente, entre 60,000 y 200,000 palabras, o de 300 a 1.300 páginas o más.
 
Aquí radica la diferencia con el cuento y el relato. Existe una zona difusa entre cuento y novela que no es posible separar en forma tajante. A veces se utiliza el término nouvelle o novela corta para designar los textos que parecen demasiado cortos para ser novela y demasiado largos para ser cuento; pero esto no significa que haya un tercer género (por el contrario, duplicaría el problema porque entonces habría dos límites para definir en lugar de uno).
 
Hay otras diferencias entre novela y cuento: la novela aparece como una trama más complicada o intensa, con mayor número de personajes que además están más sólidamente trazados, ambientes descritos pormenorizadamente, etcétera. Es de ficción, lo que la hace diferente de otros géneros en prosa como la historia o el ensayo. En prosa, lo que la separa de los relatos ficticios extensos en forma rimada. No obstante, Eugenio Oneguin, de Aleksandr Pushkin, se considera una novela, aunque está en verso
 
La novela es el reino de la libertad de contenido y de forma. Es un género proteico que presenta a lo largo de la historia múltiples formas y puntos de vista.
 
Toponimia del lugar
La toponimia que da origen al barrio de Jinámar, se define como la del nombre de un poblado aborigen prehispánico, sin que se sepa cual puede ser su traducción, y en todo momento, esos inicios le asocian con el de una aldea de pacíficos artesanos que al parecer se denominaba La Ollería, y en la que tropas de Juan Rejón ocasionó una gran masacre entre la población de mujeres, niños y ancianos. Ese lugar al parecer hoy se recuerda con la denominación de un vial como La Matanza.
 
Durante mucho tiempo Jinámar fue el primer núcleo poblado del municipio de Telde, que se encontraba cuando transitabas por la Camino Real al Sur en el siglo XVIII, posteriormente la Carretera al Sur durante el siglo XIX y en siglo XX la Carretera C-812 y que todas durante sus diferentes denominaciones condujeron y conducen hasta el Puerto de Mogán.
 
Entre San Cristóbal y Jinámar, no encontrabas ningún tipo de edificación, con lo cual al llegar a Jinámar, la parada era obligada para dar agua a las bestias que tiraban de los carros, poner agua a los viejos motores de los transportes públicos o estirar las piernas, ya que, estos viajes solían durar algo más de medio día en algunos casos.
 
No obstante, el Valle de Jinámar, es una gran urbanización que se construye en la segunda mitad de la década de 1980, en lo que fuera la hermosa Finca de la Condesa, un lugar señero en los procesos agrícolas que ha vivido el municipio de Telde, durante varios siglos, y que experimentaba una gran frondosidad y fertilidad, debido al mimo que en ella pusiera el Sr. Conde de la Vega Grande y Guadalupe, al dotarla de los sistemas de riegos y edificaciones anexas al emporio agrícola que rodeaba su gran mansión.
 
Han sido incompresibles o cuando menos disparatadas, las intervenciones que en nuestro municipio ha tenido el Gobierno Español en connivencia con los propietarios de ciertos lugares en los que la productividad agrícola era vital y sin embargo se dejaron de cultivar para proceder a la urbanización de los mismos, cuando en verdad existían terrenos colindantes con peores condiciones agrícolas que aquellos, ya sean en el Valle de Jinámar, en Las Remudas, o en la zona de La Estrella, para el caso da lo mismo, el crimen ecológico fue de la misma magnitud.
 
Hoy lo que queda de parte de aquella hermosa finca, es un número indeterminado de calles y edificaciones sociales donde se hacina una importante población del municipio y otros venidos de fuera.
 
Todo, absolutamente todo perece al paso inexorable del tiempo, a la consideración dispar de las distintas generaciones, a esa importancia que se resta a la trascendencia y a la herencia cultural que en aras de Patrimonio Histórico, Cultural o Medio Ambiental nos han legado las generaciones que nos han antecedido y ello, sólo nos lleva a la ignorancia y al desconocimiento de anteriores experiencias en las cuales bien pudiéramos educarnos para evitar la repetición de errores y pérdidas innecesarias de tiempo.
 
Pudiéramos aprender de esas vivencias lo que es más puro, algo que encasillamos como la cultura popular y los valores humanos, tal vez, por creernos más inteligentes que aquellos que ya no están, como si nosotros fuéramos a estar siempre, aunque en verdad la sabiduría de muchos dependa de un ordenador y el bienestar de la electricidad, sin esos elementos fríos y volubles, muchos se morirían de hambre ante la realidad, ya que, su futuro sería claramente insostenible.
 
Efemérides
Un día tal como hoy, hace ahora mismo 479 años, es decir el 23 de febrero de 1535, el entonces gobernador civil Don Agustín de Zurbarán, inicia un proceso de modernización de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, a la que dotó de edificios públicos, plazas y fuentes, tales como los edificios de las Casas Consistoriales, Carnicería y un pilar público que se instaló en el centro de la Plaza de Santa Ana, el cual fue conocido con el nombre de “Pilar Nuevo”. Pasando el tiempo y debido a otras necesidades urbanísticas, el mismo sería trasladado detrás de la Catedral de Las Palmas.
 
La Plaza del Pilar Nuevo es tal vez la plaza más auténtica y castiza del barrio de Vegueta, con su pavimento empedrado, sus casas bajas de arquitectura típica canaria y balcones de madera, su fuente de piedra. Se llama así porque en este lugar se levantó un pilar de cantería para el suministro de agua a la población en el siglo XVIII. También aquí se erigió la primera Catedral de Santa Ana, a finales del siglo XV (que luego se conoció como Iglesia Vieja), y a finales del XVIII la fachada posterior de la actual Catedral. Junto a ella se emplaza el monumento al compositor Néstor Álamo.
 
En la plaza del Pilar Nuevo se encuentra también uno de los edificios más destacables de Las Palmas: la Casa Colón, un museo en el que se puede conocer la historia de Canarias y sus relaciones con América. Esta plaza constituye un espacio singular en el barrio, por la arquitectura de los edificios que la rodean, de diferentes épocas y estilos, entre ellos, la fachada trasera de la catedral y una de las portadas de la Casa de Colón, elaborada en piedra verde. Te puedes perder por las estrechas calles de Vegueta, paseando por callejones como el pasaje Pedro de Algaba y el de La Audiencia, hasta alcanzar la calle Montesdeoca.
 
Sucedió también que un día tal como hoy, hace ahora mismo 107 años, es decir el 23 de febrero de 1907, nace en Buenos Aires (Argentina), Roberto Eugenio Cerro conocido como "Cherro", quien fue un futbolista argentino (delantero) de destacada trayectoria en Boca Juniors, es el segundo goleador de la historia del equipo luego de Martín Palermo. Además ganó 5 títulos. Ídolo eterno del club de la Ribera. Apodado "Cabecita de oro". Su sobrenombre proviene de su capacidad para el juego aéreo. Goleador, muy hábil y veloz, a pesar de su gran físico. Los medios periodísticos de su época, lo describían como "el virtuoso malabarista del fútbol". Fue el máximo goleador de Boca Juniors hasta el 12 de abril de 2010, superado por ahora por Martín Palermo.
 
Se decía que era rápido mentalmente para resolver las jugadas. Muy querido en Boca y convertido en ídolo por los simpatizantes. Su verdadero apellido era Cerro, pero por su ascendencia italiana se pronunciaba Cherro, y así quedo en la historia del fútbol. Surgido en la época amateur, iniciado en Sportivo Barracas, pasó por Ferro Carril Oeste para instalarse en 1926 en Boca, hasta que dejo la actividad en 1938. Fue goleador de la liga argentina en 3 ocasiones: 1926 (22 tantos), 1928 (32 tantos) y 1930 (37 tantos). Su capacidad pronto lo llevó a la Selección, en la que jugó 16 partidos convirtiendo 12 goles (promedio 0,75).
 
Fue clave con sus goles y su juego en el equipo olímpico que obtuvo la medalla de plata en Ámsterdam 1928. Precisamente, por una lesión en la semifinal no pudo integrar el equipo que perdió 2 a 1 en la definición con los uruguayos. También integró el plantel en el primer Mundial, realizado en Montevideo en 1930. Jugó el primer cotejo, que ganó Argentina ante Francia por 1 a 0 (gol de Luis Monti). Varias veces campeón con Boca, sobresalió entre muchos grandes jugadores. Al dejar el fútbol activo, se dedicó a comentarlo por radio en numerosos programas, y hasta integró el equipo del recordado Fioravanti. Falleció en Buenos Aires el día 13 de Octubre de 1967.
 
Contemplamos el Valle de Jinámar, desde el Tablero del Conde y en la medida que vamos bajando en dirección a la Casa de la Condesa, atravesamos el Parque de las Mil Palmeras, tratando a nuestro paso de no dejarnos sorprender por detalles que nos hablando del mal uso ciudadano del mismo y el propio abandono por parte de las autoridades. Posiblemente estemos viviendo la novela que no hemos podido escribir, porque no cabe la menor duda es que no vamos a escribir sobre lo que si vemos y hemos podido vivir.
 
Escribir extensamente sobre estos detalles y las circunstancias que lo conforman puede ser un pobre intento de hacer una novela, que quedará en todo caso, bajo la crítica de la propia vida, dado que de ser considerada como buena tendríamos que referirnos a contar la verdad sobre las víctimas de los hechos, pero que si alguien la califica de mala novela, tendríamos que referirnos a la verdad sobre los autores de la situación.
 
Lo lamentable, por desgracia o por falta de honestidad, en este país latino, son las acciones que se emprenden desde la administración dedicadas a “lo público”, las cuales suelen ser ficticias o cuando menos unas cortinas de humo, encubridoras de otras tanta irregularidades o conveniencias encubiertas para el beneficio de terceros y, aquí cabría la máxima de que la mejor consideración de la “novela de nuestra vida”, es que aquellos que la escriben desde la administración, no sepan nunca más que los ciudadanos a los que van dirigidas las acciones. Hemos sido, somos y seguiríamos siendo estafados.
 
La novela es un intento de exploración en el corazón humano a partir de una idea, que es casi siempre la misma, contada con diferente entorno y a capricho del escritor. Por eso mismo nos quieren vender la moto, cuando crean espacios como este Parque por el que ahora paseo y no preveen los medios para sus sostenimiento, dejándolo abandonado en manos del tiempo, para su propia autodestrucción.
 
Esto no deja de ser un delito, ya que, va directamente contra la conveniencia ciudadana de conservar los intereses comunes y la correcta inversión en ellos. Hacer un parque y luego abandonarlo es una inversión nefasta, si no una justificación para recibir a cambio coimas o sobornos. Últimamente “regalitos” o “sobre-sueldos”. Por eso mismo, en estas actuales circunstancias, la novela se nos antoja policial y el estilo de la misma se va transformando en costumbrismo.
 
Hay quien afirma que: “Las grandes novelas son purificadoras porque en ellas se libera el ánimo de la ilusión de cada felicidad individual”. Pero se nos antoja que ésta se convierte en una trama de intrigas, mentiras y situaciones dolosas contra “lo público” y la propia constitución, de tal magnitud, que si cualquier persona supiera narrar este actualidad, sería capaz de escribir una de las más grandes novelas que jamás se hayan escrito.
 
Hemos llegado a los jardines de la Casa de la Condesa y contemplamos las plantas medio secas, un fiel reflejo del abandono al que son sometidos estos espacios de dominio público, que lejos de dárseles un uso cultural y/o turístico, se deja a merced de los vándalos urbanos que violan sus puertas y destrozan todo lo que encuentren en su interior, con total tranquilidad, como si estuvieran aforados ante la ley por dichas fechorías. La ausencia del Servicio de Vigilancia de otra época, ahora es notoria, debido como otras tantas cosas a la falta de pago de las facturas que, por la prestación de dichos servicios, se contemplan en el contrato suscrito al efecto con la empresa de marras, pero que en ningún caso es disculpa para eludir la responsabilidad a la que están obligados los administradores, judicialmente al menos y en teoría es así.
 
Nadie debe ser juez en su propia casa, pero hay situaciones que son tan claras como las infracciones que las mismas representan, me explico, la omisión de estos Servicios de Vigilancia, lleva aparejado el abandono de las instalaciones en primer término (con el deterioro al Patrimonio Municipal) y luego la demanda de la empresa contratada por incumplimiento del contrato que se firmara en su día para tales prestaciones, con lo cual la administración será condenada al pago de dichas facturas, más los intereses de demora.
 
Y es que el juez bueno y fiel, prefiere lo justo a lo conveniente y, en este caso los administradores no tienen ninguna opción a su favor, salvo admitir la nefasta acción en el ejercicio de la administración de lo público, con lo cual son culpables a todas luces, aunque lamentablemente sus desatinos los paga el erario público, es decir usted, yo y cualquier otro vecino que no somos culpables de ello, pero que somos responsables de haberles votado para que estén ahí cometiendo esas barbaries.
 
Un juez procede injustamente cuando sólo escucha a una de las partes, aun cuando decida en justicia. Mirarse el ombligo y creerse estar en posesión de la única verdad o razón sobre las cosas, además de un narcisismo desmesurado y enchido de prepotencia, debido a la realización de su santa voluntad por contar democráticamente con una mayoría de votos, aunque esta sea procedente de la suma de varias minorías, puede suponer la mayor de las ignorancias en el campo de la incompetencia. Los jueces son mejores al principio y se dañan a la medida que pasa el tiempo.
 
Deben recordar que su misión es “jus dicere”, y no “jus dare”: interpretar a ley, y no hacerla o dictarla, ya que, cuando se llega a saber con poder suficiente e incontestable, por lo general sus decisiones son todas reflejos dictatoriales que en muchos casos no llevan la razón. El deber de un juez es hacer justicia; su arte consiste en demorarla, pero habría de tenerse extremo cuidado para evitar caer en esa trampa legal de la prescripción de los delitos, la cual no deja de ser una argucia para evitar condenas claras.
 
Lo que nunca se debiera olvidar es que tenemos que hacer jueces con seres humanos y que, por el hecho de ser nombrados jueces, no disminuyen sus prejuicios ni aumenta su inteligencia. Es de carne y hueso, puede equivocarse en su decisión, la cual al ser dejada “vista para sentencia”, puede ser debidamente estudiada para evitar condenas o sobreseimientos injustos debido a una toma de decisión atropellada.
 
Otro caso bien distinto es el de aquellos que se erigen en jueces y partes, de los bienes de dominio público, de los cuales son meramente administradores y por los cuales debieran responder ante la justicia con su erario particular. El que quiere comer lapas que se moje el culo y el que no quiere quemarse que no juegue con el fuego.
 
La vida socio-política en el país, a todos los niveles, se ha convertido en una novela de intriga policial, cuyo final se adivina aún muy lejos, mientras no cambien las Leyes Democráticas y el Código Penal, si no me cree, encienda la tele y vea los noticieros nacionales, de igual forma es capaz usted de adivinar quien es el bueno y quien el malo de esta novela.
 
Nos echamos la gena a la espalda, guardando en ella todo lo positivo que podemos entresacar de esta crónica y, seguimos caminando hacia el Sureste vamos en busca de la calle La Nube, que se encuentra en el barrio de Melenara, donde iremos para conocer la toponimia de este lugar y saber algo más de este fenómeno natural, pero eso será en otra ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto…cuídense.
 
Sansofé.
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