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Domingo, 08 de Noviembre de 2026

Actualizada Domingo, 08 de Noviembre de 2026 a las 11:53:14 horas

Iconoclastia

Dato gana a relato

Reflexión de Cristóbal D. Peñate, periodista

CRISTOBAL PEÑATE CRISTOBAL PEÑATE Domingo, 08 de Noviembre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 08 de Noviembre de 2026 a las 11:58:07 horas

Una catástrofe (sea natural, accidental o planificada) no tumba gobiernos. Lo que tumba gobiernos es la gestión de las tragedias. Hay una forma de reaccionar que consiste en mentir a la población ante un gravísimo atentado mortal o en seguir sentado en un reservado de un restaurante mientras los paisanos se siguen muriendo ahogados, y otra manera bien distinta que radica en ponerse a trabajar y dar la cara desde el primer momento. Lo que tumba gobiernos no son las tragedias sino cómo se gestionan.


  Carlos Mazón era hace dos años el presidente de la Comunidad Valenciana cuando se produjo la letal Dana que acabó con la vida de 234 personas, más del doble que los ocasionados por los dos accidentes ferroviarios juntos ocurridos este año. A Mazón nadie lo culpó nunca del fenómeno natural que resultó mortal sino de cómo gestionó de mal la crisis al no alertar a su gente de lo que estaba ocurriendo. 


 Mazón no solo no dimitió en el acto sino que lo hizo en diferido (al estilo Cospedal con Bárcenas) más de un año después. De hecho sigue como diputado y por lo tanto aforado y con un buen sueldo público.


  Su partido, el PP, lo defendió a ultranza al mismo tiempo que su presidente Feijóo argumentaba que no debía dimitir sino quedarse como presidente de la comunidad para reconstruir lo destruido por el agua. "A Carlos Mazón le honra mantenerse al frente de la Generalitat para reconstruir Valencia", dijo Feijóo tras la Dana. 


  En Valencia numerosas manifestaciones en su contra pidieron durante meses su dimisión de manera infructuosa mientras sus compañeros de partido le aplaudían a rabiar en su Congreso Nacional. Ahí está la videoteca para comprobarlo.


Óscar Puente ha dimitido aunque eso no resuelva nada a las víctimas del accidente ferroviario de Urda. Tampoco resuelve nada a los españoles aunque es un gesto que muchos aplauden. Precisamente por lo inusual. 


  Ana Pastor, ministra de Fomento cuando ocurrió en 2013 el accidente del tren en Angrois, no solo no dimitió sino que su partido, el PP, la premió con la presidencia del Congreso de los Diputados. Hubo 80 y 145 heridos. M. Rajoy gobernaba en España y Feijóo era el presidente de Galicia.


Curiosamente otras dos Ana del Partido Popular también estuvieron envueltas en tragedias mortales.


  Ana Mato, ministra de Sanidad y esposa de un alcalde del PP condenado por corrupción (no se había enterado del Jaguar que tenía su esposo en el garaje), fue acusada de ser responsable de 4.000 muertes en 2014 por no permitir utilizar el fármaco Sovaldi contra la hepatitis C por su carestía.


  Ana Botella, esposa de José María Aznar, era la alcaldesa de Madrid cuando ocurrió en 2012 la tragedia del Madrid Arena, donde murieron cinco jóvenes en una avalancha ocasionada porque el recinto soportó un 50% más del aforo permitido. Tampoco dimitió por esto ni por nada.


  Horas después del accidente mortal Botella se marchó a un lujoso hotel spa de Portugal en viaje de placer con su esposo, el del trío de las Azores y el 11M con 192 muertos y 1.856 heridos en el atentado de los trenes de Atocha en Madrid. Tampoco hubo dimisión es, solo mentiras.


  Federico Trillo, de su mismo partido, era ministro de Defensa cuando ocurrió la tragedia del avión Yak-42 de 2003 en el que murieron 62 militares españoles y doce tripulantes ucranianos y bielorrusos en Turquía. Trillo no dimitió y su partido lo premió con la Embajada de España en Reino Unido a pesar de que el hombre no distinguía entre El Salvador y Honduras. 


   Durante la pandemia murieron en la Comunidad de Madrid 7.291 ancianos en las residencias de mayores porque no fueron trasladados convenientemente a los hospitales. A los hospitales solo se derivaron a los ancianos con seguro médico privado.


 La presidenta de la Comunidad de Madrid era y sigue siendo Isabel Díaz Ayuso. Obviamente no dimitió ni antes ni después.  Su consejero de Política Social denunció públicamente y en el juzgado que en la primera ola de la pandemia los protocolos de la vergüenza tuvieron un "carácter discriminatorio".


  Ayuso se rió cínicamente de las víctimas llamándolas "plataformas de frustrados" pero nunca tuvo la deferencia ni el valor de reunirse con ellas. Se mofó de más de siete mil familias de una manera miserable y despreciable. Se comportó tal cual es ella.


 El propio M. Rajoy fue vicepresidente del Gobierno con Aznar cuando ocurrió la catástrofe del Prestige en aguas gallegas, un accidente de un petrolero que fue muy mal gestionado, pero tampoco dimitió por ello. Manuel Fraga era presidente de la Xunta de Galicia. En ese momento era ministro de Medio Ambiente Jaume Matas, que posteriormente fue condenado por corrupción cuando fue presidente de Baleares. Lo mismo que pasó con el exministro y expresidente de la Comunidad Valenciana Eduardo Zapata.


  Francisco Camps era presidente de la Comunidad Valenciana cuando en 2006 descarrilaron dos vagones del metro de Valencia. Hubo 43 muertos y 47 heridos pero no dimitió.


 Francisco Álvarez Cascos era ministro de Fomento cuando en 2003 se produjo un choque de trenes en Chinchilla de Montearagón. Hubo 19 muertos y 50 heridos. Como en el accidente de Angrois, el Gobierno del PP culpó a dos trabajadores, en un caso al maquinista y en el otro al jefe de estación. No hubo dimisiones de los políticos al mando.  


  Feijóo no ha tenido ningún pudor en llamar "miserable" a Óscar Puente por apuntar al error humano, el mismo motivo que el PP argumentó en sus accidentes ferroviarios mortales. También le metió el dedo en el ojo al ministro porque no dimitía pero después de renunciar al cargo manifestó que es "una forma indignante de irse, es puro teatrillo". Hagas lo que hagas siempre te va a criticar. Es insaciable.


  Puente dimitió hace unos días tras su comparecencia en las Cortes. Ana Pastor y Álvarez Cascos no dimitieron nunca por los accidentes mortales de trenes que ocurrieron en sus etapas al frente del Ministerio de Fomento.


  A pesar de la trágica relación de terribles casos mortales ocurridos y relatados, en el PP no dimitió ningún responsable directo de las catástrofes. Al PP se le ha llenado la boca para pedir insistentemente la dimisión de Óscar Puente, que ya se ha producido, pero como parece que no es suficiente ahora sube el listón hasta el presidente del Gobierno. Unos dimiten y otros no.


  Esta semana se ha sabido que Okdiario pagó casi un cuarto de millón de euros a Koldo García a cambio de que este inculpara al presidente de España. Las facturas de la empresa de Eduardo Inda las tiene la Audiencia Nacional y han trascendido mediaticamente.


 Koldo aseguró ayer que el PP quiso comprarlo para que en el juicio incriminara a Pedro Sánchez. El PP ha estado dando validez a todas las declaraciones de Koldo cuando este señalaba al entorno del gobierno pero ahora dice que es un mentiroso cuando acusa al Partido Popular. No se puede ser más inmoral e indecente. 


  Y luego la derecha se pregunta por qué la izquierda se cree con superioridad moral para enfrentarse dialécticamente. A veces no son necesarias las opiniones sino simplemente remitirse a los hechos. No, no todos los políticos son iguales. Claro que no.

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