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Viernes, 06 de Noviembre de 2026

Actualizada Viernes, 06 de Noviembre de 2026 a las 21:25:01 horas

La maestra y música teldense abrió las fiestas patronales con un recorrido por sus vivencias

Mari Carmen Hernández convierte el pregón de San Gregorio en un canto a Telde y a sus raíces

La pregonera evocó su infancia, su estancia en Cabo Juby y una vida dedicada a la enseñanza, la música y la parroquia

TELDEACTUALIDAD/Telde TELDEACTUALIDAD/Telde Viernes, 06 de Noviembre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Viernes, 06 de Noviembre de 2026 a las 21:09:25 horas

La plaza de San Gregorio se convirtió este viernes en un escenario de recuerdos, vivencias familiares, música y sentimientos profundamente ligados a Telde. La maestra y música María del Carmen Hernández Domínguez, conocida como Maricarmen, fue la encargada de pronunciar el pregón de las fiestas en honor a San Gregorio Taumaturgo, copatrono de la ciudad, con una intervención de marcado carácter autobiográfico en la que repasó su infancia en Los Llanos de Jaraquemada, los años que pasó en Cabo Juby, su formación académica y una extensa dedicación a la enseñanza y a la vida musical y religiosa del municipio. TELDEACTUALIDAD avanza reportaje gráfico del acto.

 

Lejos de limitarse a una evocación de las celebraciones patronales, la pregonera construyó un relato personal sobre la Telde de su niñez, las personas que marcaron su educación y las experiencias que fueron configurando su vocación docente y artística. Su discurso incorporó anécdotas entrañables, recuerdos de antiguos vecinos y profesores, referencias a la historia local y una reivindicación expresa de la importancia de la música en la sociedad, especialmente de la Banda Municipal.

 

La lectura del pregón, programada para las 20.00 horas, constituyó el acto central de la apertura de las fiestas. La jornada había comenzado a las 19.00 horas con un pasacalles anunciador desde el parque Franchy Roca hasta la plaza de San Gregorio. El programa inaugural contemplaba, además, el tradicional izado de la bandera y la actuación musical de Heriberto Zerpa.

 

El orgullo de haber nacido en Telde

Ante una plaza repleta de público y autoridades, Hernández comenzó su intervención agradeciendo al alcalde, Juan Antonio Peña, y al concejal de Cultura, Juan Martel, la confianza depositada en ella para asumir la responsabilidad de pregonar las fiestas. Extendió su saludo a los representantes municipales, familiares, amistades, vecinos y personas llegadas de otros lugares, antes de manifestar la satisfacción que suponía para ella haber nacido en la ciudad.

 

La pregonera recurrió al lema histórico del escudo municipal, Fortunatarum Prima Civitas et Sedes, para expresar su orgullo de pertenencia a Telde, a la que describió como una ciudad acogedora y hermosa. A partir de ese reconocimiento, abrió las puertas de su memoria para regresar a la calle Gago Coutinho, donde transcurrieron sus primeros años de vida.

 

Recordó que nació «bajo las campanas», en un ambiente familiar en el que convivían la música, la religiosidad, el trabajo y la cercanía vecinal. Describió a sus padres como personas cariñosas, responsables, alegres y trabajadoras, y dedicó palabras de afecto a sus abuelos, tíos, primos y demás familiares.

 

Los Llanos de Jaraquemada ocuparon un lugar destacado en este primer tramo del pregón. Hernández evocó los juegos infantiles, las amistades y aquella convivencia de barrio en la que, según recordó, los vecinos actuaban unidos ante las dificultades. También quiso rescatar del olvido a personajes populares de la calle Gago Coutinho, como Herminita y Rita, vinculadas a la farmacia; Panchito Ruano, Candelarita, Agustinita y Carmelita, personas que permanecen asociadas en su memoria a la generosidad y a los pequeños gestos cotidianos.

 

Una niña inquieta y una familia marcada por la música

Entre sus primeros recuerdos situó el nacimiento de su hermana Pimpinela, un acontecimiento que describió como una jornada de gran movimiento familiar. También habló de su carácter infantil, de las dificultades que tenía para comer y de los intentos de su padre por convencerla de que probara los rebozados de pescado del bar de Carmelito, próximo al parque León y Joven, hoy Franchy Roca.

 

Sus primas la recuerdan, según relató, como una niña despierta, habladora y aficionada a imitar los sonidos de los animales. Ese carácter espontáneo quedó reflejado en una de las anécdotas que compartió con el público, protagonizada por un capitán general de Aviación que acudió a su domicilio cuando ella tenía cuatro años.

 

El militar conocía las habilidades profesionales de su padre, un hombre que dominaba distintos oficios, entre ellos la carpintería, la ebanistería y la relojería. También era violinista y había estudiado con Juan Gil, director de la Banda Municipal de Música de Telde en aquella época.

 

La visita tenía un propósito concreto: ofrecerle un trabajo como mecánico de aviones del Ejército en Cabo Juby, en la costa noroccidental africana. La propuesta incluía unas condiciones que garantizarían un trato adecuado a su familia, por lo que finalmente aceptaron trasladarse.

 

Cabo Juby, una infancia entre el desierto y los aviones

El viaje a Cabo Juby abrió una etapa completamente distinta en la vida de Maricarmen Hernández. La pregonera recordó que aquel territorio estuvo bajo administración española entre 1912 y 1958 y describió la amplitud de los espacios desérticos, las viviendas próximas al entorno del sultán y la presencia de poblaciones nómadas que se desplazaban buscando mejores condiciones de vida.

 

La familia se instaló en una vivienda de grandes dimensiones, próxima a la residencia del sultán, al que recordó como una persona amable y educada. En su relato aparecieron las jaimas, las telas que las cubrían, las pieles de camello y las dificultades de abastecimiento de agua, además del siroco, especialmente intenso durante determinados meses del año.

 

Su padre desempeñó allí trabajos relacionados con la mecánica aeronáutica, sin abandonar sus conocimientos como carpintero y ebanista. Mientras tanto, Maricarmen y su hermana comenzaron a acudir a la escuela de doña Estrella, una maestra de carácter enérgico cuyos gritos terminaron provocando el temor de ambas niñas.

 

La situación desembocó en una travesura infantil: decidieron dejar de asistir a clase y permanecer escondidas cerca de una mezquita hasta que sonaba la campana que anunciaba el final de la jornada escolar. El engaño fue descubierto cuando una persona del lugar advirtió al padre de que sus hijas pasaban las mañanas sentadas en las inmediaciones. Tras conocer las razones de su miedo, la familia decidió que su madre se encargaría de enseñarles en casa.

 

Los zorros, los Reyes Magos y un camello desbocado

La vida en Cabo Juby dejó numerosas escenas que la pregonera recuperó con especial detalle. Una de ellas fue la presencia nocturna de zorros del desierto que acudían atraídos por el gallinero familiar y arañaban la puerta de la vivienda. Los ruidos asustaban a las dos hermanas, mientras su padre intentaba ahuyentar a los animales golpeando la puerta desde el interior.

 

Mucho más agradables resultaban las celebraciones de Reyes. Hernández recordó cómo miembros del Ejército se disfrazaban de Melchor, Gaspar y Baltasar, acompañados de sus pajes y camellos, para llevar regalos a los niños. La llegada de la comitiva se anunciaba con tambores y se desarrollaba en un ambiente festivo que permaneció grabado en su memoria.

 

En una de aquellas celebraciones, el rey Melchor le preguntó por qué no quería comer. La pequeña respondió que sí lo hacía y recibió su regalo, mientras su hermana intervino para animarla a probar los dulces. La pregonera reconoció con humor que los padres estaban compinchados con los Reyes Magos para intentar corregir sus hábitos alimenticios.

 

Otra de las anécdotas estuvo protagonizada por su madre, que regresaba de comprar víveres cuando un camello comenzó a correr detrás de ella. El animal fue detenido antes de alcanzarla y, según la explicación que posteriormente recibió la familia, se había sentido atraído por el abrigo verde que llevaba puesto, al confundirlo con vegetación.

 

La pregonera también relató su sorpresa al comprobar que la población local celebraba la festividad de San Fernando III el Santo. Describió aquellas reuniones como encuentros con alfombras, jaimas, comida tradicional, té moruno, tambores y bailes, en los que participaban como invitados los militares y civiles españoles destinados en la zona.

 

El regreso a casa y las dificultades para estudiar

Durante aquellos años, su madre, su hermana y ella pasaban aproximadamente nueve meses en Cabo Juby y tres en Telde. Esta circunstancia complicaba la escolarización, porque no podían incorporarse con normalidad al comienzo de los cursos académicos.

 

Hernández recordó entonces la ayuda de varias mujeres que resultaron decisivas para su formación. Entre ellas mencionó a Leonor Estévez, familiar de su padre y maestra de una escuela pública, que se ofreció a impartirles clases después de su jornada laboral. Posteriormente pudieron acudir a la escuela particular de Chanita Ruiz, gracias a las gestiones de su tía Lola.

 

La situación económica familiar era limitada y no siempre disponía del material necesario para estudiar. La pregonera compartió una de las experiencias más reveladoras de aquella etapa: cuando veía que una compañera tiraba cuadernos apenas utilizados, los recogía discretamente, los llevaba a casa, borraba las páginas escritas y los planchaba para poder reutilizarlos.

 

Al descubrir lo que ocurría, Chanita Ruiz le regaló numerosas libretas para que pudiera continuar sus estudios sin aquellas dificultades. Hernández recordó el gesto como una muestra de generosidad que nunca olvidó.

 

A los nueve años regresó definitivamente a Telde con su madre y su hermana, aunque su padre permaneció todavía un año trabajando en Cabo Juby. A esa edad hizo la Primera Comunión con Santiago Pérez Mesa, iniciando una vinculación con la parroquia de San Gregorio que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes ejes de su vida.

 

El descubrimiento de una vocación musical

La relación de Maricarmen Hernández con la iglesia de San Gregorio comenzó con la catequesis y la colaboración en las tareas parroquiales. Acudía los miércoles y participaba en la limpieza del templo, hasta que una tarde decidió comunicar al sacerdote Antonio Santamaría que sabía tocar el piano.

 

El religioso, sorprendido por aquella afirmación, le facilitó el acceso al coro, donde se encontraba un armonio. La niña intentó tocarlo sin conseguir que sonara, hasta que su hermana le indicó que debía accionar los pedales que proporcionaban aire al instrumento.

 

Una vez resuelto el problema, comenzó a interpretar el Pange Lingua. Antonio Santamaría, que había seguido la escena desde el altar, decidió que aquella misma noche participaría musicalmente en la celebración de un jueves eucarístico.

 

La pregonera situó este episodio cuando tenía aproximadamente diez años y explicó que, desde entonces, no ha dejado de tocar en la parroquia de San Gregorio. Su actividad musical se extendió posteriormente a numerosos templos de Gran Canaria.

 

Entre las experiencias que recordó figuran los 18 años de participación musical en la eucaristía de los niños de la basílica de Nuestra Señora del Pino, en Teror, y unos doce años de colaboración con el coro de Nuestra Señora del Rosario, en Vegueta, dirigido por Pepita Suárez Verona.

 

También hizo referencia a su coral interparroquial, que ensaya en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima de El Calero, y a los tres años en los que intervino en la función principal de la Virgen del Pino, acompañando musicalmente una celebración en la que su hija cantaba el salmo.

 

Una defensa de la música y de la Banda Municipal

La pregonera dedicó una parte significativa de su intervención a explicar el valor de la música como elemento de bienestar personal, expresión emocional y convivencia. Apoyándose en referencias culturales y en sus propias experiencias, defendió que la práctica musical puede ayudar a aliviar las preocupaciones y mejorar el estado de ánimo.

 

En ese contexto introdujo una de las reivindicaciones más concretas del pregón: la necesidad de convocar nuevas plazas para la Banda Municipal de Música de Telde, una institución cuya antigüedad destacó recordando la existencia de registros documentales desde 1886.

 

La petición estuvo vinculada a su propia historia familiar, marcada por la condición de violinista de su padre, y a una vida entera relacionada con la interpretación, la enseñanza musical y las celebraciones religiosas.

 

De tocar de oído a estudiar en el Conservatorio

Hernández regresó después a su adolescencia para relatar otro momento determinante. A los quince años interpretó una misa de Perosi y el Panis Angelicus, de César Franck, acompañada por músicos de la Filarmónica de Gran Canaria que participaban en una función religiosa de San Gregorio.

 

Los instrumentistas se sorprendieron al saber que aquella joven era capaz de tocar con ellos sin haber recibido todavía una formación musical oficial. El párroco José Díaz Alemán respaldó sus capacidades y, una vez terminada la celebración, el músico Manuel Moreno insistió en que debía iniciar estudios especializados.

 

Aquella recomendación la llevó al colegio María Auxiliadora, donde comenzó su formación con sor Flora y sor Pilar Rivero. Posteriormente cursó estudios en el Conservatorio Superior de Canarias, donde obtuvo el título de Lenguaje Musical, con formación en solfeo, teoría de la música, transposición, acompañamiento y armonía. También estudió violín durante seis años en la Escuela de Música de Telde.

 

La música, sin embargo, no quedó limitada a los estudios. A los diecisiete años organizó un espectáculo de variedades en el club parroquial de San Gregorio, con teatro y canciones populares, para recaudar fondos destinados a Cáritas. Repitió una experiencia similar en El Calero, esta vez con el objetivo de contribuir a la finalización de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima.

 

Una juventud entre el trabajo, las aulas y los escenarios

La pregonera describió su juventud como una etapa de actividad constante. Además de cantar en bodas, misas y funerales por distintos puntos de Gran Canaria, realizó trabajos de costura y desempeñó tareas en una casa de automóviles Renault para obtener ingresos que le permitieran continuar estudiando.

 

También trabajó como correctora de Radio ECCA y completó sus estudios de Magisterio en Las Palmas de Gran Canaria. Su formación no terminó ahí, pues continuó preparándose para las oposiciones al cuerpo de maestros del Gobierno de Canarias y cursó cuatro años de Teología Básica en el Seminario Diocesano de Tafira.

 

La enseñanza se convirtió en su principal profesión, aunque nunca abandonó la música. Hernández explicó que procuraba incorporar actividades artísticas a su trabajo docente, convencida de que el canto y la interpretación instrumental favorecían la participación y la convivencia del alumnado.

 

Los coros escolares y los premios que marcaron su carrera

Entre los recuerdos profesionales más destacados mencionó su etapa en el colegio público León y Castillo, donde organizaba semanas culturales con alumnado que tocaba la flauta y participaba en coros. En una de aquellas actividades interpretó Sombras del Nublo y María de las Mercedes, acompañada al piano por el músico José Jiménez.

 

Con uno de los coros escolares participó en un concurso de villancicos celebrado en el teatro Víctor Jara de Santa Lucía de Tirajana, en el que competían más de diez centros de Gran Canaria. El grupo obtuvo el primer premio, dotado con 100.000 pesetas, un resultado que recordó con especial satisfacción.

 

También evocó su experiencia en el colegio María Auxiliadora, donde formó un coro de niñas de siete años que consiguió el primer premio en otro certamen celebrado en el teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria. En aquella ocasión interpretaron una composición basada en el Arrorró, con una letra creada por ella.

 

A estos éxitos añadió un segundo premio obtenido con un coro del colegio público San José de Las Longueras. Todos estos recuerdos sirvieron para ilustrar una manera de entender la docencia en la que las actividades musicales no eran un complemento ocasional, sino una herramienta educativa.

 

Una experiencia inolvidable en la casa de Federico García Lorca

Otro de los pasajes personales del pregón estuvo dedicado a una visita a Granada, donde residía temporalmente su hija por motivos universitarios. Durante aquella estancia acudió al museo y los jardines vinculados a Federico García Lorca y tuvo la oportunidad de conocer algunas dependencias relacionadas con la vida del poeta.

 

La pregonera relató que, durante el recorrido, descubrió un piano y fue invitada a interpretarlo. Eligió una pieza profundamente vinculada a Canarias, Sombras del Nublo, y comenzó a tocar y cantar ante las personas que visitaban el recinto.

 

Según recordó, la interpretación provocó una reacción especialmente emotiva entre los asistentes, algunos de los cuales terminaron llorando. Hernández definió aquel momento como una experiencia única, que conserva entre los recuerdos más intensos de su vida artística.

 

Cinco centros educativos de Telde

En el repaso a su carrera profesional, Maricarmen Hernández explicó que siempre procuró adaptar la enseñanza a las necesidades individuales del alumnado y fomentar su participación mediante actividades compartidas. Aseguró que trabajar como maestra constituía para ella una satisfacción personal y recordó que en muchos centros organizaba coros durante los recreos.

 

Su actividad docente se desarrolló en cinco centros de Telde: San Antonio, María Auxiliadora, San José de Las Longueras, León y Castillo y el instituto Juan Pulido Castro. También trabajó fuera del municipio, en Llanos Prietos, Agüimes.

 

Al hacer balance de su experiencia, resumió su vida desde los nueve años como una sucesión de jornadas dedicadas al trabajo y al estudio, dos actividades que, junto con la música, marcaron su identidad personal y profesional.

 

La historia y la devoción a San Gregorio Taumaturgo

Tras recorrer su biografía, la pregonera centró su atención en la figura del santo que da nombre a las fiestas. Explicó que San Gregorio Taumaturgo nació alrededor del año 212 en Neocesarea del Ponto, en el territorio de la actual Turquía, y que su vida estuvo vinculada a la formación religiosa y a la expansión del cristianismo.

 

Hernández recordó su etapa de aprendizaje con Orígenes, su conversión al cristianismo y su posterior nombramiento como obispo de su ciudad natal. También aludió a los relatos tradicionales que describen su dedicación a los más necesitados y los acontecimientos milagrosos asociados a su figura.

 

Entre las historias que compartió figuró la tradición que relaciona el 17 de noviembre, fecha de su festividad, con los diecisiete fieles que, según el relato religioso, permanecían sin bautizar al final de su vida. La pregonera evocó asimismo las actividades con las que el santo habría procurado acercar a los jóvenes a la Iglesia.

 

En su aproximación a la devoción local, situó los antecedentes de las fiestas de San Gregorio en Telde en el siglo XVII, concretamente en 1647, y destacó el protagonismo histórico de los vecinos de Los Llanos y de los marineros en la consolidación de las celebraciones.

 

También recordó que la imagen del santo venerada en la parroquia es obra del imaginero grancanario José Luján Pérez, natural de Santa María de Guía, y mencionó los antecedentes del templo en una antigua ermita del siglo XVI.

 

Una compositora vinculada al patrono

Uno de los datos personales más significativos llegó cuando Hernández recordó su aportación al patrimonio musical religioso. La pregonera señaló que es autora tanto de la letra como de la música del himno a San Gregorio Taumaturgo, una composición que constituye una expresión directa de su devoción al copatrono de Telde.

 

Añadió que también compuso la letra y la música del himno a Santa Lucía de Tirajana, obra que, según explicó, tiene registrada en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).

 

La referencia a estas composiciones permitió enlazar su extensa dedicación musical con las tradiciones religiosas y culturales de los municipios grancanarios, especialmente con las de Telde, donde ha desarrollado buena parte de su actividad.

 

Una mirada a los 675 años de historia de la ciudad

El discurso avanzó después hacia la historia de Telde, coincidiendo con el aniversario que la pregonera vinculó al 7 de noviembre de 1351, fecha que situó como referencia de la constitución de la ciudad y que este sábado cumple 675 años.

 

Hernández evocó la bula pontificia Coelestis Rex Regum, promulgada por Clemente VI, y el reconocimiento eclesiástico de Telde en el siglo XIV. A partir de esa referencia, repasó el desarrollo posterior de los barrios históricos de San Juan, San Francisco y Los Llanos de Jaraquemada, vinculando el crecimiento urbano con la presencia de artesanos, religiosos y distintos grupos de población.

 

La pregonera también hizo un recorrido por algunos de los espacios patrimoniales más destacados del municipio, como La Restinga, Tufia y el conjunto arqueológico de Cuatro Puertas, subrayando el valor de los vestigios que permiten conocer la vida de los antiguos pobladores de Gran Canaria.

 

Su intervención incluyó una reflexión sobre el crecimiento económico, cultural y comercial de Telde y la importancia de sus barrios y distritos. Antes de cerrar este apartado, reconoció expresamente la labor del cronista oficial Antonio María González Padrón, al que consideró la persona más indicada para profundizar en la historia de la ciudad.

 

Una invitación a disfrutar de las fiestas

En la recta final, Maricarmen Hernández invitó a los vecinos y visitantes a participar en las celebraciones de San Gregorio, disfrutar de las calles peatonales y aprovechar las propuestas culturales, gastronómicas y de ocio que ofrece el municipio durante estas fechas.

 

También dedicó unas palabras de reconocimiento a los sacerdotes que han pasado por la parroquia de San Gregorio y recordó especialmente a los padres carmelitas, por su contribución a la vida religiosa de la comunidad. Señaló que fueron ellos quienes la nombraron maestra de capilla, una responsabilidad que representa otra de las facetas de su prolongada relación con el templo.

 

Un cierre musical dedicado al santo y a las familias teldenses

La pregonera reservó para el final una expresión musical de su devoción al copatrono. Anunció la interpretación de unas malagueñas dedicadas a San Gregorio, con letra de su autoría, en las que pidió su intercesión por las familias de Telde, la paz y las personas presentes.

 

El texto incorporó también una petición especialmente ligada a las preocupaciones cotidianas de la población: que llegara la lluvia de forma suave y beneficiosa, sin causar daños.

 

Con esa composición y una última exaltación de San Gregorio Taumaturgo, de Gran Canaria y de los teldenses, Maricarmen Hernández puso el broche a un pregón que convirtió su propia vida en un recorrido por la memoria colectiva de Los Llanos.

 

Su intervención dejó una semblanza de la ciudad construida desde los recuerdos familiares, las aulas, los coros, los templos y las personas anónimas que contribuyeron a su formación. Una evocación de Telde desde la experiencia de una mujer que ha dedicado buena parte de su vida a enseñar, estudiar, componer y mantener viva la música en las celebraciones religiosas y populares.

 

Galería de fotos de la pregonera, presentación del programa y actos festivos de esta noche

 

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