Lo más importante de la estela que deja las elecciones de medio mandato (conocidas así al renovar solo el poder legislativo) en Estados Unidos, es que impide que Donald Trump coquetee con la posibilidad (ilegal) de aspirar a un tercer periodo presidencial. No puede porque está prohibido constitucionalmente estar en el poder más de dos, pero aun así el ‘trumpismo’ lo ha deslizado de cuando en cuando como mecanismo de presión sobrevenido. Esta es, por tanto, la herencia más nítida que deja estos comicios: ponerle final (formal y material) al ‘trumpismo’. Ya no controla ni la Cámara de Representantes ni el Senado.
El partido republicano, por ende, obtiene la conclusión de que debe desligarse del populismo de Trump y retornar a lo que fue, si aspira a permanecer en la Casa Blanca con otro candidato. La guerra en Irán, a la que fue la Administración Trump empujada por Israel, ha causado problemas diversos en la s
ociedad y clase trabajadora estadounidense. Sin ir más lejos, sus efectos se notan también a este lado del Atlántico en cuanto al aumento desmesurado del precio de la gasolina. Llenar el tanque sale cada vez más caro.
El conflicto en Irán no se ha cerrado todavía. Esa espiral endiablada en la que está inmerso Trump fruto de los intereses de Benjamín Netanyahu cortoplacistas consistentes en alargar la guerra todo lo que se pueda con tal de evitar juicios sobre su persona, ha salpicado a la Casa Blanca. Los demócratas han vencido por goleada a los republicanos. También ha habido vuelco en feudos históricos donde los republicanos estaban acostumbrados a ganar tanto en las duras como en las maduras. Con un escenario de semejante calibre, la etapa Trump está periclitada.
Por consiguiente, lo bueno es que ya sabemos que los populismos tienen fin propio amén de las urnas. Se ha encarnado en la derrota en las urnas a tenor de las legislativas en Estados Unidos, democracia vetusta y admirada por los autores clásicos, y entonces se colige que es ampliable al resto. No hay populismo inmortal.
Trump nunca iba a cambar (quien nace lechón muere cochino) y lo que sí logró fue trastornar a las bases republicanas, golpeadas por la globalización y la desindustrialización. Se aprovechó de ese clamor de derrota ciudadana para instigar fórmulas populistas que han engendrado el caos. Poco a poco se ha destapado lo que supone la Administración Trump, a la par que florece la necesidad desde Europa de contar con la protección y escudo de los Estados Unidos de siempre. En tiempos de temores múltiples, más vale aferrarse a lo conocido. Con este varapalo a Trump, la senda se despeja.









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