
Mire que lo advertí en la primera entrega. Lo dejé por escrito, negro sobre blanco: la tecnología, las prisas del clic y los algoritmos los carga el diablo digital. Pero claro, una cosa es teorizar sobre los peligros de la incomunicación moderna y otra, muy distinta y bastante más guasona, es convertirse en el mismísimo protagonista del chiste.
Les cuento el entuerto, porque la cosa tiene su miga.
Resulta que esta humilde trilogía sobre el intercambio epistolar de Federico y José Juan tenía un orden sagrado. Primero el prolegómeno, luego la carta del primero y, finalmente, la réplica del segundo. El plan era perfecto. Pero entre mi bandeja de salida, las prisas del duendecillo digital y que uno ya no sabe si el ratón del ordenador lo maneja la inteligencia artificial o un servidor con el café a medio terminar, la liamos. Pero bien liada.
Parece que el algoritmo de mi procesador de textos, en su afán por ser "más listo que el autor", sufrió un exceso de celo digital. En un salto temporal digno de Regreso al Futuro, la IA decidió que la linealidad cronológica está anticuada y permutó los archivos en el último milisegundo antes de salir el correo. Así, mandé a la redacción la tercera entrega (la contestación de José Juan) camuflada con el título de la segunda (la de Federico).
Total, que publicamos la respuesta antes de que el pobre Federico pudiera siquiera explicar qué demonios pasó con el famoso incidente de Salvador. José Juan contestó al aire, los lectores leyeron una réplica sin ruego, y yo me quedé mirando la pantalla pensando: ¿Pero qué fue?
Al final va a ser verdad que las máquinas nos vigilan y, para demostrar que mi artículo tenía razón, decidieron hackearme el orden de los folios. Subsanado el cortocircuito y con los cables ya bien conectados, por fin ve la luz la verdadera segunda entrega. Ahora sí, pueden leer a Federico en su salsa, sabiendo que el bueno de José Juan ya le contestó la semana pasada por obra y gracia del desorden digital. Cosas del directo... y de la IA, que cuando la lía, la lía con ganas.
Mafersa es Manuel Fernández Sarmiento, recién orlado, después de dos años, en Diploma de Estudios Científicos y Tecnológicos.
El que piensa que el que tiene boca se equivoca, y el mejor escriba, hace un borrón!

























