
Felipe González declara que votará en blanco el 29 de noviembre. No se siente representado por nadie y, por tanto, esgrime su derecho al sufragio (sin abstención, que para eso muchos dieron la vida para que hoy podamos votar) a la vez que refleja que ninguno le agrada. Tiene razón Nicolás Redondo Terreros cuando hace unos días rotuló en una entrevista en televisión que detrás de esa decisión hay mucho dolor. Lo fácil es, por consiguiente, latiguillo (por cierto) que tanto usó González siendo presidente del Gobierno (1982-1996) desde la tribuna del Parlamento, ceñirse a la crítica fácil desde el ‘sanchismo’.![[Img #1069281]](https://teldeactualidad.b-cdn.net/upload/images/08_2026/8829_rafael-columna-220x182.jpg)
Sin embargo, exige un mayor denuedo detenerse y repensar cómo una persona que lo ha sido todo en el PSOE y que ha entregado su vida a este partido, se distancia de Pedro Sánchez. No lo ha hecho gratuitamente. Cuando ha llegado a esta situación es porque llueve sobre mojado y porque sabe que el devenir del ‘sanchismo’ ha sido y es (aunque sin convicción, solo por oportunismo camaleónico) alejarse del pacto del 78 y armar un frente popular o similar que ejerza la deconstrucción del relato de la Transición.
A esto último hay que sumarle, naturalmente, la corrupción, la podredumbre moral, las saunas, el señalamiento a periodistas, el tanteo de eliminación de una jueza y demás vainas. Lo sencillo para González sería apartarse y quedarse a verlas venir. Lo arduo, en cambio, es tomar partido a estas alturas cuando viene de vuelta y no necesita nada.
Pero tomar partido de verdad. No como José Luis Rodríguez Zapatero que decía que iba a Venezuela a liberar presos y honrar la paz y, presuntamente, ha ido y venido para martingalas diversas que están siendo investigadas. Gonzalez que, junto a Alfonso Guerra, pusieron en pie la organización socialista en democracia, hoy viven asolados con el daño (quizá irreparable) que la incuria ‘sanchista’ ha perpetrado.
Votar en blanco no es la alegría de la huerta. Es como almorzar un sándwich mixto, que te barre el jilorio pero tampoco te deja lleno. Ni frío ni calor. En el fondo, lo quieran o no, la masa que vota a Sánchez ha sido ‘felipista’. Por eso en Ferraz no se atreven a quitarle el carné como hicieron con Redondo, que se la jugó en el País Vasco cuando ETA mataba a ediles socialistas y populares y es hijo del legendario sindicalista de la UGT. Y miren que tuvieron sus desencuentros, y fuertes, Redondo (padre) con González. Le montó tres huelgas generales junto a Comisiones Obreras: 1988, 1992 y 1994. Y jamás ninguno llegó al cesarismo. No es plato de buen gusto esto para el exjefe del Ejecutivo. Tiene que estar, a su manera, pasándolo mal.










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