Hay despedidas que duelen especialmente porque se marcha alguien que, sin pronunciar una sola palabra, consiguió ganarse el corazón de muchas personas. La costa de Telde ha perdido a uno de sus habitantes más entrañables. Whisky, conocido cariñosamente como el perro boya, falleció este domingo, 25 de octubre, a las 19.40 horas en Taliarte, después de haber formado parte durante 15 años de la vida cotidiana de Melenara y su entorno.
La noticia de su muerte ha sido comunicada a TELDEACTUALIDAD por Ike Sánchez, quien ha querido compartir unas palabras cargadas de emoción para recordar a este singular animal y agradecer las muestras de afecto que recibió a lo largo de su vida. Su mensaje constituye un homenaje a un compañero de cuatro patas cuya presencia se convirtió en algo familiar para muchas de las personas que frecuentan el litoral teldense.
Quince años de cariño junto al mar
Whisky no necesitó grandes gestos para hacerse querer. Su larga presencia en la costa de Melenara lo convirtió en un animal conocido por quienes compartieron con él parte de sus paseos, jornadas junto al mar y momentos cotidianos. Durante esos quince años recibió el afecto de numerosas personas que encontraron en él mucho más que un perro: un compañero entrañable que acabó formando parte de los recuerdos de este rincón de Telde.
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En su despedida, Ike Sánchez recurre a unas palabras especialmente conmovedoras para describirlo: «Para los que no lo conocieron, fue un ser que poseyó la belleza sin vanidad, la fuerza sin insolencia y todas las virtudes del hombre sin sus vicios». Una reflexión que resume el cariño y la admiración que despertaba Whisky entre quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.
Un agradecimiento a quienes lo quisieron
El mensaje remitido al periódico incluye también un reconocimiento a todas las personas que, durante estos años, ofrecieron compañía, atención y afecto al animal. «Para todos aquellos que lo conocieron, muchas gracias por el tremendo cariño que recibió durante sus 15 magníficos años en la costa de Melenara», expresa Sánchez.
Su fallecimiento deja una ausencia en ese paisaje cotidiano de paseos, encuentros y recuerdos compartidos junto al océano. Porque algunos animales consiguen convertirse, con el paso del tiempo, en parte de la memoria sentimental de un lugar y de las personas que lo habitan.
Whisky, «el perro boya», ya no estará físicamente en la costa que fue su hogar durante tantos años, pero permanecerá en el recuerdo de quienes lo conocieron y le brindaron su cariño.








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