Después de más de cuatro décadas dedicadas a atender a las personas más vulnerables de Gran Canaria, el hermano Jesús García Barriga conserva intacta su preocupación por quienes permanecen al margen de la sociedad.
El religioso, figura fundamental en el nacimiento y desarrollo de la Obra Social de Acogida y Desarrollo, pasó por los micrófonos de La Alameda, el programa de entrevistas y análisis de TELDEACTUALIDAD RADIO PÓDCAST, dirigido y presentado por Sonia Vega, para repasar una vida entregada a los demás, reflexionar sobre la evolución de la pobreza en Canarias y advertir de los riesgos que amenazan el futuro de la atención social.
El programa puede escucharse a las 7.00, 13.00 y 19.00 horas en TELDEACTUALIDAD RADIO PÓDCAST hasta el próximo 27 de octubre. A partir de ese día pasará a la programación habitual de la emisora digital.
La conversación dejó un diagnóstico especialmente crítico sobre la realidad del Archipiélago. A juicio del hermano Jesús, el crecimiento económico y los avances tecnológicos no se han traducido necesariamente en una mejora de las condiciones de vida de toda la población. Por el contrario, considera que la precariedad se ha extendido, que numerosas familias tienen dificultades para llegar a final de mes y que la pobreza infantil constituye uno de los problemas más graves y urgentes de la sociedad canaria.
También habló del futuro de la entidad a la que ha dedicado buena parte de su existencia, de su progresivo relevo en las responsabilidades de gestión, de las personas sin hogar, de las consecuencias de los problemas de salud mental y las adicciones, y de la necesidad de que las administraciones conozcan mejor a quienes necesitan ayuda. Todo ello desde una convicción que repitió a lo largo de la entrevista: la asistencia social exige conocimientos y recursos, pero, por encima de todo, cercanía humana.
Una obra que nació de la necesidad y del compromiso colectivo
El hermano Jesús quiso comenzar reivindicando el carácter colectivo de la Obra Social de Acogida y Desarrollo. Lejos de atribuirse personalmente sus logros, insistió en que el patrimonio y los recursos de la entidad son el resultado de décadas de solidaridad y participación ciudadana. «El patrimonio social es una obra de todos los canarios. Yo he intentado hacer nexo de unión, pero realmente la obra es del pueblo canario», afirmó.
El religioso explicó que su vinculación con esta iniciativa se remonta a unos 41 años, incluidos los primeros tiempos en los que fue descubriendo las necesidades sociales que existían en Gran Canaria. De ese recorrido, 38 años corresponden a la trayectoria de la obra que ayudó a levantar. Reconoció que la intensidad de ese trabajo ha terminado por pasarle factura y que el relevo en la gestión le permite afrontar una etapa de mayor descanso.
«Hemos conseguido que a mí me den un poco de descanso, porque ya tengo una edad y, sobre todo, estoy muy quemado por la intensidad con la que estas cosas las hemos tomado desde un principio», confesó, sin ocultar el desgaste acumulado después de tantos años de dedicación.
Recordó que la iniciativa nació en dos lugares distintos, Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, y Valsequillo, aunque subrayó que Telde estuvo estrechamente vinculado a sus primeros pasos. Los usuarios iniciales del taller escuela de tapicería y decoración procedían del municipio, donde algunos habían recibido atención en San Juan de Dios, en la escuela de la Polio.
«Telde y la obra social han estado muy ligadas desde el principio de los principios», destacó, al recordar aquellos años en los que comenzaron a desarrollarse proyectos de formación y atención para personas que encontraban importantes dificultades para integrarse social y laboralmente.
De una estancia de seis meses a toda una vida en Canarias
Uno de los pasajes más personales de la entrevista estuvo dedicado a su llegada al Archipiélago. García Barriga explicó que procedía del ámbito de la atención psiquiátrica en Madrid y que sus superiores le encomendaron una misión en la Ciudad de San Juan de Dios. Sin embargo, inicialmente se resistió a aceptar el destino porque desconocía la verdadera dimensión de las desigualdades sociales existentes en las Islas.
«No me podía imaginar el drama de las Gran Canarias profundas», reconoció. Su imagen de Canarias estaba asociada al turismo, el buen clima y una supuesta prosperidad generalizada, hasta el punto de que había pedido ser destinado a África o Latinoamérica, convencido de que allí podría resultar más necesaria su labor.
Su formación asistencial, además, no estaba orientada específicamente al trabajo con niños, otra circunstancia que alimentaba sus dudas. Finalmente aceptó trasladarse durante seis meses, un plazo que terminó convirtiéndose en una permanencia de décadas.
Según relató, bastó una semana para comprender que las necesidades eran mucho mayores de lo que había imaginado. A partir de ese momento comenzó una labor que acabaría dando lugar a una extensa red de apoyo social. «Nos pusimos, entre todos, a la obra y aquí está», resumió.
Aunque admitió que siempre existen aspectos mejorables, aseguró sentirse satisfecho de haber contribuido a construir un recurso que continúa prestando ayuda a personas en situaciones especialmente difíciles.
«Hoy hay muchos niños en pobreza y en riesgo de exclusión»
La evolución de la pobreza ocupó buena parte de la conversación. Preguntado por las diferencias entre la realidad de los años ochenta y noventa y la situación actual, el hermano Jesús fue especialmente contundente.
«Las razones que las llevan ahora son más sangrantes», afirmó al referirse a las circunstancias que conducen a muchas personas a quedarse sin hogar o a necesitar asistencia social. Considera que esta realidad resulta particularmente preocupante porque se produce en una sociedad que dispone de mayores conocimientos, tecnologías y recursos que hace cuatro décadas.
En su análisis, sostuvo que se ha debilitado la clase media y que la precariedad económica afecta a un número creciente de familias. Se trata de una valoración personal que vinculó con las dificultades para afrontar los gastos cotidianos y con la pérdida de capacidad económica de muchos hogares.
Su mayor preocupación, sin embargo, se centra en los menores que crecen en entornos de privación. «Hay muchos niños en pobreza y en riesgo de exclusión. Eso sí que es un tema muy, muy alarmante», advirtió.
El religioso reclamó que el debate social no se limite al problema de la vivienda, por importante que sea, sino que incorpore una atención prioritaria a la infancia. A su juicio, las carencias que sufren actualmente muchos niños y niñas pueden condicionar profundamente su futuro.
«Nuestros ojos se tenían que dirigir hacia los niños y niñas que están ahora viviendo unas carencias, y esas carencias, cuando sean mayores, se van a manifestar», señaló, convencido de que la sociedad terminará lamentando no haber actuado con mayor determinación.
También cuestionó la distancia existente entre determinados niveles salariales y el coste real de la vida. En este punto criticó la presión fiscal que, según su interpretación, soportan los trabajadores y defendió la necesidad de examinar cómo repercuten los impuestos y los gastos cotidianos en las familias con menos recursos.
La universidad, uno de los grandes avances de Gran Canaria
La entrevista permitió igualmente conocer su visión sobre las transformaciones positivas que ha experimentado la sociedad insular. Entre ellas situó de manera destacada la creación y consolidación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, a la que considera una herramienta esencial para el desarrollo del territorio.
«Yo creo que lo mejor que le ha pasado a Gran Canaria es tener la universidad», manifestó. Recordó incluso que una de las primeras manifestaciones en las que participó en Canarias estuvo relacionada con la reivindicación de esta institución académica.
El hermano Jesús valoró especialmente la colaboración de estudiantes y profesionales universitarios con las iniciativas sociales, así como las oportunidades que ofrece la formación superior para investigar, comprender y afrontar problemas que anteriormente carecían de suficiente atención.
No obstante, matizó que los avances científicos y tecnológicos deben ir acompañados de una mayor conciencia solidaria. En ese sentido, señaló que herramientas como la inteligencia artificial pueden resultar positivas siempre que se utilicen de manera responsable y al servicio de las personas.
Hasta 150 personas atendidas directamente y una red de apoyo mucho mayor
Al abordar la dimensión actual de la Obra Social de Acogida y Desarrollo, García Barriga explicó que la entidad presta atención directa a unas 150 personas, mientras que el número de beneficiarios de distintas modalidades de apoyo puede situarse, según sus estimaciones, entre 500 y 600.
La repercusión de la organización, añadió, va más allá de sus usuarios, porque también incluye a las familias de quienes trabajan en ella. En este sentido, recordó que la entidad cuenta con una plantilla próxima al centenar de personas y que, en algunos hogares, el salario de estos trabajadores constituye la principal fuente de ingresos.
Durante la crisis económica iniciada en 2007 realizó un cálculo para conocer cuántas personas podrían verse afectadas por un eventual cierre de la obra social. El resultado, según explicó, rondaba las 800, una cifra que reforzó su determinación de mantener la actividad pese a las dificultades.
«Eso fue lo que me dio mucho brío para luchar contra viento y marea», recordó. También evocó las consecuencias de la pandemia de la COVID-19, que afectó duramente al funcionamiento de la entidad y dejó secuelas organizativas y económicas de las que, según indicó, todavía se están recuperando.
La acogida debe priorizar a quienes no tienen absolutamente nada
La atención a personas sin hogar constituye una de las actividades más sensibles de la organización. Al explicar los criterios utilizados en sus recursos de acogida, el hermano Jesús defendió una filosofía basada en valorar la necesidad real de cada persona y priorizar a quienes carecen de cualquier alternativa.
«Los requisitos es que realmente necesiten pernoctar en esa casa, no hay otro», manifestó al referirse al criterio esencial que ha inspirado la acogida.
Para ilustrarlo, planteó el caso de dos personas con circunstancias personales similares, pero con una diferencia fundamental: una dispone de una prestación económica y la otra carece completamente de ingresos. En su opinión, la prioridad debe corresponder a quien no cuenta con ningún recurso para alimentarse o dormir bajo techo.
Se trata, explicó, de una manera de entender la asistencia que intenta situar en primer lugar a quienes se encuentran en una situación de desprotección más extrema. Añadió que la nueva dirección mantiene, según su conocimiento, esa misma sensibilidad.
Salud mental, adicciones y dificultades para recuperar la autonomía
El religioso también analizó los perfiles de quienes solicitan ayuda a la entidad. Desde su experiencia asistencial, señaló que entre las personas atendidas existen casos de deterioro cognitivo, problemas de salud mental y consecuencias asociadas al consumo prolongado de alcohol u otras sustancias.
En este apartado recordó especialmente a jóvenes que comenzaron a consumir alcohol a edades tempranas y que, años después, presentaron dificultades de atención, concentración o memoria. Se trata de situaciones que, según explicó, pueden complicar su incorporación al mercado laboral y su capacidad para recuperar una vida autónoma.
No obstante, evitó presentar la recuperación como una tarea imposible. Considera que el acompañamiento profesional, la comprensión de las circunstancias personales y la adaptación de las responsabilidades a las capacidades de cada individuo pueden favorecer procesos de rehabilitación.
«Apoyándolos y orientándoles, sí que salen adelante», afirmó. Para García Barriga, uno de los problemas actuales es que el mercado laboral ofrece cada vez menos ocupaciones sencillas que permitan a determinadas personas reincorporarse progresivamente a la actividad productiva.
Frente a estas dificultades, insistió en la importancia de no reducir la atención a procedimientos técnicos. «Si uno entiende a los demás y les quiere», sostuvo, resulta más fácil identificar qué apoyos necesita cada persona para recuperar su confianza y avanzar hacia una mayor independencia.
Una crítica a las administraciones: «No hacen un mapeo exacto de la pobreza»
Uno de los momentos más críticos de la entrevista llegó cuando se abordó el papel de las administraciones públicas y las limitaciones de los servicios sociales para llegar a todas las personas necesitadas.
El hermano Jesús considera que uno de los principales errores institucionales consiste en no disponer de un conocimiento suficientemente preciso de la pobreza y la exclusión social. «Fallan en lo más elemental, en no hacer un mapeo exacto de cuál es el perfil de pobreza que tienen», denunció.
Según su experiencia, las estadísticas y los registros administrativos no siempre reflejan la totalidad de las personas que viven en situaciones extremas. Explicó que algunos afectados carecen de capacidad para solicitar ayudas, acudir a los servicios públicos o identificar por sí mismos los recursos que necesitan.
Por ello, defendió que la intervención social no puede depender exclusivamente de que una persona se presente en una oficina y cumplimente una solicitud. En ocasiones, añadió, son los propios profesionales quienes deben desplazarse hasta los lugares donde viven quienes se encuentran más desprotegidos.
El religioso expresó una preocupación especial por las personas jóvenes que, pese a conservar capacidades para desarrollar una vida independiente, carecen de un entorno familiar o social que les proporcione apoyo. En esos casos, considera fundamental actuar con rapidez para evitar que una situación inicialmente reversible termine convirtiéndose en exclusión prolongada.
El peligro de una asistencia cada vez más burocrática
Preguntado por el futuro de la Obra Social de Acogida y Desarrollo, García Barriga manifestó su confianza en quienes están asumiendo las nuevas responsabilidades, pero también reconoció que existen riesgos importantes.
El principal, a su juicio, es que la profesionalización y la incorporación de nuevas tecnologías terminen desplazando el contacto humano que ha caracterizado históricamente a la entidad.
«La evolución ha llegado más en la técnica que en el corazón de la gente», reflexionó. Advirtió de que una organización puede disponer de excelentes herramientas de gestión y, al mismo tiempo, perder capacidad para atender a quienes no saben cómo acceder a ellas.
«La técnica hará que se tecnifiquen mucho las cosas y que a lo mejor los pobres no lleguen allí si no tiene la sensibilidad de salir a la calle a buscarlos», señaló.
También cuestionó que determinadas exigencias administrativas puedan dificultar soluciones de alojamiento provisionales para personas que necesitan atención inmediata. A su entender, el cumplimiento de los requisitos debe ser compatible con respuestas prácticas que eviten dejar desprotegido a alguien mientras espera una plaza en un recurso más adecuado.
El relevo y el legado de cuatro décadas de solidaridad
En la recta final de la entrevista, el hermano Jesús volvió a situar el futuro de la obra en manos de quienes continúan su labor. Reconoció que la entidad ha entrado en una nueva etapa de gestión y expresó su deseo de que conserve los principios que inspiraron su nacimiento.
Su reflexión no estuvo centrada tanto en preservar una estructura institucional como en mantener una forma de entender la solidaridad: conocer personalmente las necesidades, ofrecer respuestas proporcionadas y no olvidar a quienes permanecen fuera de los circuitos habituales de atención.
Antes de despedirse, agradeció a La Alameda y a TELDEACTUALIDAD la oportunidad de dar voz a una realidad que, según reconoció, no siempre resulta cómoda de escuchar. «No tengo buena fama de decir cosas bonitas, sino de poner de manifiesto la dureza de la vida», comentó.
Con esa afirmación concluyó una conversación que dejó al descubierto tanto el recorrido de una de las iniciativas sociales más conocidas de Gran Canaria como las preocupaciones de quien ha dedicado más de cuarenta años a trabajar con personas en situación de vulnerabilidad.
Su mensaje final puede resumirse en una convicción que atraviesa toda su trayectoria: el progreso de una sociedad no debe medirse únicamente por sus avances económicos y tecnológicos, sino también por su capacidad para atender, comprender y acompañar a quienes más lo necesitan.










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