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Sábado, 24 de Octubre de 2026

Actualizada Sábado, 24 de Octubre de 2026 a las 11:34:17 horas

Editorial | Política nacional e internacional

Milei, el mejor aliado electoral de Pedro Sánchez

Los insultos y las provocaciones del presidente argentino pueden acabar movilizando a la izquierda española y perjudicando a quienes pretende favorecer

TELDEACTUALIDAD/Telde Sábado, 24 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Sábado, 24 de Octubre de 2026 a las 10:15:11 horas

Hay aliados que ayudan a ganar elecciones y otros que, sin proponérselo, terminan convirtiéndose en el mejor argumento electoral de sus adversarios. Javier Milei, presidente de Argentina, parece empeñado en desempeñar este segundo papel en España. Sus visitas, sus insultos y sus continuas salidas de tono, lejos de representar necesariamente un respaldo para la derecha española, pueden convertirse en un extraordinario regalo político para Pedro Sánchez y para el conjunto del progresismo.

 

La paradoja resulta difícil de ignorar. Milei viaja a España con un discurso de confrontación contra el socialismo y con una evidente afinidad ideológica hacia los sectores más conservadores, especialmente Vox. Sin embargo, cada descalificación, cada provocación y cada intervención estridente ofrecen al PSOE una nueva oportunidad para presentar las próximas elecciones generales como algo más que una disputa sobre la gestión del Gobierno: como una elección entre dos modelos de entender la política, la convivencia democrática y el respeto institucional.

 

Un adversario que moviliza más que muchos discursos

Pedro Sánchez no necesita compartir las ideas de Milei para beneficiarse políticamente de su comportamiento. Le basta con que el mandatario argentino continúe exhibiendo una forma de hacer política basada en el insulto, la descalificación personal y la confrontación permanente. Porque ese estilo, que entusiasma a determinados sectores de la derecha radical, también puede despertar el rechazo de numerosos ciudadanos que no se identifican necesariamente con el Gobierno socialista, pero que tampoco desean trasladar a España semejante clima de crispación.

 

Ahí reside la principal contradicción de la presencia de Milei en nuestro país. Quien pretende combatir a la izquierda puede estar proporcionándole una de sus mejores herramientas de movilización. El votante progresista desencantado, el socialista que duda si acudir a las urnas e incluso determinados electores moderados encuentran en sus intervenciones un recordatorio de aquello que no quieren para la política española.

 

Es cierto que el presidente argentino también tiene seguidores y que sus mensajes pueden reforzar las convicciones de una parte del electorado conservador. Pero una cosa es entusiasmar a quienes ya están convencidos y otra muy distinta ampliar una mayoría electoral. Los insultos pueden funcionar como combustible para los más fieles, aunque difícilmente constituyen una fórmula segura para conquistar a los indecisos.

 

Un problema añadido para el Partido Popular

La situación tampoco resulta especialmente cómoda para el Partido Popular. Mientras Vox puede sentirse identificado con buena parte del discurso de Milei, el PP necesita atraer a sectores moderados, incluidos ciudadanos descontentos con Sánchez que rechazan los excesos verbales y la polarización.

 

Cada nueva polémica protagonizada por el mandatario argentino puede complicar esa estrategia. La izquierda dispone entonces de un argumento para vincular a sus adversarios con las posiciones más extremas, aunque las diferencias entre el PP y Vox sean evidentes y no resulte justo atribuir automáticamente a uno las palabras del otro.

 

El problema político aparece cuando el debate deja de centrarse en los asuntos que preocupan a los ciudadanos —la vivienda, los salarios, el empleo, los servicios públicos o la calidad de la gestión— y pasa a girar alrededor de las provocaciones de un dirigente extranjero. En ese terreno, Sánchez encuentra una oportunidad para desplazar el foco desde el desgaste de su Gobierno hacia la necesidad de frenar una determinada manera de ejercer el poder.

 

La política del insulto puede provocar el efecto contrario

Milei parece convencido de que cuanto más contundente sea su discurso contra el socialismo, mayor será su contribución a la causa de sus aliados ideológicos. Pero las sociedades no reaccionan siempre como esperan quienes recurren a la provocación. A menudo, el exceso verbal termina despertando una respuesta de rechazo que fortalece precisamente a quienes se pretendía debilitar.

 

En España, donde la polarización política ya alcanza niveles preocupantes, la intervención de un presidente extranjero que convierte la descalificación en protagonista puede reforzar el sentimiento de quienes consideran necesario poner límites a esa dinámica. Y ese sentimiento no pertenece exclusivamente a los votantes socialistas: también puede alcanzar a personas que reclaman una oposición firme, pero respetuosa, y que distinguen entre la crítica legítima y el insulto gratuito.

 

No sería la primera vez que una campaña política termina beneficiando al adversario por los errores de quienes supuestamente acuden a prestar ayuda. La movilización electoral no depende únicamente de la ilusión que despierta un candidato. También puede alimentarse del temor al proyecto contrario, del rechazo a determinados comportamientos o de la voluntad de impedir que una forma de hacer política se imponga.

 

Sánchez puede salir ganando sin hacer prácticamente nada

Esta es, probablemente, la mayor ironía de todo el episodio. Mientras Milei eleva el tono de sus ataques, Pedro Sánchez puede limitarse a exhibirlos como ejemplo de la política que rechaza. El presidente del Gobierno encuentra así un adversario externo que contribuye a cohesionar a sus simpatizantes y que puede facilitar el acercamiento de sectores progresistas tradicionalmente divididos.

 

Por supuesto, sería exagerado asegurar que las palabras de Milei decidirán unas elecciones generales. Los ciudadanos votan por muchas razones y el resultado dependerá de factores mucho más importantes que las declaraciones de un mandatario extranjero. Pero tampoco conviene subestimar la capacidad de una provocación reiterada para activar a un electorado que hasta entonces podía permanecer desmovilizado.

 

La derecha española haría bien en preguntarse si realmente le conviene semejante respaldo. Porque los aplausos de los convencidos no garantizan una victoria, y las elecciones se ganan también persuadiendo a quienes todavía dudan.

 

El mejor aliado de Pedro Sánchez puede no estar en el PSOE, ni siquiera en el Gobierno. Puede estar en la Presidencia de Argentina. Javier Milei pretende combatir políticamente al socialismo español, pero sus insultos y salidas de tono pueden terminar haciendo por la movilización de la izquierda más que muchos mítines, campañas y discursos de sus propios dirigentes.

 

A veces, en política, el peor enemigo de una causa es quien más ruido hace en su defensa. Y Milei corre el riesgo de demostrarlo cada vez que interviene en España.

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