Hay cierto hartazgo político en Telde, que se evidencia en cada conversación, en cada corrillo de nuestra ciudad, no es simple desafección: es la consecuencia de una paciencia ciudadana que empieza a agotarse, especialmente cuando se acerca, no solo las elecciones generales del 29N, ¡¡que también!!, me refiero a las elecciones de mayo de 2027 y que empieza a asomar en el horizonte político de Telde.
Llegarán nuevos partidos, se escucharán viejos discursos y volverán las promesas de siempre. Pero hay una pregunta que cada vez resuena con más fuerza entre la ciudadanía: ¿cuánto tiempo más tiene que esperar esta ciudad para que sus problemas dejen de ser eternos?
Hay algo especialmente preocupante en la política municipal: la facilidad con la que determinadas deficiencias terminan normalizándose. Lo que al principio provoca indignación acaba generando resignación. Y lo que debería ser una prioridad urgente termina convertido en un asunto que reaparece, una y otra vez, en conversaciones vecinales, reuniones y debates públicos, sin que la solución llegue al ritmo que la ciudadanía necesita.
La verdad es que resulta agotador. Agota escuchar explicaciones que parecen razonables sobre el papel, pero que no siempre se traducen en mejoras visibles. Agota comprobar que determinados asuntos sobreviven a los cambios de legislatura, a las declaraciones institucionales y a las fotografías de rigor. Y agota, sobre todo, tener la sensación de que las necesidades de los vecinos avanzan por un carril mucho más lento que los intereses de la política.
No se trata de negar las dificultades de gobernar. Sería injusto hacerlo. Las administraciones tienen procedimientos, limitaciones presupuestarias, problemas de contratación y decisiones que no pueden resolverse de un día para otro. Gobernar una ciudad exige planificación, negociación y, en ocasiones, asumir que no todo puede hacerse al mismo tiempo. Pero una cosa es reconocer las dificultades y otra muy distinta convertirlas en una explicación permanente
La ciudadanía puede comprender un retraso. Lo que le cuesta aceptar es que el retraso se prolongue sin una explicación convincente, sin un calendario creíble y sin señales claras de que alguien está empujando para que las cosas cambien. Porque el vecino no vive de expedientes administrativos. Vive de lo que ocurre en su calle, en su barrio, en los espacios que comparte con los demás. Y cuando una necesidad cotidiana se prolonga durante meses o años, las explicaciones empiezan a perder fuerza. La confianza, también.
El hartazgo no pertenece a ningún partido. Conviene decirlo con claridad: el malestar ciudadano no es propiedad de una formación política ni puede utilizarse como patrimonio electoral de nadie. Quien intente apropiarse de él para convertirlo en votos debería recordar que la frustración de los vecinos y vecinas no es un cheque en blanco. Es una advertencia.
También sería un error interpretar cualquier crítica como una maniobra partidista. En ocasiones, detrás de una queja hay una persona que lleva demasiado tiempo esperando una respuesta. Detrás de una protesta puede haber un comerciante preocupado por el futuro de su negocio, una familia que reclama mejores condiciones en su entorno o un vecino que simplemente quiere comprobar que su ayuntamiento no se ha olvidado de su barrio.
Uno de los grandes retos de quienes aspiran a gobernar Telde: comprender que la política municipal no se juega únicamente en los salones de pleno, en las redes sociales o en los actos de campaña. Se juega, sobre todo, en la experiencia diaria de la ciudadanía. Se juega en la confianza que se construye cuando una administración escucha y responde.
En la tranquilidad de saber que una reclamación no desaparecerá en un cajón. En la certeza de que los compromisos adquiridos no se olvidarán cuando pase la siguiente convocatoria electoral. Una ciudad no puede vivir pendiente del calendario electoral.
Telde necesita recuperar algo más importante que la confianza en unas siglas: necesita recuperar la confianza en la utilidad de la política. Y eso no se consigue pidiendo paciencia indefinidamente a quienes ya han tenido demasiada. Se consigue demostrando que las instituciones son capaces de escuchar, responder y cumplir..., desde la acera de enfrente.









Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.141