Statistiche web
El tiempo - Tutiempo.net
695 692 764

Jueves, 22 de Octubre de 2026

Actualizada Jueves, 22 de Octubre de 2026 a las 20:07:16 horas

Caminando hacia la desmemoria (CXXXI)

La intencionalidad del mirar para luego relatar

Reflexión del cronista oficial de Telde, Antonio María González Padrón, licenciado en Geografía e Historia

ANTONIO MARÍA GONZÁLEZ PADRÓN Jueves, 22 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Jueves, 22 de Octubre de 2026 a las 19:00:06 horas

A muchos de nuestros lectores les habrá sorprendido el título del presente artículo. A éstos y a otros tantos debemos una explicación: Una tarde como otra cualquiera, caminábamos sin rumbo por las calles, callejones, plazas y plazuelas de la Zona Fundacional de Telde, Barrios de San Juan y San Francisco (Declarados Conjunto Histórico-Artístico Nacional, desde el 6 de marzo de 1981). Hacíamos tiempo,[Img #1067265] pues nos habíamos citados por allí con un alumno de Historia del Arte, al que le interesaba sobremanera comprobar in situ algunos elementos arquitectónicos propios de lo que hemos dado en llamar Arquitectura Doméstica Canaria, deudora por demás de esa otra forma de construir de origen árabe y mediterráneo, que bajo el nombre de Mudéjar, se le define en la Península Ibérica. En otros espacios geográficos, tanto en América como en Filipinas la han rebautizado con el nombre de Colonial. Los edificios de aquí, allá y acullá, poseen características similares, tanto en la manera de construirlos como en  la estética resultante. Ello no quiere decir que sean copias exactas unos de otros, pues indudablemente hay un buen número de variantes según los lares.


La Universidad de San Fernando de La Laguna, no sin esfuerzo y notable lucha administrativa, consiguió en la segunda mitad de los setenta del pasado siglo XX, la aprobación definitiva de la Especialidad de Historia del Arte, tan anhelada por los estudiantes de aquel centro académico, desde tiempos del Dr. Don Elías Serra Ràfols (Menorca, 1898- La Laguna, Tenerife, 1972) y el Dr. Don Jesús Hernández Perera (La Orotava, Tenerife, 1924-Madrid, 1997). Nuestra promoción fue la segunda agraciada con tal orden gubernativa. Profesores y pupilos, ya había pasado con la promoción anterior, estaban exultantes y dispuestos a todo con tal de afianzar el prestigio de nuestra facultad de Geografía e Historia. Así las cosas, algo se notaba en el ambiente integrador de las aulas, en donde unos se esmeraban por enseñar y otros por aprender. Todos, absolutamente todos, estaban dispuestos a los mayores sacrificios con tal de rentabilizar al máximo esa gratificante oportunidad. El elenco de doctos enseñantes estaba formado por: Dr. Don Domingo Martínez de La Peña y González, Dra. Doña María del Carmen Fraga González, Dr. Don Alfonso Trujillo Rodríguez, Dr. Don Alberto Darias Príncipe, Dr. Don Fernando Castro Borrego y el Dr. Don Fernando Gabriel Martín Rodríguez. A los que se les unían los Catedráticos, unas raras aves de paso, como los calificó, en su momento, el anteriormente mentado Dr. Martínez de La Peña: Dr. Don Antonio de la Banda y Vargas (Sevilla, 1932- 2008), Dr. Don Enrique Valdivieso González (Valladolid, 1943-Sevilla,2025) y el Dr. Don José Rogelio Buendía Muñoz (Huelva, 1928 -Madrid, 2019).


Buscando todos ellos nuestra excelencia académica, experimentaron en nosotros un tipo de enseñanza más activa, huyendo de las clases magistrales y añadiendo a los periodos lectivos, necesariamente desarrollados en el aula, otros en que visitábamos, con ojos expectante escudriñares, el rico y variopinto Patrimonio Histórico-Artístico de las diferentes localidades de nuestro Archipiélago. Así se hacía realidad unas prácticas nada comunes en la universidad española.


Traigo hasta aquí recuerdos de esas excursiones de campo en donde un tropel de jóvenes estudiantes seguía a uno o varios profesores reconociendo por sus explicaciones los diferentes estilos arquitectónicos , en edificios civiles, militares y religiosos. El Dr. Martínez de la Peña nos animaba a descubrir las posibles filiaciones artísticas de éstos. Una simple moldura o tapajuntas de puerta o ventana, era suficiente para filiar toda una construcción. Aver, ¿Dígame usted por qué esta casa solariega lagunera es del siglo XVII? A lo que con ciertas dudas y con bastante precaución contestábamos lo más rápidamente posible.


¡Rinng! suena el teléfono, son casi las diez de la noche y la neblina cubre gran parte de la Avenida de La Trinidad. Al otro lado del hilo telefónico  suena la voz grave de un D. Domingo Martínez de La Peña que, como capitán con mando en plaza nos dice: En diez minutos todos en la Plaza de La Catedral. Y ahí que íbamos un puñado de compañeros de clase para asistir a una de los tantos recorridos históricos artísticos que de forma, aparentemente improvisada,  nos iba a brindar el noble profesor.


Un día y otro también, nos descubrió la importancia que los distintos vanos tienen para los edificios y como éstos actúan como dinamizadores de su vida interior, ya que por ellos entra la espléndida luz del día o la lúgubre oscuridad de la noche. También a través de ellos podemos controlar  nuestras sensaciones térmicas  evitando o aumentando el calor, el frio la humedad, la sequedad, etc. pero no sólo para eso se crearon los huecos que en forma de ventanas, puertas, postigos, etc. posee una casa, sino como elementos socializantes que permiten la visión de la calle y como no, el ser vista desde la calle. 


En una sociedad carencial como la nuestra a veces vemos huecos que fueron tapiados pero que han dejado la cicatriz en el paramento, otras veces se han agrandado o reducido, notándose también la acción llevada a cabo por sus propietarios. En otros casos se aprovechan canterías o labores de carpintería y vemos como la fachada principal o lateral de un edificio se convierte en un popurrí asimétrico de ventanas, puertas, postigos, etc. 


Lo mas llamativo son aquellos que fueron creados con el único fin de mirar hacia el exterior y evitar ser visto: celosías y ajimeces hacen perceptible ese juego visual.


Como Cronista Oficial de mi ciudad me congratulo en conocer cada uno de los rincones de la misma y he quedado estupefacto al comprobar el daño que las carpinterías de PVC, aluminio y hierro han hecho en nuestra arquitectura urbana. Las reformas sufridas por muchísimos edificios, sobre todo en el Barrio de Los Llanos de San Gregorio, pero también de El Calero, San Antonio del Tabaibal, La Pardilla, Jinámar y otros, nos presentan bellas casas unifamiliares que fueron, en gran número de filiación modernista e historicista, convertidas en blasfemias arquitectónicas, en el que una carpintería metálica de trazas imposibles distorsiona por completo la fachadas ¡Qué pena! El mal gusto cuando no la improvisación nos ha confeccionado un verdadero catálogo de horteradas arquitectónicas, que supongo y es mucho suponer que no cuentan con la autorización pero sí con la permisiva aprobación de los servicios de urbanismo del M.I. Ayuntamiento que haciendo dejación de sus deberes no vigila, ni controla la situación dejando hacer en unos modos de pura anarquía estética. 


El Conjunto Histórico-Artístico de San Juan y San Francisco hasta fechas bien recientes han estado libres de tales nefastas actuaciones, pero ahora ya no. Edificios de gran prestancia arquitectónica como el que albergó la Academia Cruz en la calle Licenciado Calderin ha tenido la mala suerte de ver cómo, primero se le hace un hueco de gran  tamaño y, después se instala una puerta metálica  por la necesidad de guardar en su interior contadores y demás artilugios para el suministro de luz y agua. Les conmino a comprobar como en casas del Conjunto Histórico de la Zona Fundacional de Telde, las empresas distribuidoras de agua y luz han llenado los frontis de las mismas condiciones postigos metálicos o plásticos, que perturban la visión estética de viejas casonas, sacrificadas por los más oscuros e inconfesables intereses mercantiles. Algunos propietarios, queriendo paliar en parte esos escupitajos estéticos, se han prestado a cubrirlos de labores de carpintería en forma de postigos fuera de lugar, incidiendo aún más en un brusco choque entre la Historia y la Contemporaneidad. 


Nuestros pueblos y ciudades deudoras de la filiación mudéjar en la forma de construir toda clase de edificios civiles y religiosos, presentan una gran variedad de vanos cubiertos por las más variadas labores de carpintería, casi siempre cumpliendo la máxima de la función a la que va a ser destinada. Las diferencias estilísticas marcada en un primer momento por el siglo al que corresponden, también hacen notar la situación geográfica y climatológica a la que se hayan expuestas. Así las carpinterías de barlovento serán diferentes a las de sotavento, las de la costa a las de  medianías y montañas. La necesidad de proteger dichas construcciones de los vientos y lluvias, así como la mayor o menor incidencia de la luz solar se imponen a la hora de confeccionarlas.


 Ajimeces,  balcones, puertas, portones, vanos, ventanas y postigos … estarán presentes en conventos, ermitas, iglesias, casas consistoriales y demás sedes de organismos oficiales. Asimismo, en casas de ricos terratenientes, ávidos comerciantes o humildes artesanos. Y en mucho menor número y con más simpleza de hechuras en alpendres, almacenes, lonjas o habitáculos para las más humildes familias de la clase trabajadora.


Ya sean por estos espacios, que al abrirse comunican el interior con el exterior o viceversa, o también alongándose en los muros perimetrales de las azoteas y miradores, los habitantes de las diferentes edificaciones podrá divisar lo que sucede en calles, callejones, plazuelas y plazas de su localidad. Según el renombrado escritor Pancho Guerra, cuando se mira con intención de observar detalladamente lo que acontece, tiene en nuestro particular dialecto un verbo, y éste no es otro que goler (Derivado natural del castellano oler). De nuestra cosecha particular afirmamos que el que se presta a ese ejercicio visual lo hace con la no siempre sana intención de no contarlo, sino muy al contrario, actuar de relator o improvisado periodista o comentarista de lo social.

 

Antonio María González Padrón es licenciado en Geografía e Historia, cronista oficial de Telde y Académico Honorario de la Real Academia de la Historia.

Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.85

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.