Gabriel Rufián ha pedido disculpas por no haber logrado la confluencia de las izquierdas. Sin embargo, no acaba de entender (o directamente no quiere hacerlo) que él representaba una expectativa en el conjunto del país (que tampoco siente suyo, o solo en función del día de la semana) con tal de lograr que se acabaran las divisiones en esas izquierdas hoy presas del revanchismo y los egos. Dicho en plata, hab
ló estos últimos meses con tanta claridad el dirigente catalán a son del peligro de Vox, que lo que ansiaba este electorado es que diese el salto de ERC a una nueva plataforma, estuviese en la misma o no la formación de izquierda catalanista.
Así las cosas, ahora sobreviene la decepción. Nada nuevo bajo el sol. Unidas Podemos buscaba la venganza. Sintieron siempre Sumar como una faramalla donde enclaustrarles. También es cierto que Sumar, un mero espacio, fue un error morrocotudo de Yolanda Díaz al no crear un partido como Dios manda. Es más, Unidas Podemos aguardaba la esperanza en 2023 de que el Gobierno de coalición de izquierdas no pudiese reeditarse y, entonces sí, era una ocasión para eliminar a la tradición histórica del PCE e IU. Vamos, se resume todo en una guerra dentro de la izquierda. Pero como, al final, gracias a Carles Puigdemont, Pedro Sánchez pudo seguir unos años más en La Moncloa, con el pago de la amnistía, tuvieron que tragar para en el presente volver a intentarlo.
Es decir, Irene Montero asume ya la victoria de las derechas y el propósito es que la próxima legislatura sirva como intervalo en el que, recalco, despojarse del peso histórico del PCE e IU, que es igualmente el de Comisiones Obreras, por eso han atacado al sindicato, para recuperar la influencia pos15M que tuvo el primer Podemos y que no volverá.
Rufián ha caído en la trampa. O ha sido cómplice azaroso. El acuerdo entre ERC y Unidas Podemos no tenía que haberse dado en cuanto que ha dejado a un lado a los demás. La podemización (impostada) de Rufián no es inocente. Rufián tenía que haberse detenido y ceñirse a ERC. O había pacto con todos y entre todos, o naranjas de la China. Solo así hubiese salido airoso el parlamentario. Por eso el resquemor de cara a la campaña electoral ha aumentado. El casarse con Unidas Podemos sin haber cosechado la meta mayor que era la unidad en la que él participase, deja un páramo que no digiere la izquierda. Para esto, mejor no se hubiera metido.









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