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Miércoles, 14 de Octubre de 2026

Actualizada Miércoles, 14 de Octubre de 2026 a las 08:26:49 horas

Entrevista en el programa La Alameda de TELDEACTUALIDAD RADIO PÓDCAST

José Cabrera: «Hemos tardado muchísimo en afrontar la prevención del suicidio»

El director técnico del Teléfono de la Esperanza en Canarias advierte de la falta de psicólogos, el peso de la soledad y la necesidad de escuchar sin juzgar

TELDEACTUALIDAD/Telde Miércoles, 14 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Miércoles, 14 de Octubre de 2026 a las 07:35:07 horas

Detrás de una llamada de auxilio puede haber una persona que lleva demasiado tiempo sufriendo en silencio. Escucharla, comprender su situación y ayudarla a encontrar apoyo puede marcar una diferencia decisiva. Ese fue uno de los principales mensajes que dejó José Cabrera Pérez, psicólogo clínico y director técnico del Teléfono de la Esperanza en Canarias, durante su entrevista con Sonia Vega en el programa La Alameda, de TELDEACTUALIDAD RADIO PÓDCAST.

 

 El programa puede escucharse a las 7.00, 13.00 y 19.00 horas en TELDEACTUALIDAD RADIO PÓDCAST hasta el próximo 16 de octubre. A partir de ese día pasará a la programación habitual de la emisora digital.

 

La conversación puso sobre la mesa una realidad preocupante: entre el 1 de enero y el 7 de septiembre de 2026, el Teléfono de la Esperanza de Canarias atendió más de 4.000 llamadas, casi 300 de ellas relacionadas con conductas suicidas. La cifra supone un incremento del 10,6% respecto al mismo periodo del año anterior, un dato que invita a reflexionar sobre el sufrimiento emocional de una parte de la población y sobre los recursos disponibles para atenderlo.

 

Sin embargo, Cabrera introdujo un matiz importante. El aumento de las llamadas no significa necesariamente que haya crecido en idéntica proporción el número de personas en riesgo. También puede indicar que cada vez existe una mayor disposición a hablar de lo que antes se ocultaba por vergüenza, miedo o desconocimiento.

 

«A medida que normalizamos que es un problema de salud pública y no un problema individual o algo que esconder, la gente se atreve a pedir más ayuda», explicó el especialista.

 

Un problema de salud pública que exige respuestas

El director técnico del Teléfono de la Esperanza defendió que el suicidio debe abordarse como una cuestión sanitaria y social de primera magnitud, lejos de interpretaciones simplistas o juicios morales.

 

Recordó que en España se registran alrededor de 4.000 muertes por suicidio al año, una dimensión que, a su juicio, contrasta con la atención preventiva que tradicionalmente se ha prestado a otras causas de mortalidad.

 

Para Cabrera, la sociedad ha avanzado en los últimos años, pero lo ha hecho con retraso. Canarias dispone de un programa de prevención de la conducta suicida y el Estado ha impulsado un plan de acción con financiación específica. También se han desarrollado protocolos en el ámbito educativo y ha mejorado la formación de profesionales sanitarios.

 

No obstante, considera que estos avances siguen siendo insuficientes para responder a la magnitud del problema.

 

«Es un fracaso como sociedad en todos los sentidos», afirmó al referirse al tiempo perdido en la prevención. Aunque reconoció los progresos, insistió en que la dotación de profesionales de la psicología en los servicios de salud mental y en Atención Primaria continúa lejos de las necesidades existentes.

 

Su planteamiento no se limita a reclamar más recursos asistenciales. También considera imprescindible transformar la manera en que la ciudadanía comprende el sufrimiento emocional, reconoce las señales de alarma y se relaciona con quienes atraviesan situaciones difíciles.

 

El peligro de restar importancia a las señales

Uno de los asuntos centrales de la entrevista fue la campaña de prevención de 2026 del Teléfono de la Esperanza, titulada Cuando solo ves nada, concebida para combatir los prejuicios que dificultan la identificación de situaciones de riesgo.

 

Cabrera se detuvo especialmente en una creencia muy extendida: pensar que una persona que habla de suicidio no llegará a actuar.

 

«El que lo dice no lo hace» es uno de los mitos que debemos desterrar, señaló, al explicar que muchas personas que han realizado un intento habían expresado previamente, de alguna manera, su sufrimiento.

 

El psicólogo advirtió de que esos mensajes no deben interpretarse como simples llamadas de atención ni minimizarse. Lo adecuado es acercarse a la persona, preguntarle con serenidad cómo se encuentra y facilitarle el acceso a profesionales o recursos especializados.

 

También enumeró algunas conductas que pueden justificar una mayor atención por parte del entorno: cambios bruscos de humor, aislamiento progresivo, abandono de actividades habituales, necesidad de dejar asuntos personales resueltos o entrega de pertenencias de especial valor.

 

Aclaró, en cualquier caso, que ninguna de estas circunstancias permite concluir por sí sola que exista una conducta suicida. Su importancia radica en que pueden abrir la puerta a una conversación que ayude a detectar un sufrimiento que permanece oculto.

 

Escuchar antes que intentar animar

El especialista dedicó una parte de su intervención a explicar cómo deben actuar familiares y amistades cuando alguien atraviesa una crisis emocional.

 

Una reacción frecuente consiste en intentar que esa persona recupere inmediatamente sus rutinas, salga de casa o participe en actividades sociales. Aunque la intención sea positiva, Cabrera considera que presionar puede provocar el efecto contrario.

 

«Lo importante es acompañar el estado de ánimo que tiene la persona», subrayó.

 

A su juicio, resulta más útil ofrecer compañía sin imponer decisiones. Una propuesta sencilla, como dar un paseo o mantener una conversación tranquila, puede favorecer el acercamiento si respeta el momento emocional de quien está sufriendo.

 

También recomendó evitar expresiones que comparen los problemas de una persona con los de otras o que le exijan adoptar una actitud positiva de manera inmediata.

 

Frases como «hay gente que está peor» o «la vida es muy bonita» pueden resultar contraproducentes cuando quien las escucha se encuentra inmerso en una situación de desesperanza.

 

Cabrera defendió, en cambio, una actitud basada en la comprensión, el respeto y la ausencia de juicios. El objetivo inicial no debe ser convencer a la persona de que todo está bien, sino demostrarle que su sufrimiento importa y que no tiene por qué afrontarlo en soledad.

 

La soledad, detrás de buena parte de las llamadas

La entrevista permitió conocer también cuáles son los principales motivos por los que la ciudadanía recurre al Teléfono de la Esperanza.

 

Según explicó su director técnico, la soledad y el aislamiento representan cerca del 20% de las llamadas. Sin embargo, esa sensación aparece también de manera indirecta en numerosas consultas relacionadas con problemas familiares, dificultades psicológicas, rupturas sentimentales, ansiedad, depresión, estrés o procesos de duelo.

 

Cabrera sostuvo que, detrás de situaciones personales muy diferentes, existe con frecuencia una experiencia compartida: sentir que no se dispone de alguien con quien hablar o de una red de apoyo suficiente.

 

En torno al 7% de las llamadas telefónicas incluyen cuestiones relacionadas con ideas suicidas. En un porcentaje menor se reciben comunicaciones de personas que atraviesan crisis de especial gravedad, situaciones en las que los profesionales y voluntarios activan la coordinación con el 112 cuando resulta necesario proteger su vida.

 

El psicólogo insistió en que el suicidio no responde a una causa única. Las pérdidas personales, las rupturas, los problemas de salud, las dificultades económicas o las situaciones de vulnerabilidad pueden contribuir al sufrimiento, especialmente cuando se combinan con una percepción de desesperanza.

 

En este contexto mencionó expresamente la crisis de la vivienda y los desahucios como circunstancias capaces de generar desamparo, aunque dejó claro que no existe una relación automática entre un problema concreto y una conducta suicida.

 

La participación social también protege

Frente al aislamiento, Cabrera destacó el valor de las relaciones personales y del sentimiento de pertenencia.Participar en asociaciones, practicar deporte, integrarse en colectivos culturales, mantener amistades o disponer de espacios de convivencia son factores que pueden contribuir al bienestar emocional.

 

El especialista explicó que una persona puede atravesar circunstancias muy adversas y, sin embargo, encontrar mayor capacidad para afrontarlas cuando sabe que cuenta con gente que la aprecia y está dispuesta a acompañarla.

 

Por eso defendió que las actividades comunitarias y la participación ciudadana también tienen una dimensión preventiva que suele pasar inadvertida.

 

No se trata únicamente de ofrecer asistencia cuando aparece una crisis, sino de construir entornos sociales en los que las personas se sientan vinculadas y acompañadas antes de llegar a situaciones extremas.

 

Los mayores de 80 años, un colectivo especialmente vulnerable

La conversación abordó igualmente el riesgo que afrontan las personas mayores, un sector de la población que, según Cabrera, recibe menos atención pública de la que merece cuando se habla de suicidio.

 

El psicólogo señaló que las tasas resultan especialmente preocupantes a partir de los 80 años y relacionó parte de esa vulnerabilidad con la soledad no deseada, la pérdida de autonomía, la dependencia y determinadas enfermedades.

 

A su entender, es fundamental prestar atención a los cambios emocionales en este colectivo y evitar que las dificultades propias del envejecimiento se conviertan en situaciones de abandono o desconexión social.

 

En este apartado destacó el proyecto Escuchando a las Personas Mayores de Canarias, desarrollado por el Teléfono de la Esperanza en colaboración con el Gobierno autonómico y que también ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de Telde.

 

La iniciativa busca favorecer el contacto de las personas mayores con recursos comunitarios y actividades de participación, facilitando que quienes se sienten aislados puedan establecer nuevas relaciones.

 

La importancia de hablar con niños y adolescentes

Otro de los asuntos tratados fue la prevención entre menores de edad.Cabrera explicó que la forma de abordar el sufrimiento emocional debe adaptarse a cada etapa del desarrollo. En edades tempranas, considera especialmente útil trabajar sobre el bienestar, la confianza y la capacidad para expresar preocupaciones.

 

En adolescentes, destacó la importancia de ofrecer espacios de diálogo en los que puedan hablar de sus dificultades sin temor a ser juzgados.

 

El psicólogo trasladó también una reflexión a familias y docentes: para que un menor comparta sus problemas más graves, es necesario haber mostrado previamente interés por las cuestiones que forman parte de su vida cotidiana.

 

La confianza, vino a señalar, no se construye únicamente cuando aparece una situación de alarma, sino mediante una relación continuada de atención y escucha.

 

El chat, una puerta de entrada para los jóvenes

La adaptación de los recursos de ayuda a las nuevas formas de comunicación ocupó otro tramo de la entrevista.

 

El Teléfono de la Esperanza dispone de un servicio de atención mediante chat, abierto todos los días entre las 17.00 y las 23.00 horas, que permite recibir orientación por escrito.

 

Aunque está dirigido a toda la población, Cabrera explicó que es utilizado especialmente por personas jóvenes, más habituadas a comunicarse a través de estos canales.

 

El dato más significativo es la diferencia entre las consultas recibidas por teléfono y las realizadas mediante mensajes escritos.

 

Mientras que aproximadamente el 7% de las llamadas telefónicas incluyen cuestiones relacionadas con la conducta suicida, en el chat ese porcentaje alcanza el 25%.

 

El especialista planteó que esta diferencia podría estar relacionada tanto con la mayor comodidad que algunas personas sienten al escribir como con la disposición de los jóvenes a hablar con mayor franqueza sobre determinados problemas emocionales.

 

Voluntariado formado para escuchar sin juzgar

Cabrera explicó que el funcionamiento del Teléfono de la Esperanza en Canarias descansa en buena medida sobre una red de voluntariado especializado.

 

La entidad dispone de un equipo técnico integrado por cuatro profesionales de la psicología, mientras que la atención se apoya también en personas voluntarias procedentes de diferentes ámbitos profesionales.

 

Según detalló, quienes realizan esta labor pasan por procesos de selección y una formación que se prolonga durante más de un año.

 

El objetivo es que las personas que contacten con el servicio encuentren a alguien preparado para escuchar, acompañar y orientar sin emitir juicios sobre su situación.

 

Cuando resulta necesario, la entidad también facilita el contacto con recursos sanitarios, sociales o comunitarios.

 

Dónde pedir ayuda

En la recta final de la entrevista, José Cabrera recordó los teléfonos de atención del Teléfono de la Esperanza: 717 003 717 y 928 334 050. Ambos permiten acceder al mismo servicio y conectar con los centros de atención disponibles.

 

También recordó la existencia del 024, la línea pública de atención a la conducta suicida. En situaciones de emergencia o peligro inmediato debe contactarse con el 112.

 

El director técnico cerró su participación en La Alameda con una idea que recorrió toda la conversación: pedir ayuda no debe entenderse como un signo de debilidad, sino como una respuesta necesaria cuando el sufrimiento empieza a resultar difícil de sostener.

 

Una reflexión que sitúa la escucha, el acompañamiento y la prevención en el centro de un desafío que afecta al conjunto de la sociedad.

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