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Domingo, 11 de Octubre de 2026

Actualizada Domingo, 11 de Octubre de 2026 a las 13:21:35 horas

Colaboración

Telde: ¿¡Hay que joderse!?

Reflexión de Víctor García León, profesor

VÍCTOR GARCÍA LEÓN 2 Domingo, 11 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 11 de Octubre de 2026 a las 12:45:45 horas

Pido perdón por haber elegido un título tan mal sonante. Lo hice porque me propongo hablar de Telde, mi ciudad, y quiero preguntarme y preguntar si, cuando miramos cómo se han hecho –o se hacen– tantas cosas en Telde, solo nos cabe conformarnos con soltar un par de palabrotas.

 

               El día a día de nuestra ciudad no es “para tirar voladores”. Por mencionar solo algunas deficiencias: la limpieza y el aspecto general de muchas de las calles es deplorable, el estado del asfaltado es más propio de un videojuego nada simpático (¡esquive el bache o pierda vidas!), el arbolado es muy insuficiente o está mal elegido, y nuestra dispersa población casi apenas cuenta con otra posibilidad que usar el coche (y sortear baches) para desplazarse por el municipio. Si esto, y más, entra en el “debe” diario, deberíamos ser justos y apuntar algo en el “haber”, aunque lo único que parece destacar en este sentido es la cantidad de fiestas y festejos que aquí se celebran. Por supuesto que hay cuestiones que se gestionan bien y, en cualquier caso, tengo claro que la administración pública es muy amplia y compleja, así que procuro recordar que las condiciones mínimas para el funcionamiento de la ciudad dependen del esfuerzo continuo de responsables políticos y empleados del Ayuntamiento, y habría que reconocérselo de modo general.

 

               Pero en lo que ahora me quiero centrar es en aspectos de la realidad teldense que van más allá de lo inmediato, y que nos afectan desde hace años y seguirán afectándonos, salvo que se les ponga (¡ojalá!) remedio. Hablo de una serie de intervenciones, fundamentalmente relativas a infraestructuras, en las que el denominador común es su mala o nula ejecución, de lo que resulta su imposibilidad de uso o, como mucho, un uso deficiente de ellas. Hablo de la estación de guaguas, reducida a una acera para una buena parte de los usuarios; del auditorio del Parque de la Barranquera, tempranamente cerrado por peligroso; del segundo carril que le corresponde al puente entre el Casco y San José de las Longueras, aún sin habilitar años y años después de construirse este; del edificio del mercado municipal, varios años cerrado, y que previsiblemente abrirá antes de las elecciones, como ya lo ha hecho el Paco Artiles (y esperemos que, en ambos casos, podamos comprobar con el tiempo que su ejecución ha sido la correcta); de los aparcamientos subterráneos junto al Palacio de las Artes y la Cultura; o de este mismo Palacio, verdadero monumento a la inutilidad. Estos ejemplos son ya verdaderos “clásicos”; lo peor es que hay casos recientísimos, como los “aparcamientos modulares” cercanos a los colegios San Juan, Poeta Fernando González y Plácido Fleitas, que no sé si llegaron a funcionar, o el cierre de los de las oficinas municipales, en El Cubillo. Y los que he citado no son, ni mucho menos, los únicos, incluso ciñéndonos al casco (porque seguro que otras personas podrían citar más por el estilo en algunos de los restantes barrios).

 

               ¿Por qué se repite y se mantiene este patrón, a qué se debe? Podríamos hablar de falta de previsión, descoordinación, falta en general de seriedad… Lo que está claro es que el resultado es que, en demasiadas ocasiones, se invierte mucho dinero público con un resultado flagrantemente desastroso. Cuánto puede haber habido de corrupción, cuánto de desidia o, simplemente, de incapacidad, no soy quién para decirlo. Pero es evidente que, hasta donde llego, nadie ha respondido ni responde por esta cadena de “calamidades”, ni política, ni económica ni penalmente. La  resolución del Caso Faycán, por ejemplo, después de años y años de tramitación, no ayudó precisamente a reforzar la idea de que “quien la hace, la paga”.

 

               Habrá quien piense que “en todos lados cuecen habas”. Es verdad, y también que Telde comparte problemas que son generales de Canarias (enormes: vivienda, patrimonio, masificación turística, falta de futuro…) o del país entero. Pero también tenemos que afrontar los propios nuestros, o aquellos que aquí se agravan. Por decir algo, ¿no tenemos derecho a disfrutar de una estación de guaguas en condiciones, como en la mayoría de municipios de la isla?

 

               Y llegamos a otra pregunta: ¿qué podemos –o debemos– hacer… la ciudadanía, las organizaciones sociales, las fuerzas políticas presentes en el Ayuntamiento? En cuanto a estas últimas, teniendo en cuenta que todas han participado en algún momento en el Gobierno Municipal (o son herederas de alguna que sí lo ha hecho), habría que pedirles que afronten estas cuestiones con honestidad y valentía, haciéndose cargo de su responsabilidad, mayor o menor según el partido de que se trate, porque por su acción u omisión hemos llegado al panorama actual (que a veces lleva a algunas personas a concluir que “Telde no tiene remedio”, como si sufriéramos –ja– una especie de maleficio). En cualquier caso, lo que no cabe, lo que rechina, es ese triunfalismo sin fundamento que se manifiesta en tantas intervenciones públicas, o los lemas que hablan de poner por delante a “los nuestros”; ¿quiénes son esos “nuestros”…? ¿La ciudadanía en general, que sufrimos todas esas carencias y esa manera de hacer las cosas, o quiénes…?

 

               En cuanto a esta ciudadanía, y las entidades sociales en que una parte de ella se organiza (asociaciones vecinales, culturales, ecologistas…), creo que lo que nos toca es reclamar y promover una mayor implicación en la vida pública, mostrando nuestra disposición a colaborar en la mejora del municipio, pero siempre desde el espíritu crítico, partiendo de los derechos que las instituciones (y otros poderes) nos deben reconocer y rechazando las manipulaciones y los simplismos, como el de quienes se basan en la antipolítica (“todos los políticos son iguales, todos vienen a robar”) y que solo buscan conseguir, precisamente, poder para ellos (o para los intereses que defienden). En resumen, necesitamos fomentar la participación ciudadana, sobre la base de fortalecer nuestros derechos con más democracia real.

 

               Para concluir: ojalá dentro de algunos años pueda contestarles con más facilidad a mis hijas si me vuelven a decir que “Telde es una…”, que la gente de su edad no tiene nada, que, por ejemplo, ni siquiera han podido disfrutar de un cine en el casco, ni hay transporte público que las lleve o las traiga del centro comercial donde sí hay… Porque mi primer impulso, cuando me lo dijeron, fue contestarles que no era para tanto, defender mi ciudad como siempre había hecho, admitiendo carencias pero mostrando orgullo de ser de aquí…, pero cuesta, ahora mismo cuesta, y mucho.

 

               Ojalá –como decía– en unos años, empezando por la gente de su edad, hayamos tomado conciencia ciudadana suficiente, se hayan definido y reforzado nuestras organizaciones sociales, varias fuerzas políticas apuesten con claridad por el necesario cambio de rumbo y quizá hayan adquirido relevancia otras que lo impulsen con contundencia, para poder contestarles que no, que Telde no es una…, que las cosas están cambiando y que, incluso, desde Telde estamos cada vez más capacitados para ayudar a impulsar la transformación socio-económica que tanto, y con tanta urgencia, necesita nuestra castigada isla y Canarias en general.

 

Víctor García León es profesor.

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