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Domingo, 04 de Octubre de 2026

Actualizada Domingo, 04 de Octubre de 2026 a las 09:41:10 horas

El teldense relata en La Alameda su experiencia tras recibir un trasplante de pulmón

«¿Quiere vivir 20 años más?»: la llamada que cambió la vida de Quico Melián

El exfuncionario municipal sufrió nueve horas de quirófano para volver a respirar

TELDEACTUALIDAD/Telde Domingo, 04 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 04 de Octubre de 2026 a las 09:30:06 horas

A las ocho de la mañana sonó el teléfono. Al otro lado estaba el hospital y una pregunta que Juan Francisco Melián Vega, Quico Melián, difícilmente podrá olvidar: “¿Quiere vivir 20 años más?”. Aquella llamada puso fin a la espera y abrió la puerta a una intervención de nueve horas, tres días críticos y una segunda oportunidad que hoy resume con una frase tan sencilla como contundente: “Estoy vivo”. 

 

El conocido y querido exfuncionario del Ayuntamiento de Telde ha relatado su experiencia personal en una entrevista con Sonia Vega en La Alameda, el programa de TELDEACTUALIDAD Radio Pódcast. Una conversación alejada de su trayectoria profesional para adentrarse en el diagnóstico de una fibrosis pulmonar, el progresivo deterioro de su capacidad respiratoria, su entrada en la lista de espera y el trasplante que recibió en 2023. El programa puede escucharse a las 7.00, 13.00 y 19.00 horas en TELDEACTUALIDAD RADIO PÓDCAST hasta el próximo 7 de octubre. A partir de ese día pasará a la programación habitual de la emisora digital.

 

Melián habla sin dramatismos y con la naturalidad que le caracteriza. No oculta la dureza del proceso ni las limitaciones que condicionan ahora su vida, pero por encima de todas ellas coloca una certeza: continúa aquí gracias a la decisión de una persona que, en algún momento, decidió ser donante.

 

El cansancio fue la primera señal

Los primeros síntomas aparecieron de manera progresiva. Quico Melián formaba parte de un grupo de amigos que acostumbraba a caminar y comenzó a comprobar que ya no podía mantener el mismo ritmo.

 

“Empezaba yo a notar como que me cansaba”, recuerda. Inicialmente se sometió a controles cardiológicos, convencido de que el problema podía estar relacionado con el corazón. Después de meses de seguimiento y pruebas, el especialista descartó esa posibilidad y le aconsejó acudir a Neumología.

 

Fue entonces cuando llegó el diagnóstico: fibrosis pulmonar. Melián explica la enfermedad de una forma gráfica: el pulmón va perdiendo progresivamente su capacidad para expandirse y, con ello, disminuye la entrada de aire. En su caso, aquella falta de oxígeno se traducía inicialmente en cansancio, pero la dificultad fue avanzando poco a poco.

 

Las espirometrías, analíticas, radiografías y pruebas de esfuerzo comenzaron a formar parte de su rutina médica. El diagnóstico no significó que inmediatamente tuviera que someterse a un trasplante. Primero llegó la medicación destinada a ralentizar la evolución de la enfermedad y un seguimiento constante de su situación.

 

De las pruebas a la lista de espera

La posibilidad del trasplante apareció cuando la enfermedad avanzó hasta el punto en que los especialistas consideraron necesario valorar esa opción.

 

Antes de incorporarse a la lista de espera tuvo que superar una evaluación exhaustiva. “Te miran de arriba abajo hasta las uñas de los pies”, explica Melián al describir el nivel de control médico previo a una intervención de estas características.

 

Los especialistas debían comprobar su estado general y descartar otros problemas que pudieran comprometer el resultado del trasplante. Radiografías, espirometrías y diferentes pruebas fueron sucediéndose hasta completar el estudio.

 

Quico Melián se considera especialmente afortunado por lo que ocurrió después. Una vez incluido en la lista, la espera se prolongó aproximadamente dos meses hasta que apareció un órgano compatible con sus características. 

 

La llamada de las ocho de la mañana

Es uno de los momentos centrales de su relato. Melián recuerda perfectamente aquella mañana en la que vio aparecer en el teléfono el número del hospital.

 

Eran aproximadamente las ocho cuando recibió la comunicación que llevaba semanas esperando.

 

“¿Quiere vivir 20 años más?”, le preguntaron. Su respuesta fue inmediata: “Claro, hombre, ¿cómo que no?”.

 

La instrucción que recibió a continuación fue igualmente clara: preparar lo necesario y acudir al centro hospitalario porque ya había unos pulmones disponibles y la intervención se realizaría esa misma tarde-noche.

 

“No tardé ni media hora en llegar al hospital”, recuerda.

 

Y frente a lo que pudiera imaginarse ante una operación de semejante envergadura, asegura que no sintió miedo. Su estrategia durante todo el proceso fue evitar anticiparse a lo que podía ocurrir.

“Yo entré riéndome al quirófano”, relata. 

 

Nueve horas de operación y tres días críticos

La intervención duró alrededor de nueve horas. Comenzó un día 27 y terminó el 28.Fue una operación compleja y hubo un momento especialmente delicado. Según relata Melián, cuando los cirujanos procedían a implantar el segundo pulmón se produjo una complicación que afectó al funcionamiento de otros órganos y fue necesario recurrir a soporte mecánico.

 

Los tres días siguientes resultaron críticos mientras el equipo sanitario comprobaba cómo respondía su organismo.

 

El propio protagonista no intenta suavizar lo que vino después. “El posoperatorio es jodido”, afirma con franqueza.

 

Aun así, destaca constantemente el papel del personal sanitario. Recuerda permanecer rodeado de máquinas, cables y medicación, pero también de profesionales pendientes de su evolución en todo momento.

 

“Tú ahí no estás solo nunca”, afirma sobre la asistencia recibida.

 

“Cada persona es un mundo”

A quienes se encuentran actualmente esperando un trasplante, Quico Melián les transmite una recomendación basada exclusivamente en su experiencia: evitar anticiparse constantemente a lo que pueda suceder.

 

Considera que cada paciente responde de manera diferente y que las experiencias ajenas no tienen por qué reproducirse en otra persona. “Cada persona es un mundo”, insiste.

 

Su proceso tampoco terminó al abandonar el quirófano. Melián reconoce que ha tenido que aprender a convivir con determinadas molestias y asumir que existen secuelas que forman parte de su nueva realidad.

 

“Yo tengo mentalizado que vivo con el dolor”, explica. Eso no significa, añade, renunciar a mantenerse activo. “Me duele el pecho porque me duele. Yo voy a seguir caminando y haciendo mi vida”.

 

En ese camino destaca la seguridad que le proporciona saber que continúa bajo una estrecha supervisión médica. Neumólogos, cardiólogos y el resto del equipo realizan controles continuos sobre los pacientes trasplantados.

 

Una vida distinta

El trasplante le permitió continuar viviendo, pero no recuperar exactamente la vida anterior. Melián estima que su día a día ha cambiado “por lo menos un 70%”.

 

Antes de la intervención, la fibrosis había convertido respirar en una dificultad creciente. Después del trasplante desapareció aquella situación extrema, pero aparecieron nuevas precauciones derivadas de su condición de trasplantado y del tratamiento inmunosupresor.

 

Evita lugares muy concurridos o utiliza mascarilla cuando considera necesario protegerse. También debe extremar las precauciones frente a infecciones y controlar determinados aspectos relacionados con los viajes y la alimentación.

 

Un simple proceso infeccioso puede resultar mucho más complicado para una persona trasplantada, explica, de ahí que su vida actual esté acompañada por numerosas medidas preventivas.

 

Pero cuando Sonia Vega le pregunta cuál es la contrapartida a todas esas limitaciones, Quico Melián no necesita pensarlo demasiado:

 

“Es que estoy vivo. No es otra. Estoy vivo y sigo en esta tierra aquí viviendo, dando la lata y divirtiéndome con mis amigos”. 

 

El donante que nunca conocerá

La parte más emotiva de la conversación llega al hablar de la persona cuyos órganos hicieron posible su trasplante.

 

Melián no sabe quién fue. Tampoco conocerá su identidad. Pero expresa un profundo agradecimiento hacia quien tomó la decisión de donar y hacia una familia que atravesó una pérdida mientras otras personas recibían una posibilidad de continuar viviendo.

 

“La persona que recibe el órgano, en este caso yo, tiene que estar enormemente agradecida de que esa persona fuera donante de sus órganos para que vivieran otras personas. Eso no se agradece nunca”, reflexiona.

 

El teldense anima abiertamente a la ciudadanía a plantearse la donación de órganos. Su propia historia, sostiene, demuestra lo que ese gesto puede significar para alguien cuya supervivencia depende de recibir un órgano compatible.

 

Para Quico Melián, detrás de la palabra donación ya no existe un concepto abstracto. Tiene la dimensión concreta de una llamada a las ocho de la mañana, nueve horas en un quirófano y la posibilidad de seguir caminando con sus amigos.

 

La entrevista de La Alameda termina así convertida en algo más que el relato de una enfermedad. Es la historia de un hombre que reconoce las dificultades de su nueva vida, pero que las coloca frente a una realidad que para él pesa mucho más que todas ellas: alguien a quien nunca conocerá decidió donar sus órganos y aquella decisión le permitió seguir viviendo.

 

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