Esto debía estallar por algún lado. O estábamos muertos. La situación social de este país era ya insostenible. El desbordamiento de los precios de los alimentos, de la gasolina y de los alquileres eran algunos de los verdaderos problemas. Aunque algunos se empeñaran en presentar una España invadida por hordas árabes y por otros más pobres que ellos, al final han despertado.
Los problemas reales eran los que ahogan a la clase trabajadora, a los estudiantes, a los pensionistas y, en definitiva, a todos los ciudadanos expulsados de sus barrios y ciudades por la avaricia de los grandes tenedores y de los fondos buitre. Buitres que, como carroña, acechan para que las vísceras de los desahuciados, de los excluidos y de los más vulnerables queden expuestas y puedan lanzarse sobre su presa.
No era posible sostener indefinidamente la opresión de miles de personas atrapadas en un sistema injusto que beneficia a unos pocos y desangra a muchos.
Tal vez hayamos aprendido que la ideología importa; que los valores y la ética condicionan las decisiones que se toman; que la ley del más fuerte que se impone a escala global también afecta a nuestra vida diaria, y que el neocapitalismo salvaje es un sistema implacable con el más débil e inmune al dolor humano.Lo hemos visto en el desahucio de una anciana, Mari Carmen, un símbolo de lo que nos puede pasar a cualquiera. Una persona al final de sus días, expulsada de su propia vivienda, que había pagado regularmente durante más de 50 años. Mari Carmen ha puesto sobre la mesa uno de los verdaderos problemas de este país.
Pero las grandes y pequeñas revoluciones las hacen los hombres y mujeres, los jóvenes con su pasión e ímpetu y los explotados con su hartazgo. Se anuncian manifestaciones de sindicatos, asambleas de estudiantes y movilizaciones de ciudadanos cabreados y hartos de este atraco. Y, si nadie lo evita, podría llegar una huelga general.
Se prevé un otoño caliente. Un otoño en el que se tomarán decisiones importantes y en el que cada político quedará retratado por lo que diga, por lo que haga y, sobre todo, por lo que aporte de verdad a la solución de esta situación.
Podría ser una buena estrategia para el Gobierno adelantar las elecciones generales, porque las protestas podrían escorarse hacia la izquierda y favorecerla. Además, esta movilización no se dirige directamente contra los socialistas, sino contra quienes han impedido que salga adelante en el Parlamento una ley de arrendamiento y contra quienes no han tenido la humanidad ni la decencia de evitar una situación como la que vivió Mari Carmen.
La derecha ya se ha posicionado a favor de la propiedad, es decir, de la propiedad de unos pocos, pero no de quienes, aun trabajando, no pueden acceder a ella. Mientras la presidenta de la Comunidad de Madrid acusa de malhechores, comunistas y gente con cuchillos y hornillos a los manifestantes de la Plaza Mayor de Madrid, la extrema derecha vuelve con el mismo argumento para desviar la atención del problema. Estos señoritos andaluces no quieren ver la revolución del pueblo, de quienes se manifiestan en calles y pueblos.
La crisis de la vivienda ha situado en primer plano uno de los grandes problemas de España: el enriquecimiento de determinados lobbies frente al empobrecimiento progresivo de la clase trabajadora. La imposibilidad de vivir dignamente, de disponer de un lugar donde vivir, se ha convertido en una realidad para cada vez más personas.
Se avecina un otoño histórico que puede marcar un antes y un después. Un otoño que, con el paso del tiempo, nos recordará quiénes fuimos y qué fuimos capaces de hacer para defender nuestros derechos.
Esto debía estallar. Y lo ha hecho.
Nieves Rodríguez, profesora y escritora.









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