Pedro Sánchez vuelve a detener a España en su reflexión ‘monclovita’ enclaustrada. Al igual que hizo cuando, enamorado, misiva mediante al pueblo, paralizó la vida política para después decir que seguía, con visita previa al monarca. Las genuflexiones y formas del ‘sanchismo’ rampante son inefables. Ahora, con ventana electoral (supuesta) al alimón del drama de la vivienda, masculla si convocar elecciones generales antes que finalice 2026 o proseguir en sus andanadas donde consuma a España y al PSOE. Tras
el paréntesis aquel de 2024, comenzaron las (presuntas) cloacas organizadas desde Ferraz para incomodar a jueces y periodistas.
Si Sánchez pierde las elecciones generales y deja La Moncloa, deja tirada a los pies de los caballos a Begoña Gómez. Su esposa y madre de sus dos hijas está acusada por dos delitos: tráfico de influencias y malversación de caudales públicos. El juicio será justo en 2027 ante un jurado popular; vamos, que será la propia ciudadanía organizada procesalmente la que dictamine la suerte penal de Gómez. Y esa es la gran clave que atraviesa a Sánchez en estos días, la que le incita a dejar las cosas como están.
Estirar el chicle presidencial hasta el verano de 2027 no es baladí. Sobre todo, porque las encuestas señalan que si hubiera hoy comicios, perdería el ‘sanchismo’. A la vez, el impulso demoscópico de la ultraderecha es fruto (entre otros motivos) del frentismo y la polarización social que irresponsablemente ha impulsado Sánchez. Ha roto consensos sistémicos, es camaleónico y está dispuesto a lo que se tercie con tal de apurar algo más el periplo ‘monclovita’.
Debería pasar el testigo cuanto antes a otro dirigente socialista. Y, desde luego, no presentarse a las elecciones generales, sean ya o en 2027. Mas su ansia de poder es insaciable. Necesita la plataforma presidencial para mitigar la situación judicial de Gómez, aunque por fortuna sigue existiendo la separación de poderes y, por tanto, de poco le valdrá. Mas si deja de ser jefe del Ejecutivo, tendría todo perdido. Esta es la disyuntiva de un hombre sometido a la incuria, la corrupción y la podredumbre moral que ha destrozado, primero, al PSOE como formación con sentido de Estado y, segundo, la paz social que (mal que bien) asegura el neoturnismo. De ahí, el miedo a Vox más que entendible en cuanto que Sánchez ha quebrado los puentes bipartidistas. A ver qué decide. O, simplemente, deja todo en el aire con otra opereta como la de 2024. El desenlace judicial de Gómez le sobrevuela.









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