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Jueves, 01 de Octubre de 2026

Actualizada Jueves, 01 de Octubre de 2026 a las 08:31:38 horas

Primera Plana

Palabra de Guerra

Columna de Rafael Álvarez Gil

RAFAEL ÁLVAREZ GIL RAFAEL ÁLVAREZ GIL Jueves, 01 de Octubre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Jueves, 01 de Octubre de 2026 a las 07:14:11 horas

Hubo un tiempo en el que una conferencia de Alfonso Guerra concitaba la expectación del aparato socialista. Primero, por su indiscutible relevancia política en la Transición y en democracia. Segundo, porque con su donaire mitinero representaba al ala izquierda del PSOE; vamos, personificaba el desahogo emocional de una militancia que en el sevillano escuchaba el discurso que la presencia en las instituciones impedía en el día a día cotorrear. Guerra era el fiel guardián del candado en Ferraz. Tan temido com[Img #1069281]o respetado territorialmente en las agrupaciones de norte a sur, su palabra iba a misa. “Roma locuta, causa finita”.

 

Desde que el hatajo de conmilitones retrecheros de Pedro Sánchez laminó lo que llamaron el “viejo” PSOE para abrazar dispares causas camaleónicas, al tuntún, sin ton ni son, que acabó por podemizarse, pero, encima, en versión degradada (el primer Podemos tuvo mejores cuadros que el ‘sanchismo’), enseguida el exvicepresidente del Gobierno perdió ascendencia.

 

Esta semana el socialista protagonizó en Toledo una conferencia de la mano de Rodolfo Martín Villa (UCD) y el presidente autonómico Emiliano García-Page a cuenta de los cincuenta años en democracia. Entre otras ideas, Guerra lanzó que tendría dudas de que el PSOE hoy suscribiera el pacto de la Transición. Y no le falta razón.

 

El ‘sanchismo’ es capaz de hacer todo lo que se tercie para prolongar la estancia en el poder y degradar a las instituciones. No porque esos virajes ideológicos se los crea fruto de la convicción y el denuedo de la reflexión sino porque su afán camaleónico es insaciable en cuanto que responde al afán de perpetuarse en primera línea al coste que sea, tanto para el sistema democrático del país como del PSOE.

 

Así y todo, lo que Guerra explora no es nada nuevo bajo el sol. Y si esto supone enarbolar irresponsablemente la bandera de la Tercera República, Sánchez lo hará. La pérdida de fuste de los líderes políticos sale caro a la sociedad. No ocurre ahora ni mañana, pero, con el tiempo, la incuria y la desaparición progresiva de lo que eran los partidos, conlleva una banalización del orden que deriva en el caos.

 

Cuando Guerra apela a los aciertos de Juan Carlos I en la Transición, al margen del elefante cazado y desmanes financieros posteriores, está legitimando un relato de éxito que fue pasar (con sus luces y sus sombras, siempre mejorable) de la dictadura a la democracia. Guerra entonces, de poder elegir, hubiera escogido un modelo republicano material y formal. Mas el sentido de Estado y el pluralismo, así como integrar al resto del arco parlamentario, empuja a ceder. Eso es la política. Y no la epatante dejadez de trapalones que, al retortero, se sirven de faramallas para obtener réditos personalistas de toda ralea.

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