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Martes, 29 de Septiembre de 2026

Actualizada Martes, 29 de Septiembre de 2026 a las 08:32:09 horas

Opinión

La puerta que Telde llevaba décadas esperando

Reflexión de Juan Antonio Peña sobre la inauguración de la Casa de los Sall

JUAN ANTONIO PEÑA MEDINA Martes, 29 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Martes, 29 de Septiembre de 2026 a las 07:58:00 horas

Alguno llegó a pensar que este día nunca llegaría. Algunos, desgraciadamente, se fueron sin poder verlo. Otros fueron perdiendo la esperanza con el paso de los años. Y hubo quienes, quizá por cariño a San Francisco, por amor al patrimonio de Telde o simplemente por esa obstinación tan nuestra de no dar nunca por perdida una buena causa, continuaron creyendo que algún día aquellas puertas terminarían abriéndose. Ese día ha llegado.

 

Quedan apenas unas horas para que la Casa de los Sall abra definitivamente sus puertas a Telde y a la sociedad canaria. Y resulta difícil escribir estas palabras sin volver la vista atrás, porque detrás de una puerta que se abre hay muchos años en los que permaneció cerrada.

 

La Casa de los Sall ha estado ahí todo este tiempo. Silenciosa. Imponente. Esperando. Quizá esa sea la mejor metáfora de lo ocurrido: un edificio preparado para albergar vida mientras la vida seguía pasando delante de sus puertas.

 

Parece que fue ayer cuando el concejal de Cultura, mi compañero Juan Martel, me decía con la ilusión de quien sabe que tiene una tarea difícil por delante: «Si todo sale bien, la Casa de los Sall la abrimos en breve». Y se puso a ello. Sin demasiado ruido. Sin grandes anuncios. Sin titulares anticipados.

 

Comenzó a revolver expedientes, antecedentes, informes y procedimientos; a preguntar aquí y allá, a llamar puertas y a resolver cuestiones que desde fuera pueden parecer pequeñas, pero que durante años habían impedido algo tan sencillo de explicar como complejo de conseguir: abrir la casa.

 

Una de ellas era disponer de suministro eléctrico. Sí. Después de tantos años, rehabilitaciones, proyectos e intenciones, todavía quedaban cuestiones administrativas y materiales por resolver para que aquel inmueble pudiera funcionar con normalidad. Juan Martel lo abordó durante el primer año de este mandato.

 

Después llegaron otras muchas tareas: acondicionar, adaptar, revisar, limpiar y volver a limpiar. Preparar cada dependencia, comprobar cada espacio y hacer habitable aquello que durante demasiado tiempo había permanecido esperando. Porque recuperar patrimonio no consiste solamente en restaurar paredes. El patrimonio se recupera de verdad cuando vuelve a tener vida.

 

Sería profundamente injusto contar esta historia sin detenerme en las personas que han dedicado horas, preocupaciones y muchísimo esfuerzo para llegar hasta aquí. Quiero hacer una mención muy especial al técnico municipal José Manuel García. Hay trabajos que se hacen porque corresponden. Y hay otros a los que, además del trabajo, se les pone una parte de uno mismo.

 

También era imprescindible resolver otra cuestión: contar con la autorización de la institución propietaria. Y ahí encontramos igualmente colaboración.

 

El inmueble es propiedad del Cabildo de Gran Canaria, que cedió su uso al Ayuntamiento de Telde en la década de los noventa. Para esta nueva etapa necesitábamos nuevamente la conformidad insular. Quiero agradecer especialmente la implicación del consejero Teodoro Sosa, que entendió desde el primer momento lo que significaba para Telde recuperar este espacio y ayudó a que los trámites necesarios avanzaran correctamente.

 

No se trataba simplemente de autorizar el uso de un edificio. Se trataba de permitir que un pedazo de la historia de Telde regresara a los teldenses.

 

Pero esta historia tampoco comienza con nosotros. Y sería injusto escribirla como si así fuera. Muchas de las cosas importantes que consigue una ciudad son el resultado de una cadena de personas que, en momentos diferentes, fueron colocando pequeñas piedras hasta construir un camino.

 

La Casa de los Sall llegó al patrimonio público después de una singular operación entre instituciones insulares. La documentación histórica y las crónicas sobre el inmueble recogen la permuta entre el Cabildo de Gran Canaria y el Cabildo de Tenerife, institución a la que había llegado la propiedad, mientras la corporación grancanaria disponía de terrenos en el Valle de La Orotava. Aquello no ocurrió por casualidad.

 

Detrás existió también una inquietud ciudadana y vecinal en San Francisco y el convencimiento de que aquella propiedad tenía que preservarse y ponerse algún día al servicio de la sociedad.

 

Y en esa historia merece un reconocimiento especial Antonio María González Padrón, Cronista Oficial e Hijo Predilecto de Telde, porque pocas personas han defendido con tanta constancia, conocimiento y pasión el patrimonio histórico de nuestra ciudad y, particularmente, el barrio de San Francisco. Antonio González fue durante años una de esas voces que no permitió que la Casa de los Sall cayera en el olvido. Reivindicó su valor, recordó su historia, insistió en la necesidad de preservarla y mantuvo viva la aspiración de verla algún día abierta y al servicio de la cultura. También esta apertura lleva algo de su perseverancia, de su memoria y de esa lucha incansable por proteger aquello que explica quiénes somos.

 

Por eso quiero recordar también a quienes participaron en aquella etapa. Al que fuera presidente del Cabildo Carmelo Artiles; al que fuera concejal de Cultura Juan Sánchez; y al consejero teldense Ezequiel López, vinculado a aquella ansiada operación que permitió que la Casa de los Sall quedara definitivamente ligada al patrimonio público de Gran Canaria y al futuro de Telde. Cada generación ha tenido su cometido. A unos les correspondió luchar para que no se perdiera. A otros, rehabilitarla. A otros, intentar darle un destino. Y a nosotros nos ha correspondido abrirla.

 

Tal vez el destino cultural de este inmueble estuviera escrito mucho antes de que cualquiera de nosotros pudiera imaginarlo.

 

La vivienda perteneció a la familia Sall, una saga ligada a nombres extraordinarios de nuestra cultura. En ella encontramos conexiones familiares con Manolo Millares, uno de los grandes nombres del arte canario contemporáneo; con los poetas Agustín Millares y José María Millares; y con el inolvidable timplista Totoyo Millares.

 

Por eso hay algo especialmente hermoso en que sus habitaciones vuelvan ahora a llenarse de palabras, fotografías, pintura, música y pensamiento. Como si la casa hubiera estado esperando durante décadas para recordar aquello para lo que parecía destinada.

 

Este miércoles, cuando crucemos por primera vez sus puertas abiertas, no estaremos simplemente entrando en un inmueble histórico. Estaremos devolviendo una casa a la cultura y la cultura a una casa.

 

Y no podía existir mejor manera de comenzar. La Casa de los Sall abrirá coincidiendo con las Fiestas de San Francisco, y tendrá como primer gran protagonista a Jesús Ruiz Mesa, pregonero de las fiestas y profundo conocedor de nuestra tierra.

 

A partir de ahora queremos que la Casa de los Sall tenga vida permanente. El inmueble queda incorporado al proyecto cultural municipal y está previsto que GESTEL participe en su gestión y dinamización para convertirlo en uno de los nuevos espacios culturales de referencia del casco histórico.

 

Pero los edificios culturales no pertenecen realmente a quienes los administran. Pertenecen a quienes los habitan. Y desde este miércoles, la Casa de los Sall queda, sobre todo, en manos de la ciudadanía.

 

Me gustaría imaginar sus salas dentro de unos años. Una tarde cualquiera. Una presentación de un libro. Una pequeña exposición. Dos escritores conversando. Un grupo de jóvenes descubriendo la historia de Telde. Una asociación preparando un encuentro. Una velada poética mientras San Francisco comienza a quedarse en silencio. Alguien leyendo sentado en uno de sus rincones. Alguien descubriendo por primera vez a nuestros poetas.

 

Quiero imaginar palabras de Tomás Morales, Saulo Torón, Agustín Millares o Patricio Pérez Moreno atravesando alguna noche sus habitaciones. Quiero imaginar artistas que todavía no conocemos exponiendo allí por primera vez. Y quiero imaginar a nuestros mayores entrando y diciendo: «Por fin». Porque para eso recuperamos el patrimonio. No para contemplarlo desde fuera.Sino para vivirlo.

 

Tal vez este sea también un buen momento para explicar una forma de entender la responsabilidad pública. La apertura de la Casa de los Sall no ha tenido durante estos años grandes titulares anunciando cada paso. No hemos contado cada reunión. No hemos comunicado cada llamada. No hemos anunciado cada expediente que se movía. Hemos preferido que llegara el día en que pudiéramos decir algo mucho más sencillo: abre.

 

Hay momentos para contar lo que se pretende hacer y momentos para demostrar lo que se ha hecho. Y quizá estemos entrando en una etapa en la que conviene recuperar una máxima muy sencilla: trabajar más de lo que se habla y procurar que los hechos sean quienes terminen hablando por nosotros.

 

Durante demasiado tiempo la Casa de los Sall fue protagonista de proyectos, intenciones y anuncios. Ahora será protagonista de algo mucho más importante: personas entrando por su puerta.

 

Y termino como empecé. Con aquel comentario de Juan Martel. «Si todo sale bien, la Casa de los Sall la abrimos en breve». Gracias, Juan. Gracias por ilusionarte con los proyectos. Por ese trabajo de hormiguita que tantas veces pasa desapercibido. Por tu insistencia. Por preguntar una vez más cuando parecía que ya se había preguntado todo. Por tu experiencia y tu veteranía. Y, sobre todo, por contagiar la convicción de que algunas cosas que llevan décadas sin resolverse pueden solucionarse si alguien decide no conformarse.

 

Gracias también a todo el equipo de Cultura, al personal municipal y al equipo de Alcaldía.

 

Quiero reconocer especialmente el trabajo desarrollado desde la Jefatura del Servicio de Cultura, Diego López y la colaboración de Marta Garrido, desde la Secretaría de la Junta de Gobierno, porque en la Administración los grandes días también son posibles gracias a quienes conocen cada procedimiento, revisan cada documento y hacen que aquello que políticamente imaginamos pueda convertirse administrativa y jurídicamente en una realidad.

 

Y gracias a todas las personas que estuvieron antes. A quienes lucharon por conseguir la casa. A quienes defendieron su conservación. A quienes proyectaron su rehabilitación. A quienes soñaron con verla abierta. Y especialmente a aquellos que soñaron con este momento y no pudieron llegar a verlo.

 

Este miércoles, de alguna manera, también abriremos la puerta por ellos. Durante décadas, la Casa de los Sall fue una casa esperando a Telde. Desde este miércoles será Telde quien habite la Casa de los Sall. Que entren los libros. Que entre la fotografía.Que entren los pintores. Que entren nuestros poetas. Que entren los músicos.Que entren las asociaciones. Que entren nuestros niños y nuestros mayores. Que entren quienes tengan algo que contar y quienes simplemente quieran escuchar. Que entre San Francisco. Que entre Telde. Y que esta vez la puerta no vuelva a cerrarse nunca.

 

Juan Antonio Peña es alcalde de Telde.

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