El Círculo Cultural de Telde se convirtió el pasado viernes en un particular jardín sonoro. El mar, los pájaros, las montañas, los jardines y hasta la actividad de las propias plantas fueron protagonistas de una velada en la que Turcón-Ecologistas en Acción propuso descubrir la naturaleza a través de algunas de las grandes páginas de la historia de la música.
La actividad abrió una nueva temporada del ciclo Mujer y Medio Ambiente y tuvo como protagonista a Isabel Costes, directora de la Orquesta Sinfónica del Atlántico y Premio Más Mujer 2025. La especialista condujo al público por varios siglos de creación musical para explicar cómo el paisaje y los fenómenos naturales han sido una fuente constante de inspiración para los compositores.
De Vivaldi a Stravinsky
El recorrido comenzó con Antonio Vivaldi y Las cuatro estaciones, una obra en la que los ciclos naturales se traducen en sonidos capaces de evocar el canto de los pájaros, las tormentas, el agua o el despertar de la primavera.
Precisamente la primavera permitió establecer uno de los grandes contrastes de la noche. Dos siglos después de Vivaldi, Igor Stravinsky ofreció una interpretación completamente diferente de esa misma estación en La consagración de la primavera, transformándola en fuerza, ritual y energía vital.
Costes fue mostrando así cómo un mismo fenómeno natural puede generar lenguajes musicales muy distintos dependiendo de la época, la sensibilidad y la mirada del creador.
El campo, el océano y los jardines se hacen música
El itinerario continuó con Ludwig van Beethoven y su Sinfonía n.º 6, Pastoral, donde la experiencia del campo y los sonidos del entorno natural adquieren dimensión musical.
El mar apareció después a través de Claude Debussy y La Mer, una composición en la que el movimiento y las transformaciones del océano encuentran su equivalente sonoro. A continuación, Manuel de Falla, con Noches en los jardines de España, permitió adentrarse en otra manera de entender el paisaje, convirtiendo la noche y los jardines españoles en materia musical.
También tuvo cabida Olivier Messiaen, cuya utilización del canto de los pájaros como material compositivo abrió nuevas posibilidades musicales, así como Toru Takemitsu, que llevó el recorrido hasta la contemporaneidad con una concepción en la que el silencio y el timbre adquieren tanta importancia como las propias notas.
La intervención de Isabel Costes combinó la audición y el análisis con un lenguaje divulgativo y cercano, permitiendo que el público se aproximara a la música clásica desde una perspectiva diferente: escuchar las obras prestando atención a aquello que sus autores encontraron previamente en la naturaleza.
Cuando la planta deja de inspirar y empieza a participar
Uno de los pasajes más singulares de la sesión llegó al abordar nuevas formas de creación contemporánea y, particularmente, la propuesta desarrollada por Ernesto Mateo.
La cuestión planteada resultó tan sencilla como sugerente: ¿es posible que una planta se convierta directamente en parte de una creación musical?
La respuesta llegó a través de la biosonificación, un procedimiento mediante el cual la actividad eléctrica de las plantas puede transformarse en señales utilizadas para activar sintetizadores y generar material musical en tiempo real.
De esta manera, la planta deja de ocupar únicamente el papel de elemento contemplado o fuente de inspiración para intervenir directamente en el proceso creativo.
Mateo también ha trasladado el paisaje grancanario al terreno musical con Bentayga, integrada en su cantata Montañas sagradas de Gran Canaria, estableciendo una conexión directa entre creación contemporánea y territorio insular.
De escuchar la naturaleza a hacerla sonar
La conferencia permitió dibujar así un amplio arco histórico. Durante siglos, los compositores observaron, escucharon e interpretaron musicalmente la naturaleza. Las herramientas tecnológicas actuales permiten explorar ahora un paso diferente: que elementos naturales puedan intervenir en la propia generación del sonido.
De Vivaldi a las experiencias de biosonificación, la sesión planteó diferentes formas de una misma relación entre música, paisaje, sensibilidad humana y medio ambiente.
La noche concluyó con un debate participativo en el que los asistentes pudieron profundizar en algunas de las cuestiones abordadas por Isabel Costes y prolongar la reflexión acerca de la relación del ser humano con su entorno.
La propuesta dejó además una idea que atravesó toda la velada: la naturaleza no tiene por qué entenderse únicamente como escenario. También puede convertirse en memoria, emoción, inspiración y materia artística.
Turcón-Ecologistas en Acción desarrolla estas actividades con el patrocinio del Cabildo de Gran Canaria, a través de Participa Gran Canaria, y de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias.











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