
El servicio de Urología del Hospital Universitario Vithas Las Palmas aconseja consultar cuando el control urinario no se ha alcanzado entre los 5 y 7 años y valorar el tratamiento de la enuresis a partir de los seis. Señala que los escapes pueden afectar a la autoestima del menor y condicionar su participación en actividades como campamentos, fiestas de pijama u otros encuentros sociales.
La incontinencia urinaria durante los primeros años forma parte del proceso normal de maduración. Díaz-Casanova explica que desde el nacimiento hasta aproximadamente los cinco años la micción es un proceso reflejo e involuntario y que, a partir de esa edad, el tracto urinario inferior suele haber completado su maduración neurológica y funcional, lo que permite un control voluntario.
El control de esfínteres suele adquirirse de forma progresiva. El diurno aparece habitualmente entre los 2 y 4 años y el nocturno entre los 5 y 7. La especialista recomienda consultar cuando no se ha alcanzado el control esperado en esas etapas y recuerda que la repercusión emocional del problema puede justificar iniciar tratamiento desde los seis años.
La enuresis afecta a entre un 5 % y un 10 % de los niños de siete años y presenta una tasa de resolución espontánea anual de alrededor del 15 %, según los datos citados por Vithas. Un 7 % de los menores afectados mantendrá, no obstante, los escapes nocturnos hasta la edad adulta. La entidad señala además que el problema es más frecuente entre los varones.
La incontinencia urinaria infantil puede presentarse de tres formas. La diurna suele estar relacionada con contracciones involuntarias del detrusor, el músculo de la vejiga, lo que puede provocar urgencia, dificultad para llegar a tiempo al baño y un aumento de la frecuencia de las micciones, normalmente con volúmenes pequeños.
La incontinencia nocturna, también denominada enuresis, se produce durante la noche sin otros síntomas asociados. Díaz-Casanova la relaciona con un desequilibrio entre la cantidad de orina producida durante la noche, la capacidad de la vejiga y los mecanismos del despertar. Cuando los síntomas nocturnos se combinan con manifestaciones durante el día, se habla de síndrome enurético.
El tratamiento debe adaptarse al tipo de trastorno y a las circunstancias de cada menor. La especialista recomienda comenzar con medidas conservadoras, entre ellas adquirir hábitos miccionales adecuados, corregir el estreñimiento y mantener una ingesta apropiada de líquidos. En algunos casos pueden emplearse medicamentos para controlar las contracciones involuntarias de la vejiga o disminuir la producción de orina durante la noche.
La consulta médica resulta especialmente recomendable cuando los escapes persisten más allá de las edades habituales de adquisición del control urinario, interfieren en la vida cotidiana o empiezan a generar rechazo de actividades sociales, vergüenza o problemas de autoestima. Según Díaz-Casanova, la valoración profesional permite diferenciar el tipo de incontinencia y decidir qué medidas resultan más adecuadas en cada caso.




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