
A las 20.42 h, la Basílica de San Juan pareció contener la respiración. Seis hombres, varias sogas, dos escaleras y cientos de miradas concentradas iniciaron la delicada maniobra que devolvería al Santo Cristo de Telde a lo más alto del Altar Mayor. No hubo la emoción desbordada de la Bajada, pero sí una devoción profunda, serena y compartida que llenó por completo el templo.
La ciudad puso este martes el broche a diez días de cultos dedicados a una de sus imágenes más veneradas. Después de permanecer a la altura de las miradas, las oraciones y las promesas de los fieles, el Santo Cristo regresó a la hornacina desde la que volverá a presidir la Basílica hasta el próximo año.
Un templo abarrotado
Numerosos feligreses ocuparon desde antes del comienzo de la celebración los bancos y diferentes espacios del templo. Familias enteras, personas mayores, jóvenes y niños se reunieron para acompañar una ceremonia que se vive con mayor recogimiento que la Bajada, pero con idéntico sentimiento religioso.
La eucaristía fue concelebrada por varios sacerdotes y estuvo presidida por José María Jiménez Alonso, OSB, prior del Monasterio de la Santísima Trinidad de los Benedictinos de Santa Brígida.
La misa concluyó a las 20.34 h, después de una celebración marcada por la solemnidad y por el agradecimiento a quienes participaron durante los últimos días en los actos religiosos.
El párroco de San Juan, Antonio Juan López González, dirigió unas palabras de gratitud a la feligresía por su respuesta y por el acompañamiento brindado durante las celebraciones en honor al Santo Cristo.
Vítores antes del ascenso
Cuando el reloj marcaba las 20.38 h, la imagen fue retirada de su trono móvil. Los movimientos de los responsables de la ceremonia fueron seguidos con atención por los asistentes, que rompieron el silencio con vítores dedicados al Cristo de Telde.
Los sacerdotes que habían participado en la eucaristía acompañaron entonces la efigie hasta el pie del Altar Mayor. Comenzaban los preparativos para el momento más esperado de la noche.
A las 20.42 h, los seis portadores habituales iniciaron la subida. La talla fue elevada lentamente, ayudada por sogas y escaleras, en una operación que combina fuerza, coordinación, destreza y un cuidado extremo.
El templo contuvo la respiración
Durante varios minutos, la Basílica permaneció prácticamente en silencio. Solo se escuchaban algunas indicaciones de los portadores, los suspiros y las oraciones pronunciadas en voz baja por los fieles.
La imagen ascendió poco a poco por el retablo hasta alcanzar la hornacina superior. Cada movimiento era observado con atención desde la nave central y los laterales del templo.
Los portadores completaron la maniobra con la precisión que requiere un ritual transmitido durante generaciones. Al filo de las 20.50 h, el Santo Cristo quedó nuevamente colocado en el lugar desde el que preside el Altar Mayor de la Basílica de San Juan Bautista.
La ceremonia religiosa dio paso entonces a uno de sus momentos más emotivos. Los asistentes entonaron conjuntamente el Himno del Cristo de Telde, interpretado por la Banda Municipal de Música.
Las voces de los feligreses y los acordes de la formación musical envolvieron el templo para cerrar una noche de recogimiento, tradición y sentimiento colectivo.
Una devoción transmitida entre generaciones
Para muchas familias teldenses, la Subida representa también la continuidad de una herencia recibida. Padres y abuelos acudieron acompañados por niños para transmitirles una devoción estrechamente ligada a la historia de la ciudad.
La ceremonia forma parte de esas costumbres que pasan de una generación a otra y permiten mantener vivo un vínculo religioso, cultural y emocional que permanece profundamente arraigado en Telde.
Durante diez días, el Santo Cristo estuvo más cerca de sus fieles. Ante la imagen se sucedieron las oraciones, las promesas, los agradecimientos y las peticiones de quienes acudieron a la Basílica para vivir los actos organizados en su honor.
Con la Subida, la talla volvió físicamente a lo alto del altar, pero permaneció cerca de una comunidad que cada mes de septiembre renueva su vínculo con ella.
Cientos de personas siguieron el directo
La emoción no se vivió únicamente dentro de la Basílica. TELDEACTUALIDAD retransmitió en directo la eucaristía y la posterior Subida, enlazando la señal ofrecida a través del canal de YouTube de Diocesana de Canarias.
Cientos de personas pudieron seguir desde sus hogares la ceremonia, una posibilidad especialmente valorada por quienes no pudieron desplazarse hasta San Juan o acceder al interior de un templo completamente abarrotado.
La emisión permitió observar la delicada maniobra de los portadores y acompañar en tiempo real el regreso del Santo Cristo a su hornacina.
El final de diez días de celebraciones
La Subida cerró un programa religioso marcado por la participación y el sentimiento compartido. Desde la Bajada hasta el novenario y la ceremonia de este martes, la Basílica volvió a convertirse en punto de encuentro para generaciones de devotos.
El Santo Cristo regresó a su altar entre sogas, música y plegarias. Desde lo alto del retablo volverá a contemplar a un pueblo que, un año más, reafirmó ante su imagen una de sus tradiciones más profundas.










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