
"Visto desde arriba, todos enanos; visto desde abajo, todos gigantes". Eduardo Galeano.
Esta reflexión refleja perfectamente lo que está ocurriendo actualmente en nuestra lucha canaria, tanto en la Federación Insular de Tenerife como a nivel regional. Y debería hacer reflexionar, especialmente, a quienes tienen responsabilidades al frente de nuestras instituciones deportivas.
La lucha canaria no tiene dueños. Pertenece a nuestro pueblo, a nuestros luchadores, a nuestros clubes, a nuestros terreros y a una tradición que durante generaciones se ha construido, mantenido y defendido con muchísimo esfuerzo. Desde arriba, algunos podrán sentirse gigantes. Pero cuando se pisa un terreno de lucha, todos somos iguales. Allí no importan el poder, el dinero ni el cargo que uno ocupe. Lo que debe prevalecer es el respeto por nuestro deporte, por sus reglas, por sus protagonistas y, sobre todo, por nuestras tradiciones.
De esto último debería saber algo el actual presidente de la Federación Regional, Francisco Ribero, aunque, a tenor de algunas de sus actuaciones, parece ejercer la presidencia de aquella manera. Porque ocupar un cargo de responsabilidad no otorga privilegios sobre la tradición ni sobre quienes han mantenido viva nuestra lucha durante generaciones. Al contrario: exige respeto, responsabilidad y una defensa firme de los valores que hacen de este deporte algo mucho más grande que cualquier persona o puesto.
Y, con todo mi respeto hacia su persona, señor Ribero, considero que en estos momentos usted está muy lejos de representar esos valores.
APOYO A LOS ÁRBITROS Y A LOS CLUBES
Es el momento de que todos los árbitros de lucha canaria de nuestro Archipiélago apoyen a sus compañeros de Tenerife ante la situación que están viviendo en el seno de la Federación Insular. Los árbitros no tienen la culpa de las decisiones que puedan adoptar sus dirigentes ni de una gestión que está generando preocupación entre quienes amamos este deporte.
Esa preocupación se ha visto acrecentada después de la rueda de prensa de los árbitros de Tenerife, en la que, entre otras cuestiones, manifestaron su desacuerdo con la decisión de la Federación Insular de Tenerife de asumir la responsabilidad de nombrar un Comité Técnico de Árbitros, un estamento cuya existencia, según han señalado, no estaría contemplada en los actuales Estatutos.
Una decisión que merece una explicación clara y transparente, y sobre la que corresponde a los órganos competentes determinar si se ajusta al marco estatutario y reglamentario vigente. Pero tampoco tienen la culpa los clubes. Ni los clubes de Tenerife ni los del resto del Archipiélago deben pagar las consecuencias de las decisiones o de la gestión de quienes tienen la responsabilidad de dirigir las federaciones.
Los clubes son una parte fundamental de nuestra lucha. Son quienes mantienen los equipos, quienes trabajan con los luchadores, quienes llenan los terreros y quienes, muchas veces con enormes dificultades, mantienen viva esta tradición. No se les puede responsabilizar de una situación que no han provocado.
UNA GESTIÓN QUE DEBE DAR EXPLICACIONES
También resulta preocupante que no se haya celebrado la Asamblea en las condiciones y plazos que, según las normas federativas aplicables, deberían corresponderle, teniendo en cuenta que se trata de un órgano fundamental para la representación, el control y la fiscalización de la gestión federativa. Por ello, corresponde a los órganos competentes determinar si las actuaciones llevadas a cabo por la Federación Insular se ajustan a sus Estatutos y Reglamentos y, en su caso, exigir las responsabilidades que correspondan.
La situación de la Federación Insular de Tenerife genera preocupación entre clubes, luchadores y árbitros. Y algo parecido podemos decir de la situación a nivel regional, donde la falta de una dirección clara, de coordinación y de un rumbo común está generando también inquietud entre distintos estamentos de nuestro deporte. Ha llegado el momento de pedir un cambio de rumbo, tanto en la Federación Insular de Tenerife como en la Federación Regional. Porque cuando los problemas aparecen en los distintos niveles de gobierno de nuestra lucha, ya no podemos limitarnos a hablar de un problema puntual de una isla.
La lucha canaria necesita dirigentes que estén a la altura de la responsabilidad que han asumido, que sepan escuchar a los clubes, a los luchadores y a los árbitros, y que entiendan que los cargos federativos no son un privilegio personal, sino una responsabilidad al servicio de nuestro deporte y de nuestra gente.
LA RESPONSABILIDAD TAMBIÉN ES REGIONAL
Las responsabilidades no las tienen únicamente los dirigentes de las federaciones insulares. También las tienen quienes están al frente de la Federación Regional y, por tanto, tienen la obligación de trabajar por la coordinación y el buen funcionamiento del conjunto de la lucha canaria en Canarias.
Lo que está ocurriendo en Tenerife no puede analizarse de manera aislada. Y lo que está pasando a nivel regional tampoco. A nuestro juicio, existe una falta de coordinación que está contribuyendo a que nuestra lucha canaria se esté convirtiendo en un auténtico reino de taifas, donde cada Federación Insular parece caminar por su cuenta, sin una dirección clara, sin una coordinación efectiva y, lo que es más preocupante, sin un rumbo común.
La Federación Regional debería ejercer precisamente ese papel: coordinar, unir, mediar y marcar un camino común para todas las federaciones insulares. Y aquí hay algo que resulta especialmente preocupante. El presidente de la Federación Regional ha manifestado que no reconoce a determinadas federaciones insulares. Si esa es su posición, cabe preguntarse: ¿cómo puede ejercer eficazmente la función de coordinación y representación del conjunto de la lucha canaria?
No se trata de tomar partido por unos o por otros. Se trata de ejercer la responsabilidad que corresponde a quien ocupa la presidencia regional: escuchar a las partes, buscar puntos de encuentro, velar por el cumplimiento de los Estatutos y, cuando sea necesario, intervenir como mediador para intentar resolver los conflictos. Si realmente se quiere una lucha canaria unida, lo que hace falta es diálogo, coordinación y respeto entre todas las islas y entre todos los estamentos.
Quien ocupa la presidencia regional tiene precisamente la responsabilidad de buscar soluciones, unir y representar al conjunto de la lucha canaria. No puede limitarse a observar desde la distancia los conflictos que afectan a los distintos estamentos, y mucho menos cuando tiene la responsabilidad de intentar mediar y preservar el orden establecido en los Estatutos.
LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS TAMBIÉN TIENEN UNA RESPONSABILIDAD
A las instituciones públicas, y especialmente al Cabildo de Tenerife, les pedimos que ejerzan con rigor sus funciones de seguimiento y fiscalización sobre las subvenciones públicas concedidas a la Federación. El dinero público exige transparencia, justificación y control. Si existen cuentas, justificantes o actuaciones pendientes de conocimiento o fiscalización por los órganos que correspondan, entendemos que las instituciones deben comprobar que todo se ajusta a la normativa aplicable.
No se trata de perjudicar a la lucha canaria. Todo lo contrario: se trata de protegerla y garantizar que los recursos destinados a nuestro deporte se gestionen con transparencia y responsabilidad.
LOS CLUBES TIENEN LA PALABRA
A los clubes de Tenerife y a los del resto del Archipiélago les corresponde también una parte fundamental de esta responsabilidad. Son ustedes quienes tienen la palabra para decidir qué modelo de gestión deportiva quieren para nuestra lucha.
Pero una cosa debe quedar clara: los clubes no son responsables de los problemas que puedan provocar quienes tienen responsabilidades de gobierno. Los clubes son parte de la solución, no el problema. Hoy una determinada forma de gestionar puede no afectar directamente a un club, pero mañana puede ser otro el que tenga que sufrir sus consecuencias. Y, llegado ese momento, serán los propios clubes quienes tendrán que pedir explicaciones y exigir la correspondiente rendición de cuentas.
Por eso creemos que ha llegado el momento de que todos los estamentos de nuestro deporte —clubes, luchadores, árbitros, federaciones e instituciones— reflexionemos seriamente sobre hacia dónde queremos llevar la lucha canaria. Porque la lucha canaria está muy por encima de cualquier cargo, de cualquier dirigente y de cualquier interés particular.
TAMBIÉN HAY RESPONSABILIDADES A NIVEL REGIONAL
Y cuando hablamos de responsabilidades no podemos quedarnos únicamente en Tenerife. Quien está al frente de la Federación Regional también tiene que asumir las suyas por lo que está ocurriendo bajo su mandato. Desde su llegada a la Federación, allá por el año 2020, hemos asistido, a nuestro juicio, a una manera de gestionar que se ha alejado cada vez más de lo que muchos entendemos que debe representar la defensa de nuestra lucha y de nuestras tradiciones.
Usted no puede pensar que el poder económico le va a permitir comprar voluntades. Está muy equivocado. Aquí seguimos estando quienes respetamos nuestras tradiciones y quienes no estamos dispuestos a permanecer indiferentes ante aquello que consideramos un deterioro de lo que, durante más de cuarenta años, hemos conseguido con muchísimo esfuerzo.
Aún recuerdo cuando vino a nosotros al enterarse de que no íbamos a continuar. Fue en un hotel de Los Llanos de Aridane, acompañado de quien entonces era su hombre de confianza. Son episodios que forman parte de nuestra memoria. Pero hay algo que no deberíamos olvidar: los cargos son temporales y las instituciones deportivas no pertenecen a quienes las gobiernan en un momento determinado. Pertenecen a todos aquellos que durante décadas han trabajado para mantener vivo nuestro deporte.
Y si todavía no lo tiene claro, quizá debería volver a escuchar a Los Sabandeños: «El grande perdió y el chico ganó». Porque en la lucha canaria, como en la vida, nadie es invencible y nadie está por encima de nuestra gente.
Y ya que hablamos de nuestra tierra, de nuestras tradiciones y de nuestros paisanos, quizá también debería escuchar a nuestro querido paisano y vecino Braulio. Hay una canción suya que, por aquello de las circunstancias, resulta especialmente significativa: «Mándese a mudar».
Quizás sea una buena manera de recordar que los cargos son temporales, que el poder no es eterno y que, al final, quienes permanecen son nuestra lucha, nuestros terreros y nuestra gente.
LA LUCHA ESTÁ POR ENCIMA DE TODOS
No escribo estas palabras para atacar personalmente a nadie. Las escribo porque creo que nuestra lucha canaria merece algo mejor. Merece dirigentes que dialoguen, federaciones que respeten sus Estatutos, árbitros que puedan desarrollar su labor con independencia y preparación, clubes que sean escuchados e instituciones que ejerzan sus funciones con responsabilidad.
Y, sobre todo, merece que nadie olvide que los cargos pasan, pero la lucha permanece. La lucha canaria no se compra, no se vende y no pertenece a nadie. Se respeta, se defiende y se cuida. Por nuestros luchadores. Por nuestros clubes. Por nuestros árbitros. Por nuestras tradiciones. Y por la dignidad de nuestra lucha canaria.


























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