
Alemania cerró el 2026 electoral con las citas con las urnas el pasado domingo en dos ‘länder’: Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental. El titular es el retroceso continuado de los dos grandes partidos, electoral y/o institucional, que ponen en entredicho el sistema político ungido tras la Segunda Guerra Mundial; que basculaba sobre democratacristianos (CDU) y socialdemócratas (SPD). ![[Img #1069281]](https://teldeactualidad.b-cdn.net/upload/images/08_2026/8829_rafael-columna-220x182.jpg)
Las opciones centrífugas están ganando terreno. Es más, en el caso de Mecklemburgo-Pomerania Occidental la extrema derecha (AFD) ha sido la formación más votada, aunque no podrá gobernar. Recordemos que solo hace unas semanas AfD alcanzó casi la mayoría absoluta en Sajonia-Anhalt. Territorios todos (Berlín dividida mediante) que conformaban la extinta República Democrática Alemana (RDA) antes de la caída del Muro de Berlín en 1989.
Ha sido en Berlín donde ha ganado la izquierda poscomunista (Die Linke). Y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental la socialdemocracia tendrá opción de gobernar igualmente a pesar de haber sido AfD la más votada. La coctelera electoral se sigue agitando y, ciertamente, la actual gran coalición comandada por el canciller Friedrich Merz padece un asedio que le pone en un serio brete. Democratacristianos y socialdemócratas son zarandeados en los ‘länder’ mientras Merz prosigue en su agenda reformista.
Pero las reformas son impopulares. Y vivimos tiempos de populismos donde las razones de Estado, sean fundamentadas o no, decaen a marchas forzadas amén de la polarización. Hasta bien avanzado el escrutinio en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la CDU se quedaba fuera de la Cámara regional al no superar la barrera electoral del 5%. Un desastre para la CDU que Merz no sabe contener.
La situación electoral alemana debe ser observada como antesala de otros cambios que pueden consolidarse; habrá que esperar a las próximas elecciones presidenciales en Francia donde la ultraderecha quiere dar la campanada. Así y todo, la crisis de la CDU y otras siglas europeas de centroderecha viene a ser similar a la que hace una década experimentó el socialismo al calor de una izquierda que le empujaba a la irrelevancia fruto del descontento social con los recortes y la austeridad perpetrada tras la Gran Recesión de 2008.
Es hoy en la bancada de la derecha donde el torbellino concurre con firmeza. Merz es un lucero para otros partidos de su familia ideológica. Ha apostado por la gran coalición con los socialdemócratas y la cultura de imponer el ‘cordón sanitario’ a la extrema derecha. Si fracasa la CDU, lo harán otros agentes centrípetos de la Europa pos1945. No es grano de anís.











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