
Uno de los dilemas que asoman tímidamente en lontananza es qué será del PSOE tras 2027. Y, con el PSOE, va unida la incógnita de la izquierda a la izquierda del PSOE; en la que impera actualmente un sindiós pues Unidas Podemos va a lo suyo (pensando ingenuamente o interesadamente que tiempos de antaño podrán volver) y Sumar es una mera carcasa sin sustituto desde que el PCE e IU se diluyeron como marcas en procesos posteriores. Ese fue, de hecho, el gran error de Yolanda Díaz: no crear un partid
o clásico, unas siglas de toda la vida, en vez de deleitarse en espacios artificiales y personalistas que se lleva más temprano que tarde la marea.
En el PSOE el debate está instalado desde que, una y otra vez, Óscar Puente arremete en las redes sociales contra Eduardo Madina. En realidad, en esta disputa (donde el ministro pierde las formas, como es habitual en él) se refleja un debate de mayor calado desde que el ‘sanchismo’ laminó el PSOE de cuadros que nació en el exilio en el Congreso de Suresnes (1974) de la mano de Felipe González, Alfonso Guerra y Nicolás Redondo (UGT).
Vaya por delante que difícilmente retornará ese PSOE. Pedro Sánchez se lo ha cargado. Y las ruinas de la pérdida del poder las gestionará el hatajo de discípulos del ‘sanchismo’ que resulte pues la organización la han hecho a manos del capricho del sultán posmoderno en Ferraz (sin contrapoderes internos) desde que se vio desbancado cuando el episodio con Susana Díaz y el socialismo andaluz. Dicho en plata, el sector que representa Puente es mayor al de Madina.
El ‘sanchismo’ bufandero rige (y seguirá haciéndolo) los designios del PSOE. Quedará una recua de dirigentes, ‘sanchistas’ de tomo y lomo, que proseguirán en la podemización que ha desnaturalizado al PSOE del sistema del 78. Por eso crece la posibilidad de que en 2027 Sánchez se saque el conejo de la chistera del referéndum en aras de implementar la Tercera República y destronar a Felipe VI. Razón: el PSOE ‘sanchista’ y podemizado (Unidas Podemos, paradójicamente, no es nada hoy) necesita romper amarras con la Transición para sobrevivir electoralmente mientras que el PSOE de Madina sigue basculando sobre la socialdemocracia sistémica. Eso sí, esa bandera republicana ahora es una temeridad incluida para la propia izquierda: con una ultraderecha que ronda tranquilamente los 50 escaños en los sondeos, se antoja una quimera semejante experimento. Además, al PSOE le ha ido bien (y mucho) con el modelo político ungido en la Transición y la Constitución de 1978. Solo a Sánchez le interesa explorar recorridos ideológicos que ni él mismo se cree. Es camaleónico y está dispuesto a todo.









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