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Sábado, 19 de Septiembre de 2026

Actualizada Sábado, 19 de Septiembre de 2026 a las 08:39:55 horas

Antonio Santana y Maruca Jiménez, en una imagen de archivo/TA. Antonio Santana y Maruca Jiménez, en una imagen de archivo/TA.

Obituario

Antonio y Maruca vuelven a encontrarse: San Francisco despide a uno de los suyos

Antonio Santana Rivero fallece a los 84 años dejando tras de sí una vida de trabajo, generosidad y profundo amor por el histórico barrio teldense, al que estuvo unido durante más de medio siglo junto a su recordada esposa

TELDEACTUALIDAD/Telde Sábado, 19 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Sábado, 19 de Septiembre de 2026 a las 08:08:55 horas

Hay personas que terminan formando parte de un barrio de una manera tan natural que resulta difícil separar su nombre de las calles por las que caminaron, de las puertas en las que se detuvieron a conversar o de las pequeñas historias que ayudaron a construir durante décadas. Antonio Santiago Santana Rivero era una de esas personas para San Francisco.

 

Su fallecimiento este viernes, 18 de septiembre, a los 84 años, deja a Telde y especialmente al conjunto histórico con una ausencia difícil de llenar. Se marcha un hombre trabajador, conversador, generoso con su tiempo y profundamente enamorado de una ciudad cuya historia, patrimonio y costumbres conocía y defendía con auténtica pasión.

 

Para TELDEACTUALIDAD, además, Antonio no era un desconocido ni simplemente el protagonista ocasional de una noticia. Durante años fue amigo y colaborador habitual de esta casa, siempre dispuesto a contar, recordar, advertir, aportar una fotografía, recuperar una historia o compartir alguna de esas pequeñas cosas que quizá no aparecen en los grandes libros, pero que constituyen la verdadera memoria de una ciudad.

 

Antonio y Maruca, una vida ligada a San Francisco

Hablar de Antonio obliga inevitablemente a recordar a María Dolores Jiménez Suárez, Maruca, su esposa y compañera de vida, fallecida años atrás.

 

Antonio y Maruca formaron durante décadas parte del paisaje humano de San Francisco. Los dos estuvieron estrechamente vinculados a un barrio al que no se limitaron a pertenecer: lo vivieron, lo quisieron y se implicaron en él.

 

Maruca fue también una mujer entregada a San Francisco, cercana a su gente y comprometida con la vida del barrio. Su pérdida dejó entonces un profundo vacío en Antonio y entre quienes habían compartido tantos años con el matrimonio.

 

Hoy, cuando San Francisco despide a Antonio, resulta inevitable que muchos recuerdos vuelvan también hacia ella. Antonio y Maruca quedan unidos para siempre en la memoria de un barrio que fue parte fundamental de sus vidas.

 

Más de 55 años haciendo barrio

Antonio llevaba más de 55 años vinculado a San Francisco. Más de medio siglo es tiempo suficiente para contemplar cómo cambian las calles, desaparecen unos vecinos y llegan otros, se transforman las costumbres y una ciudad entera avanza.

 

Él fue testigo privilegiado de esas transformaciones, pero nunca perdió la curiosidad por conocer el pasado ni el deseo de preservar aquello que consideraba valioso.

 

Le gustaba hablar de Telde. Y le gustaba especialmente hablar de San Francisco. De sus rincones, de su patrimonio, de las personas que habían pasado por sus calles y de las historias que todavía permanecían vivas en la memoria de sus vecinos.

 

Era de esas personas con las que una conversación inicialmente breve podía terminar convirtiéndose en un largo recorrido por décadas de recuerdos.

 

Una vida levantada con trabajo

Su trayectoria personal estuvo marcada igualmente por el esfuerzo. Antonio dedicó prácticamente toda su vida profesional al sector de la construcción como contratista.

 

Conoció el valor del trabajo diario, de la responsabilidad y de sacar adelante cada proyecto a base de constancia. Esa cultura del esfuerzo que caracterizó su vida profesional permaneció con él incluso después de alcanzar la jubilación.

 

Entonces cambió, en buena medida, el cemento y las obras por la tierra. En una finca de frutales que poseía en El Mayorazgo, encontró durante sus últimos años otra forma de mantenerse activo y disfrutar del trabajo. Cuidar los árboles, observar las cosechas y atender la finca se convirtió en una de sus ocupaciones predilectas.

 

El regalo de pregonar su barrio

San Francisco tuvo ocasión de devolverle parte de ese cariño en 2025, cuando Antonio Santana fue elegido pregonero de sus fiestas.

 

Pocas distinciones podían resultarle más emocionantes.

 

No se trataba simplemente de pronunciar unas palabras ante sus vecinos. Después de más de cinco décadas ligado al lugar, aquel pregón le permitía poner voz a recuerdos, sentimientos, personas y vivencias acumuladas durante toda una vida.

 

Fue, de alguna manera, la oportunidad de decirle públicamente a San Francisco cuánto lo quería.

 

Y también de dejar para siempre una parte de sus recuerdos incorporada a la memoria colectiva del barrio.

 

Un amigo de esta casa

En TELDEACTUALIDAD guardaremos particularmente el recuerdo de su cercanía. Antonio fue durante años uno de esos colaboradores que hacen posible que un periódico local conozca lo que sucede detrás de cada esquina. Lo hacía sin buscar protagonismo, movido fundamentalmente por su interés por Telde y por la voluntad de que determinadas historias no quedaran en el olvido.

 

Una llamada, una conversación, una información, una anécdota o una fotografía bastaban para comprobar cuánto le importaba su ciudad.

 

Por eso esta vez resulta especialmente difícil escribir sobre él. Quien tantas veces ayudó a contar Telde se convierte hoy en una de esas historias que nunca hubiéramos querido tener que contar.

 

El último camino desde San Juan

Sus restos mortales están siendo velados en la sala número 2 del Tanatorio Municipal de Telde.  Este sábado 19 de septiembre, a las 09.30 horas, partirá la conducción hasta la Basílica de San Juan Bautista, donde a las 10.00 horas se celebrará la misa funeral. Posteriormente tendrá lugar su inhumación en el cementerio de San Juan Bautista.

 

Se marcha Antonio después de 84 años de vida, pero queda una huella construida durante décadas: la del profesional que conoció el esfuerzo, la del hombre que disfrutó después cuidando sus frutales, la del colaborador siempre dispuesto a contar cosas de su tierra y, sobre todo, la del vecino que hizo de San Francisco una parte inseparable de sí mismo.

 

Y queda también aquella historia compartida con Maruca. Dos personas que entregaron cariño y tiempo al barrio que eligieron para vivir y que permanecerán juntas en su memoria.

 

San Francisco pierde a uno de los suyos. TELDEACTUALIDAD pierde a un amigo.

 

Gracias por tantos años de cercanía, Antonio. Gracias por tantas conversaciones y por ayudarnos a conocer un poco mejor esta ciudad que tanto quisiste.

 

Descansa en paz

 

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