
Clara Campoamor era republicana y liberal. Ejerció la abogacía y escribió. Nadó por mares intelectuales y, por tanto, fue una incomprendida. Para empezar, por pensar y tener criterio. Para seguir, por ser encima mujer. Una persona doblemente incomprendida en una España iletrada donde los extremismos políticos afloraron por doquier.![[Img #1069281]](https://teldeactualidad.b-cdn.net/upload/images/08_2026/8829_rafael-columna-220x182.jpg)
A Campoamor se le debe el principal impulso para lograr el sufragio femenino (universal, sin distinción de clases sociales y pecunio). Y lo logró rebasando sinsabores y trabas de toda laya tanto dentro como fuera de su partido; que fue, en esencia, el Partido Radical de Alejandro Lerroux. Gracias a su esfuerzo las mujeres pudieron votar en las elecciones republicanas de 1933. También en las de febrero de 1936 en las que vence el Frente Popular, a escasos meses de que estallara el 18 de julio el golpe de Estado de Francisco Frnaco y sus conmilitones.
Eso sí, cuando llega 1936 hace ya un tiempo que Campoamor se ha distanciado de la vida partidista y ha abandonado la formación de Lerroux. Está, por tanto, a sus menesteres; sin dejar de interesarse por las cuitas y murrias de la política de andar por casa. Por eso su testimonio del golpe de Estado y los primeros compases de la Guerra Civil resulta muy oportuno leerlo. Está recogido en el libro ‘La revolución española vista por una republicana’ (Renacimiento, 2018).
Es un alegato desde el desaliento y la mirada crítica que la distingue como luchadora incansable en los años previos. Pone sobre el tapete los excesos de las milicias populares cuando el Gobierno republicano decide entregarle las armas al pueblo, ya como movimiento apresurado e inevitable si desea frenar a los golpistas. Pero en aquel Madrid, del que pronto tendrá que irse Campoamor al temer por su vida, se desatan las bajas pasiones.
La condición humana, lo peor, no diferencia entre ideologías. Por consiguiente, la quema de las iglesias, el matarile nocturno a los que no piensan igual y las venganzas se mezclan con las noticias que llegan desde el otro lado en el que, los llamados nacionales, igualmente ejecutan sus ‘paseos’, asesinan y perpetran represalias de toda ralea.
El drama, desde el inicio, ínsito, de la Segunda República es que se bate entre el afán bisoño burgués de establecer una democracia de orden y el movimiento obrero que ambiciona ejercer de comadrona de la revolución, con sus partidos al uso como vanguardia proletaria. Esas tiranteces asoman ya del todo en 1936. Luego se desmadran. Y los salvapatrias de medio pelo pusieron el resto para que se desencadenara la matanza en el país. Un matadero que determinó nuestro siglo XX.











Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.53