Esta tarde la Basílica de San Juan, y su plaza, se engalanarán, deberán lucir en perfecto estado de revista, en su día grande y procesión magna. Tras la Bajada del altar del Cristo de Telde el sábado, hoy proseguirá el tributo en su honor que concita todas las pulsiones y anhelos humanos de los feligreses y teldenses que saben que, por estas fechas, en septiembre estrenan el curso a la vez que el fervor lo inaugura todo. El Cristo de Telde lo es para
su ciudad y para los demás. Un cristo de estilo renacentista, de rostro y mirada en calma, sin miedo a la muerte, que en el reposo recibe a diario el clamor de justicia, deseos y oraciones de los que se acercan a este rincón de Gran Canaria.
Estas fiestas empatarán, en breve, con las de San Francisco. Y ambas tiñen a Telde de un aroma especial que mece entre el fin del verano y la recepción, otra vez, de la rutina. Telde por estas jornadas es más Telde que nunca. Y septiembre está marcado en rojo en los calendarios de los hogares de la ciudad de los faycanes pues es un intervalo más que presente en el que no ausentarse.
Cristo en la cruz, ahora exaltado en su festividad, es un mensaje de vida. Es la convicción de que la muerte no es el final. En el Cristo de Telde se agolpan todas las sensaciones y parabienes de una sociedad que ansía paz y variopintas aspiraciones que aguardan en cada corazón. Una imagen venerada no solo por lo que representa para el municipio y la isla, que también, de claro raigambre histórico tras la consolidación de la conquista castellana, sino que enaltece las bienaventuranzas que vehiculan la vida y el espíritu en sí.
La Basílica de San Juan da la bienvenida a mujeres y hombres, de diversa edad y condición social, que cargan consigo peticiones, gratitudes y mensajes que depositan a sus pies. La Bajada es el encuentro más pleno, más cercano y próximo, que remarcan que es la vida porque ha rebasado a la muerte. Y que en el Cristo de Telde se reflejan vivamente nuestros antepasados que igualmente rondaron con asiduidad la Basílica de San Juan y su plaza. Lugar de encuentro intergeneracional que con la fe y, sobre todo, cada septiembre enlaza los mejores propósitos que deben ser reverdecidos para arrollar las miserias, el ego y pecados de toda ralea que insufla el maligno. El Cristo de Telde, acompañante protector, tiene hoy su tarde.










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