El reloj marcaba las 20.20 horas, pero dentro de la Basílica de San Juan el tiempo pareció detenerse. Desde lo alto del retablo mayor, el Santísimo Cristo de Telde comenzó a descender lentamente mientras miles de miradas seguían cada movimiento. Nadie quería romper aquel silencio. Solo se escuchaba la emoción contenida de un pueblo que volvía a encontrarse, un año más, con una de sus tradiciones más profundas.
El aire olía a incienso y a promesa cumplida. La Basílica estaba abarrotada hasta el último rincón y en la plaza de San Juan cientos de personas seguían la ceremonia a través de la pantalla gigante instalada por el Ayuntamiento. Muchas otras acompañaban la Bajada desde sus hogares mediante la retransmisión en directo de Televisión Canaria y sus plataformas digitales.
Dentro y fuera del templo se vivía la misma espera. Familias enteras, personas mayores, jóvenes y fieles llegados desde distintos barrios de Telde y otros municipios de Gran Canaria compartían una celebración que trasciende el ámbito estrictamente religioso y forma parte de la memoria colectiva de la ciudad.
La espera antes del descenso
La jornada comenzó a las 19.00 horas con la eucaristía presidida por José María Jiménez Alonso, prior del Monasterio de la Santísima Trinidad de los Benedictinos de Santa Brígida.
El recogimiento de la celebración fue preparando el ambiente para el momento más esperado. Al término de la misa, todas las miradas se dirigieron hacia la hornacina situada en la parte superior del retablo del altar mayor.
A las 20.20 horas, después de unas sentidas palabras del párroco de San Juan Bautista, Antonio Juan López González, los seis portadores habituales —tres a cada lado— comenzaron a preparar las dos escaleras utilizadas para alcanzar la imagen.
Tres minutos más tarde iniciaron el ascenso. Lo hicieron despacio, midiendo cada movimiento y conscientes de que el templo entero seguía sus pasos. Un sonoro aplauso los acompañó mientras se aproximaban al lugar donde permanece durante buena parte del año la venerada talla.
Las 20.20 horas
Cuatro minutos después comenzó la Bajada. La imagen avanzó lentamente desde la hornacina y el templo se convirtió en un solo latido.
El silencio reverencial se extendió por las naves de la Basílica. Entre los bancos, numerosos devotos no pudieron contener las lágrimas al contemplar al Cristo más cerca. Algunas manos se unieron en oración; otras buscaron discretamente un teléfono móvil para conservar una imagen de un instante que, en realidad, quedaría guardado en la memoria.
También las autoridades presentes siguieron con emoción el descenso. Entre ellas se encontraban el alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, y diferentes miembros de la Corporación municipal.
Un silencio compartido en la plaza
La emoción no quedó encerrada entre los muros de San Juan. En el exterior, la plaza permanecía pendiente de la pantalla gigante instalada por cuarto año consecutivo para permitir que la ceremonia llegara a quienes no pudieron acceder al templo por haberse completado su aforo.
Los aplausos de la plaza acompañaron los momentos más significativos de la Bajada. La distancia entre el altar y el exterior desapareció durante unos minutos: la celebración se convirtió en una experiencia compartida por toda la ciudad.
La señal de Televisión Canaria amplió todavía más ese espacio común. La retransmisión permitió seguir el acto desde cualquier punto del Archipiélago y también desde fuera de las Islas a través de los canales digitales.
El Cristo, de nuevo entre su pueblo
Cuando la imagen alcanzó el pie del altar y fue depositada sobre su trono móvil, un murmullo de alivio y emoción recorrió el templo. El Cristo ya estaba abajo, a la altura de sus fieles.
Comenzaba así un periodo de diez días durante el cual la talla permanecerá más cerca de quienes acudan a visitarla. Serán jornadas de oración, celebración y encuentros personales ante una imagen a la que generaciones de teldenses han confiado sus agradecimientos, temores, enfermedades, pérdidas y esperanzas.
Desde su nueva ubicación, el Cristo parecía mirar a todos sin distinción. Las manos juntas, los ojos humedecidos y las lágrimas recorriendo algunas mejillas dibujaban una escena repetida durante siglos, pero vivida siempre como si fuera la primera vez.
Porque la Bajada no es únicamente un procedimiento para trasladar una talla desde lo alto del retablo. Es un diálogo íntimo entre Telde y su fe. Un gesto mediante el que la imagen abandona temporalmente la distancia de su hornacina para situarse entre su gente.
Una celebración ligada a la historia de Telde
La ceremonia adquirió este año una dimensión especial al coincidir con el 675 aniversario de la fundación de Telde. La efeméride reforzó el vínculo entre la Bajada, la historia y la identidad de una de las ciudades más antiguas de Canarias.
Las calles y el entorno de la Basílica volvieron a llenarse de vecinos y visitantes. La presencia de varias generaciones de una misma familia confirmó la capacidad de la tradición para transmitirse y mantenerse viva con el paso del tiempo.
Telde volvió a demostrar que existen celebraciones que no se limitan a ocupar una fecha en el calendario. Se heredan, se cuentan y se esperan. Para muchos vecinos, la Bajada constituye un regreso emocional a la infancia, a la familia y a quienes enseñaron a mirar al Santo Cristo con devoción.
Unas fiestas abiertas con el pregón
Los actos comenzaron la noche de este viernes 11 de septiembre con el pregón pronunciado por el sacerdote teldense Jorge Luis Martín de la Coba, rector de la Basílica de Nuestra Señora del Pino de Teror.
El pregonero ofreció una intervención profundamente vinculada a sus recuerdos, a su ciudad natal y a la devoción por el Cristo. Su discurso concluyó con la frase «Santo Cristo, te amo», que arrancó una prolongada ovación del público.
La Bajada de este sábado constituyó el segundo gran momento de un programa religioso que continuará hasta el 22 de septiembre.
La procesión, el lunes 14
La siguiente cita multitudinaria tendrá lugar el lunes 14 de septiembre, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz.
El obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos Pérez, presidirá la eucaristía y, a partir de las 19.00 h, la imagen del Santísimo Cristo saldrá en procesión por las calles del casco histórico.
Entre los días 15 y 17 de septiembre, la predicación corresponderá a Juan Carlos Arencibia Suárez, rector del Seminario Diocesano de Canarias. El viernes 18 estará a cargo de Lucio Castellano Lorenzo.
Las celebraciones culminarán el martes 22 de septiembre con la tradicional Subida, cuando los portadores elevarán nuevamente la talla hasta su hornacina en el retablo mayor.
Será el recorrido inverso al vivido este sábado. La emoción volverá entonces a llenar San Juan, aunque con un sentimiento diferente: el de la despedida después de diez días de cercanía.
Hasta ese momento, el Santo Cristo permanecerá abajo, entre su pueblo. Telde podrá volver a mirarlo de cerca y confirmar que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay un instante en el que la esperanza desciende para salir a su encuentro.
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