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Jueves, 10 de Septiembre de 2026

Actualizada Jueves, 10 de Septiembre de 2026 a las 23:17:39 horas

Pregón de las fiestas de la Exaltación de la Cruz

Acosta reconoce la lucha vecinal que mantiene en pie al núcleo costero de Ojos de Garza

El director general de Costas del Ejecutivo regional anima al vecindario a perseverar en la defensa del poblado

TELDEACTUALIDAD/Telde Jueves, 10 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Jueves, 10 de Septiembre de 2026 a las 21:23:48 horas

La playa de Ojos de Garza abrió oficialmente esta noche sus fiestas de la Exaltación de la Cruz 2026 con un pregón marcado por la reivindicación del futuro del poblado costero. Antonio Manuel Acosta Felipe, director general de Costas y Gestión del Espacio Marítimo Canario del Gobierno de Canarias, animó a los vecinos a perseverar en la defensa de un enclave cuya historia, identidad y vida cotidiana permanecen estrechamente vinculadas al mar. TELDEACTUALIDAD avanza galería de imágenes.

 

El acto contó con la presencia del alcalde de Telde, Juan Antonio Peña, y del consejero de Obras Públicas, Vivienda y Movilidad del Gobierno de Canarias, Pablo Rodríguez, además de ediles de los grupos que integran el Gobierno y la oposición en el Ayuntamiento de Telde.

 

La comunicadora Ariadna Pérez fue la encargada de presentar una ceremonia que sirvió de punto de partida para cuatro jornadas de celebraciones religiosas, culturales y populares organizadas por los colectivos vecinales de Ojos de Garza. Un pascalle de papagüevos amenizado por la batucada Los Piratas del Caribe anunció el arranque de los festejos.

 

Un pregón breve pero intenso

En una intervención corta pero intensa, Acosta Felipe puso en valor el espíritu de lucha mantenido durante tantos años por los residentes para impedir la desaparición del poblado y conservar una forma de vida ligada al litoral.

 

El pregonero destacó la perseverancia mostrada por las familias de Ojos de Garza frente a la amenaza de demolición y las animó a continuar defendiendo el barrio, su identidad y su permanencia junto al mar.

 

Su elección para inaugurar las fiestas adquirió un significado especial por su responsabilidad al frente de la Dirección General de Costas y Gestión del Espacio Marítimo Canario, departamento directamente relacionado con la ordenación y protección del litoral del Archipiélago.

 

Representantes de los colectivos vecinales habían mantenido previamente un encuentro con el pregonero para preparar el acto y repasar la programación. En aquella reunión participaron Miguel Calzada, de la Asociación de Vecinos Amigos del Cristo, y Juan Marcos Pérez, de Playgarza. Ambos arroparon esta noche al pregonero en la mesa presidencial del evento.

 

Pregón de las Fiejas de Ojos de Garza 2026

Señores presidentes de las asociaciones de vecinos Playgarza y Amigos del Cristo, Comisión de Fiestas, señor alcalde y concejales de la Corporación, amigos y vecinos…. Buenas noches a todos.


Antes de empezar les voy a contar algo, no me gusta leer …


Me gustaría arrancar este momento que me han regalado las asociaciones vecinales de ojos de Garza, agradeciendo a todos y cada uno de sus vecinos el permitirme subirme aquí y sobre todo el dejarme compartir parte de su historia y legado con la más humilde de mis capacidades. Gracias, porque esto me hace creer en que la vida te lleva a lugares maravillosos donde nunca pensantes estar y donde lo importante es lo que sientes, eso que nunca se podrá crear con inteligencia artificial, ni vender en un reel en redes sociales. Yo no soy de aquí, pero les aseguro que no me siento como un extraño.


Al no ser hijo de este lugar, me gustaría empezar presentándome. Soy Antonio Manuel Acosta Felipe, pero realmente soy Tony Acosta, el nombre largo lo utilizaba mi madre cuando había hecho alguna ruindad. Vengo de una tierra cercana, hermana, La Palma, donde rompe el mismo mar y se respira el mismo aire. Soy hijo de Manolo y Carmen Delia. Es decir, para que se me entienda, de los tripudos por parte de padre y de los Paco-Teresa por parte de madre, como buen palmero. Vine al mundo en Santa Cruz de La Palma, en el barrio de Calsina hace casi ya 54 años y me crie entre el barrio de Mirca y el de Joros.


Soy de esa generación que utilizaba la calle de parque infantil. Que jugaba a la pelota y paraba para que pasaran los coches. Que iban al colegio caminando desde casa sin que nadie te acompañara. Que trataba de usted a los mayores y que no dejaba nada en el plato.


Hasta los 17 años viví y crecí en una ciudad especial. Abierta al mar. Con tres playas (que por desgracia ya no existen). Ciudad Patrimonial y muy cercana que cuenta los años entre bajada de la virgen y bajada de la virgen (fiestas que allí se hacen cada 5 años). Como muchos Palmeros, a esa edad, sufrimos la pequeña migración, esa que nos obliga a volar temprano para poder estudiar en la Universidad. La vida fuera hace a muchos no volver, pero yo tuve la suerte que mi profesión me hizo regresar a mi tierra. Soy empleado de banca, y llevo dedicado a ello 28 años. Un día, allá por el Año 2005, unos amigos me invitaron a conocer y participar de la vida política de mi isla y mi ciudad. Todo ello me ha llevado a ser concejal de mi pueblo y ahora Director General del Gobierno de esta tierra.


Algunas cosas me unen a este lugar. Como les dije nací en el barrio de Calcina, cuyo patrón, que se celebra este fin de semana es el Santo Cristo de Calcina, devoción a la que mi abuela se abrazaba. En mi camino, un día escuché hablar de un peculiar lugar que se llamaba Ojos de Garza, mi mujer, trabajaba en Política Territorial en el 2015, mientras se redactaba la ley del suelo. La vida que es caprichosa me llevó 8 años después a la Dirección General de Costas. Algo nuevo, por construir, algo que los canarios y canarias anhelaban desde hace tiempo. Y aquí, como el Guadiana reapareció eso que llamaban núcleo costero, y volvió a mi vida la playa de Ojos de Garza, ahora con más fuerza. Pronto me di cuenta de que aquello no iba a ser fácil, pero siempre me han gustado los retos y soy muy cabezón.


Un sin fin de reuniones, comisiones de afectados, mensajes de WhatsApp y llamadas, y varias visitas a la zona. Y Las asociaciones y los vecinos llegaban a mi vida. De repente me invitaban a ser el pregonero de sus fiestas.


Para hablar hoy, tenía que entender este lugar. Lejos del bloque, de las líneas de deslindes, de las carreteras. Tenía que entender a su gente, a la comunidad que ha construido una historia que ha saltado de siglo. Que ha caminado sobre los cristales de administración mal entendida y la frialdad del bolígrafo sobre el papel.


En este lugar, ya se conocían pequeñas viviendas hechas con materiales humildes en primera línea desde 1961. Un lugar donde se unían vecinos temporales y otros fijos. Dónde fueron llegando familias relacionadas con el mar, vinculadas al mundo de la pesca.


Pero construir este lugar no fue únicamente mirar al mar. A su espalda, en tierra, la vida miraba a la agricultura que sostenía el día a día de la zona. Amplios terrenos dedicados al tomate, los invernaderos, especialmente la finca de Las Botoneras de la familia Bonny, que completaba el lugar donde crecía una comunidad. También ha sido importante lindar al sur con la Base Aérea de Gando. Durante décadas las relaciones entre militares y pobladores han forjado familias y hasta el carácter de los que aquí habitan. Y me consta que se siguen fortaleciendo los lazos con la participación activa del Ala 46 de la base en los actos religiosos como los que disfrutaremos también este domingo.

 
Pero construir no es cosa hecha y que se lo digan a los que hoy viven y a los que ya han dejado este lugar. El tiempo avanzaba y la sociedad de las islas igual. Su economía, su forma de vida, sus gentes. Y aquí la vida seguía y sobre todo una vida de supervivencia sustentada sobre el apoyo vecinal. Por delante conseguir que la playa fuera parte de la supervivencia de la comunidad y por detrás, que la rueda de la evolución no olvidara que allí vivía gente.


No ha sido fácil. El simple acceso al lugar se complicaba en ocasiones. El cómo llegar tanto a las casas como a la playa no era sencillo y mucho menos cuando a las espaldas el suelo no era público o cuando las inclemencias del tiempo hacían desbordarse el barranco. Algunos vecinos recordarán el camino de los Tarajales, que atravesaba los invernaderos y permitía llegar desde el exterior, uno de los logros de la comunidad. Esto me hace recordar a mi tierra, donde sabemos lo que es zigzaguear entre plataneras para llegar a tocar el mar.


Pero la realidad de una sociedad, de una comunidad, se basa en la lucha colectiva por cubrir las necesidades básicas, lo que llaman mejorar. Ese empeño comunitario por un fin común, que sorprendentemente te lleva a compartir como colectivo y a hacerte fuerte.


Leyendo para conocerles mejor, me di cuenta de que los logros básicos de la vida diaria, agua, luz y otros, se convirtieron en un espacio de convivencia.


El agua, salada por delante y dulce en su trasera. Hizo que unos y otros tuvieran encuentros diarios. Llegar a la playa con las garrafas de aceituna llenas de agua traídas de Telde, de Ingenio o Las Palmas, los municipios de procedencia de sus gentes y más adelante recibir a la cuba de azotea en azotea para llenar los bidones, sin dejar por ello de llenar el canecón con baldes de agua de mar para utilizar donde fuera necesario porque aquí se sabía ya de lo importante que era aprovechar los recursos, se convirtieron en esos espacios de contacto, donde una conversación o una mano amiga ayudaba incluso a repetir todos los días. Y la sostenibilidad, eso que tanto hoy escuchamos, ya en aquella época existía, el agua usada se reutilizaba para otras cosas, en lo que se pudiera.


La luz no fue menos. De las velas a la luz pública, pasando por las baterías y los motores. Evolucionando como comunidad y como familia. Muchos y muchas de los aquí presentes aún recordarán el particular sonido de las noches el bullicio de los niños correteando por la arena, la algarabía de los juegos de cartas o lotería de los vecinos y el ruido de los pequeños grupos electrógenos que iban encendiéndose a medida que avanzaba la oscuridad. muchos recordarán como al apagarse todo cada noche no invadía el silencio, sino el profundo crujir de las olas y el arrastre de los callaos al bajar la marea.


Pero a este lugar, también lo ha marcado el cielo. Su proximidad al aeropuerto y a la base militar ha sido parte del día a día de un pueblo acostumbrado a adaptarse, a mimetizarse con su entorno. Tanto es así, que su gente fue capaz de transformar un nido de ametralladoras en una ermita que da culto a sus protectores, primero al Santo Cristo y después a la virgen del Carmen.
 
Pero la realidad, es que las comunidades se construyen sobre los firmes pilares de la vecindad, del trato cercano. No somos distintos. Cuando leía o hablaba con gentes de aquí para escribir este pregón, me di cuenta de que en otro lugar con el mar por medio hacíamos lo mismo de diferente manera. Cuando me tiraba con cajas de yogures por las cuestas de la calle Andenes, cuando iba con la cántara de leche a llenarla porque el lechero pitaba que ya estaba allí, cuando iba con garrafas al chorro del parque a llenarlas, cuando ir al cole desde casa era una aventura diaria, cuando entraba en casa de Manolín a buscar a Carlitos para salir al barranco a hacer golfadas y mucho más; estaba en Ojos de Garza.


La Avenida Juan Pérez Betancor, que homenajea a uno de aquellos primeros luchadores de este lugar por el bien común, era una verdadera avenida comercial donde aparecía el coche de la fruta y verdura, las fragonetas (así está bien dicho) que vendían ropa y otras cosas, el coche de los helados como el de Manolito o el de Valerón, el panadero, también el que no tocaba en la puerta a media tarde con el recordado pan de huevo. Pero el comercio no quedaba ahí, acababa en lo que hoy se llamaría producto kilómetro cero, las ventas de pescado cogido por Juan So o Pepito y que la gente se llevaba en sus propios platos y el bar. Aquí, estaba la tienda de Eloinita que cubría cualquier necesidad. Después se convertiría en el bar de Zurita, un espacio social donde todo podía suceder, desde jugar a la zanga o al envite, hasta alegar de lo divino y lo humano.


Cuando me contaron, me hablaron de casas abiertas, como las de Pepita y Dionisio donde era habitual ver a las mujeres echando sus partidas de bingo, mientras los chiquillos andaban alrededor. Y me recordó a esos veranos en mi casa cuando mi madre, mis abuelas y mis tías se reunían a jugar al cinquillo con pesetas que guardaban en una cartera marrón con cremallera y que servían para grandes apuestas. Las casas se convirtieron en lugares necesarios para construir la comunidad, para dar y recibir, mayores y niños. Niños que encontraban su patio de juegos entre los invernaderos y la playa, entre el refugio cerca de la casa de Lola Mejías y los riscos, en el barranco o el morro gordo, mientras la luna jugaba con el mar y hacía que el patio de juegos, la playa, fuera más chico o más grande. A falta de móviles, se jugaba a las cinco piedras, a las motos con latas vacías de fruta en almíbar con velas en su interior, al escondite por aquel laberinto junto a los Montesinos, a huevo araña o caña, a verdad o consecuencia y a todo lo que se les ocurriera. Y muchas veces dormían ensalitrados (mi abuela y mi madre me decía que eso era bueno por el yodo, yo, me lo tenía que creer) o si no se endulzaban con un caldero de agua templada en la misma puerta de la casa.


En la evolución como comunidad, también apareció esta plaza, la Plaza del Cristo, sobre los mismos riscos junto a la casa de Rosita Macías. Ha sido el lugar donde los vecinos iban a sentarse, los más jóvenes a comer pipas y charlar y los más pequeños a jugar. Aquí se erigía ese nido donde se tomaba el sol con mucho aceite y sin protección y que hoy se ha convertido en lo que hoy vemos: una ermita que mira al mar y a su gente. Una ermita desde la que, a golpes de campana, Matildita la portuguesa, llamaba a culto cada festividad del Cristo.


Todo esto que acabo de relatar en un pocas líneas lleva detrás el esfuerzo, la ilusión y el trabajo incesante de muchos hombres y mujeres que ya no están con nosotros como Miguelito Hernández, Narciso, Antoñito Domínguez, Manolo Rodríguez, Juan León o Juan Pedro Pérez Medina, a quien me consta se pretende dedicar un merecido rincón de esta su querida playa por su especial dedicación y entrega hasta el final. Estas fiestas fueron y siguen siendo un reflejo de ese espíritu de lucha que no deben abandonar jamás las gentes de Ojos de Garza


Estas fiestas van de cariño. De querer a la comunidad. A esa forma de entender el lugar de donde eres. A construir un programa humilde entorno a la familia, la vecindad y la devoción, del que podemos disfrutar estos cuatro días.


Ya casi acabando me gustaría recordar algo que me ha pasado esta semana. El padre Checa, párroco de la iglesia matriz del salvador de mi pueblo, en su homilia del día la Virgen de la Luz y San Telmo hablaba del SI de Maria. Un si dado sin saber la cruz que iba a soportar, la dureza de lo que la vida le iba a deparar. A pesar de eso Maria no se bajó del Sí, siguió fuerte ante la necesidad de proteger aquello que le habían entregado, nuestras vidas. Con ese espíritu, me gustaría en este pregón decirles que no se bajen del Si, que hagan de esta comunidad una realidad viva, con el espíritu de lucha que siempre han tenido y con la humildad de lo que han sido, de lo que son y lo que serán. Este humilde pregonero les asegura que nunca se bajara de ese Si.


Mi pregón quiero acabarlo con algo sencillo. Con el resultado de mirar y escuchar desde la cercanía. Con aquello que Binter popularizó, como “el Modo Canario”:


Esto no es un núcleo costero. Son vidas. Recuerdos y convivencia diaria. Puertas abiertas. El rugir de las piedras con la marea. El ruido de las olas que construye y a veces destruye. El saber que en poco territorio hay mucho mar. Que el color tostado de la piel, es el vivir aquí. Y que una raya en un plano no debe marcar el sentir de un pueblo.


Solo espero que la virgen del Carmen y el santo Cristo proteja a sus gentes y su lugar. Y que el mar ayude a entender a los que no quieren entender que Ojos de Garza es Canarias, como Canarias es Ojos de Garza.
Gracias a todos por hacer feliz a este Palmero que ha venido aquí a luchar por ustedes. Buenas noches y Felices Fiestas.
 
¡Viva la Virgen del Carmen!
¡Viva el Cristo!
¡Y que viva la playa de Ojos de Garza!

 

Música para continuar la apertura

Tras el pregón, la programación contempla la celebración del IV Encuentro Nany Jiménez, una cita con la que el barrio continúa la jornada inaugural y rinde homenaje a una figura estrechamente vinculada a la comunidad.

 

Los festejos se prolongarán hasta el domingo 13 de septiembre con actividades infantiles, actuaciones musicales, talleres, competiciones deportivas, una escala en hi-fi y los actos religiosos en honor del Santo Cristo.

 

Juegos infantiles y actuaciones musicales

Este viernes la actividad comenzará a las 17.00 horas con juegos infantiles y la chocolatada Nena Monzón. La música llegará por la noche con la actuación de Cremita de Coco, a las 21.00 horas y de Los Sarantotones, a partir de las 22.30 h.

 

El sábado 12 estará dedicado especialmente a las familias. Entre las 11.00 y las 13.00 h se desarrollarán talleres infantiles; a las 12.00 h comenzará un espectáculo familiar y, una hora más tarde, tendrá lugar la fiesta de la espuma.

 

La programación continuará a las 17.00 h con diferentes competiciones deportivas. A las 20.30 h comenzará una escala en hi-fi, seguida de una sesión de música familiar amenizada por DJ Ruymán.

 

Alfombras de sal y procesión

La jornada principal se celebrará el domingo 13. A las 08.00 horas, los vecinos comenzarán a confeccionar las tradicionales alfombras de sal que ornamentarán las calles para el paso de la comitiva religiosa.

 

A las 12.30 horas se oficiará la misa en honor del Santo Cristo, presidida por el párroco Martín Román. Una hora más tarde partirá la procesión marítimo-terrestre por las calles y la costa del barrio.

 

En este acto participarán integrantes del Ala 46 de la Base Aérea de Gando, la Banda Municipal de Música de Telde y el grupo folclórico Arasay. La procesión pondrá el cierre a cuatro días concebidos como un espacio de encuentro, convivencia y reafirmación de la identidad de Ojos de Garza.

 

Un Santo Cristo restaurado por el vecindario

Las fiestas tienen este año un significado añadido por la restauración del Santo Cristo, sufragada con aportaciones de los propios vecinos y ejecutada por Mila Gómez-Pablos Calvo.

 

La recuperación de la imagen constituye una nueva muestra del compromiso de la población con la conservación de su patrimonio religioso y cultural, el mismo espíritu comunitario que el pregonero destacó durante la apertura de las celebraciones.

 

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