
Estamos perdiendo la batalla, sí. Y no sé si somos suficientemente conscientes de ello. No me refiero a la batalla frente a la Inteligencia Artificial, que también la estamos perdiendo. Tampoco me refiero a la batalla electoral que libran cada día los partidos políticos por ganar unos cuantos votos, ellos son así, no podemos hacer gran cosa. Me refiero a una batalla mucho más importante: la que se está librando por nuestra capacidad de mirar al otro y seguir reconociendo en él a un ser humano. Me refiero, en definitiva, a la batalla que enfrentamos cada día por no convertirnos en bárbaros. Esa, la estamos perdiendo por goleada.
Para muestra, dos noticias que nos deberían hacer pensar, pero no lo hacen. Una de Canarias, de ayer mismo: un cayuco que llevaba 27 días a la deriva en el Atlántico fue localizado al sur de Gran Canaria con 44 supervivientes y cinco cadáveres en el interior de la embarcación; más de ochenta habían muerto antes durante la travesía, los habían arrojado por la borda. ¿Se habla de esta tragedia horrible y permanente en algún sitio? A lo sumo una breve reseña.
La segunda noticia, ésta sí de Ceuta, también de ayer: un joven marroquí de 17 años de los que entraron padecía una diabetes severa, y ha muerto esta semana en un centro de acogida. Esta última muerte se produce en un sistema de protección completamente saturado, pues se estima que en Ceuta hay unos 2.600 menores migrantes no acompañados, algo más de la mitad están acogidos en centros saturados, el resto permanecen botados por las calles, y así llevan más de un mes. Por cierto, de estos 2.600, casi 800 son niñas. Pero claro, como en casi toda España gobierna el PP a la orden de Vox, y ellos son muy españoles y mucho españoles, pues los menores que se jodan en Ceuta, como se joden en Canarias, y si se mueren pues que se mueran, porque la forma de ser español que está hoy de moda es esta: la de la deshumanización y la barbarie.
Y lo peor no es que buena parte de España se esté volviendo insensible al sufrimiento ajeno, es que además se está manifestando abiertamente en favor del odio, la xenofobia, la violencia y la sin razón, abanderando continuamente el mensaje de la invasión, cuando está claro que no lo es. Si no me creen, veamos lo que nos dicen los hechos, empezando por el Diccionario de la RAE. Por lo visto, "invasión" es la "acción y el efecto de invadir, que es entrar por la fuerza y ocupar un lugar, como un territorio o país". Así que ya empezamos mal, cuando los supuestos invasores, sin armas, en chanclas y bañador, únicamente con lo puesto, entran por la mañana y más del 90% se van por la tarde.
¿Pero qué clase de ocupación es esta? Igual tenemos que llamar a Dani Desokupa para que nos explique lo que es una ocupación. Cuando además se mueren unos 140 de estos supuestos invasores, intentando entrar, ahogados en el mar, sin que nadie les haga nada. ¿Y qué tenemos ahora de esa supuesta invasión? Vaya, solo unos cuantos miles de africanos hambrientos, entre los que muchos son menores o subsaharianos que tienen complicado volver a la otra punta de África... ¡y casi 800 niñas!
Y así están las cosas. El otro día en una frutería de un barrio humilde de Santa Cruz, una señora de su casa que nunca he visto en ninguna lucha social, me preguntó si iba a bajar a la manifestación; le dije que por supuesto que no, y ella me dijo que por supuesto que sí, que no podía con los moros, que se fueran todos. Luego nos enteramos que muchas de estas manifestaciones han estado capitalizadas por grupos y partidos de ultraderecha, provocando altercados y manteniendo bien alto su habitual discurso del odio. Y ayer fue noticia en algún digital, casualidad, que muchos periodistas de Televisión Española, La Sexta y otros medios no tan volcados a la derecha, tuvieron que cubrir las manifestaciones entre insultos, zarandeos, escupitajos, amenazas y cosas aún peores.
¿Entienden ahora por qué les digo que estamos perdiendo la batalla? ¿A dónde nos lleva esta deriva? Polarización, extremismos, violencia, España partida en dos: ¿trae algo bueno? ¿"Cazar al inmigrante", como decía uno de Vox? ¿Acaso le vamos a declarar la guerra a Marruecos? ¿Qué va a ser lo próximo: asaltar la Moncloa y cortarle la cabeza a Pedro Sánchez? Olvidamos que detrás de cada migrante al que llamamos invasor hay una persona. Una persona a la que se deshumaniza, o incluso peor: una persona a la que se demoniza y se la convierte en un enemigo al que hay que abatir, cazar, expulsar, encarcelar, y en esta tesitura, si se mueren pues mejor, uno menos. En serio: ¿en esto nos queremos convertir?
Y así llegamos a la segunda parte de este artículo: ¿qué es lo razonable, y hasta dónde podemos llegar?
Lo primero es dejar de hablar de invasión, porque lo que ha pasado en Ceuta, por lo que sabemos, es el resultado de una sentencia del Tribunal Supremo que hace más fácil quedarse en Ceuta cuando se entra por mar, que ha sido interesadamente amplificada y manipulada por influencers y mafias, que luego es aprovechada por Marruecos para crear inestabilidad en un gobierno débil y sumiso como es el español, para introducir en el debate político global el asunto de Ceuta y Melilla, y de paso presionar a España y Europa para que suelten más pasta o acuerdos ventajosos.
Eso por la parte de Marruecos. Por la parte de España, por supuesto, un despropósito total desde hace años, desde que Pedro Sánchez se posicionó con Marruecos en el conflicto del Sáhara, de manera gratuita, sin venir a cuento, variando una postura que España había mantenido firme durante 40 años de democracia. A partir de ahí, toda la crítica que queramos a la falta de reacción y de respuesta en la frontera ante lo que se preveía, a que el señor Sánchez se vaya de vacaciones y nos deje su playlist, a la falta de recursos y soluciones para ayudar a la población ceutí que tan mal lo está pasando, a las mentiras, o la falta de contundencia frente a Marruecos, al menos un poquito, con alguna muestra de disconformidad, alguna crítica, o alguna medida económica que pudiéramos aprobar frente a nuestro díscolo vecino del sur.
Luego están otros actores internacionales, y habrá que ver qué papel juegan en lo de Ceuta las buenas relaciones que tiene Marruecos con Estados Unidos e Israel, y las malas relaciones que tiene Pedro Sánchez con esos mismos países. Y tendremos que ver también si la Unión Europea lo está haciendo bien con España, o se está dejando llevar por el peso de las políticas conservadoras pro israelíes de la mayoría de países de la Unión, para afear un poco a nuestro gobierno sus políticas contrarias.
Y esto es todo lo que hay, o todo lo que al menos podemos saber sin entrar en el territorio de las conspiraciones. Podemos criticar a un gobierno y a otro, a la oposición de PP y Vox por antipatriota, incendiaria y aprovechada, a los partidos a la izquierda del PSOE por pusilánimes y desnortados, a Donald Trump, a Netanyahu, al ministro, a la ministra, a la Unión Europea, a Italia, a Dinamarca y a todo el que queramos. Podemos ir contra todos los que tengan poder y responsabilidad, pero no es conveniente, ni sensato, ni humano, cargarlo todo contra las víctimas, africanos pobres, niños, niñas, gente que muere.
Solo dos cuestiones más antes de acabar. ¿Creen que van a cambiar mucho las cosas con la entrada de PP y Vox? A lo sumo irán a rendir pleitesía a Donald Trump y Netanyahu, les pedirán perdón por las ofensas de Pedro Sánchez, les prometerán que nos vamos a portar bien con el dinero para guerras, las fronteras muy altas y las liberalizaciones económicas, y acabarán rogándoles que hablen con su amigo de Marruecos para que afloje un poco.
Lo otro es para cuándo vamos a dejar de centrarnos solo en las consecuencias, y vamos a empezar a actuar sobre el origen de los problemas. Y esto último lo digo porque hay otra cuestión de la que apenas se habla cuando discutimos sobre migración: la responsabilidad histórica de Europa. No podemos mirar a África como si fuera un continente completamente ajeno a nuestra historia y limitar nuestra relación con ella a pagar para que sus fronteras hagan de barrera de contención de quienes intentan llegar a Europa.
Y es que durante siglos, las potencias europeas colonizaron buena parte de África, explotaron sus recursos y organizaron sus economías en función de intereses que no eran los de sus propias poblaciones. Con la descolonización se puso fin a aquel dominio político, pero no se han borrado las profundas desigualdades económicas ni las relaciones de dependencia que todavía existen entre ambas orillas. España y Europa tienen, por tanto, una responsabilidad que va mucho más allá de reforzar fronteras, financiar controles migratorios o negociar con los países de origen y tránsito para que detengan a quienes quieren marcharse. Dicho de otra manera: Europa debería dedicar muchos más recursos y voluntad política al desarrollo económico y social de África, a la educación, a la sanidad, a la creación de empleo y a unas relaciones comerciales que permitan a esos países construir su propio futuro, para que sus jóvenes no tengan tanta necesidad de venir.
En resumen: la verdadera batalla, la que en verdad nos debería importar, no es la que enfrentamos contra quienes llegan, es la que libramos contra nosotros mismos para no dejar de ser humanos. Vamos mal, y si llegáramos a perderla definitivamente, ya no importará quién gane las elecciones ni quién cierre las fronteras. Entonces, habremos perdido algo mucho más importante: a nosotros mismos.
Eloy Cuadra es portavoz de la Asamblea Reivindicativa Canaria (ARCAN).































Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.47