
Se está perdiendo la institucionalidad, que pasa (en buena medida) por mantener las formas. Estas son precisamente las que garantizan el respeto, pues las formas devienen (en gran medida) del orden preestablecido. Sin embargo, la estela posmoderna del chalaneo, la irresponsabilidad y los egos ensalzados, hacen que más de uno pierda la ubicación que le corresponda. ![[Img #1069281]](https://teldeactualidad.b-cdn.net/upload/images/08_2026/8829_rafael-columna-220x182.jpg)
Está ocurriendo mucho. Mas, incluso, atañe al presidente del Gobierno que ha tenido la displicencia indecorosa de meter al rey en su lodazal ‘monclovita’ a son de la crisis de Ceuta con Marruecos. Lo hizo este pasado lunes en la entrevista mañanera, de arranque de temporada, que tuvo en la SER. Es un Sánchez sobrado, aunque (como reza la Biblia) la soberbia precede a la caída.
Y cuando un jefe del Ejecutivo inmiscuye al monarca en las cuitas cotidianas de la nación, es porque está en situación de claro declive y murrias en el poder; sea o no capaz de fingir lo contrario con su rostro y maneras. En cambio, concurre la otra opción potencial: ¿barrunta Sánchez azuzar el debate sobre el modelo de Estado a cuenta de monarquía parlamentaria o República como as en la manga que le otorgue oxígeno de cara a los próximos comicios generales?
La pregunta sobrevuela en un Madrid repleto de trapalones de baja estofa que carcomen la moral del país. Para más inri, el ‘sanchismo’ ha sabido surfear adversidades de toda laya y encastillarse en La Moncloa, aun perdiendo los comicios generales de 2023, por legítima que fuese su investidura, a costa de someter al PSOE a bordear las fronteras del sistema del 78.
Por tanto, el ‘sanchismo’ solo podrá concurrir con posibles (si es que aún puede) incidiendo en esa epatante inercia donde el PSOE deja de ser gradualmente uno de los pivotes (el de centroizquierda) que sustenta el bipartidismo dinástico y sistémico del 78. Son, por consiguiente, retos de altura que escapan a las siglas de turno y, no obstante, lo enarbolan desde la banalización en aras de ganar tiempo mientras se desata el temor electoral en La Moncloa. No es grano de anís.
Con todo, incluir a Felipe VI en la entrevista radiofónica de marras no fue casual o fruto del despiste sino, al contrario, producto de reflejos previos en los que Ferraz otea que toca alternancia y que el miedo sociológico a Vox ya no es suficiente para frenarla. Lanzar la hipotética idea de un horizonte republicano en 2027, tal como están las cosas, como contrapeso es meter al país en el sumidero contumaz e inmisericorde de la insensatez. Eso sí, a Marruecos el ‘sanchismo’ le rinde pleitesía acrítica. El presidente del Gobierno está hipotecado a sus chances. Y el pueblo lo sabe.











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