
Primero quedó reducida a una estrecha franja de luz. Después, la oscuridad avanzó sobre su superficie hasta dejar ver una esfera rojiza perfilada por un último resplandor. La cámara de Antonio Alí, colaborador gráfico de TELDEACTUALIDAD, siguió en la madrugada de este viernes la evolución del eclipse parcial de Luna visible desde Canarias.
El fenómeno puso el broche final a un agosto especialmente generoso para los aficionados a la astronomía. Apenas dos semanas después del histórico eclipse total de Sol y coincidiendo con el mes de las Perseidas, fue la Luna la que reclamó todas las miradas antes del amanecer.
A un paso de convertirse en total
Aunque estaba catalogado como parcial, el eclipse quedó muy cerca de ser total. La sombra de la Tierra llegó a cubrir aproximadamente el 93 % de la superficie lunar, dejando únicamente una pequeña zona iluminada directamente por el Sol.
La serie fotográfica de Antonio Alí permite apreciar el avance progresivo de la oscuridad. En las primeras imágenes, la parte visible adopta la apariencia de una gruesa luna creciente, mientras la sombra terrestre ocupa buena parte del disco.
La última fotografía muestra el momento más espectacular: casi toda la superficie aparece teñida de tonos rojizos y cobrizos, con una estrecha franja brillante en uno de sus extremos.
Por qué la Luna se vuelve roja
Los eclipses lunares se producen cuando el Sol, la Tierra y la Luna quedan alineados. Nuestro planeta se interpone entre ambos astros y proyecta su sombra sobre el satélite.
La Luna no desaparece completamente porque una parte de la luz solar atraviesa la atmósfera terrestre. Durante ese recorrido se dispersan principalmente los tonos azules, mientras las tonalidades rojas y anaranjadas consiguen llegar hasta la superficie lunar.
Este efecto es el responsable del característico color cobrizo que suele acompañar a los eclipses totales y a los parciales de gran magnitud como el registrado este viernes.
Visible sin protección especial
El eclipse pudo contemplarse a simple vista desde toda España sin necesidad de gafas ni filtros especiales. A diferencia de lo que sucede durante los eclipses solares, observar directamente la Luna no representa un peligro para la vista.
En Europa y África, el acontecimiento astronómico se desarrolló durante las horas anteriores al amanecer. En algunos puntos del centro y este de la Península, Baleares y Melilla, la Luna se ocultó antes de que terminara la fase parcial.
En Canarias, su ocaso se produjo después de esta etapa, lo que permitió seguir durante más tiempo un fenómeno que Antonio Alí transformó en un detallado reportaje gráfico para los lectores de TELDEACTUALIDAD.











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