Hace más de dos décadas que Lulú dijo adiós al municipio de Telde, dando un giro de 180 grados a su vida. Tras pasar trece años encerrada en diferentes parques de la localidad, en 2005 fue rescatada y trasladada a Raibfer, un santuario ubicado en la capital de España. Allí vive, junto a otros iguales, en un ambiente naturalizado.
El día a día de esta chimpancé de, aproximadamente, 40 años, transcurre sin demasiados sobresaltos. Durante las primeras horas de la mañana, Lulú sale al jardín y busca su desayuno. Mientras pasea por el recinto, aprovecha para realizar ejercicios y observar lo que acontece a su alrededor. Tiene predilección por las zonas elevadas y con sombra.
El calor del verano también hace mella en los animales, por ello, Lulú intenta combatirlo acudiendo a los dormitorios en busca de un espacio más fresco en el que, además, se reúne con el resto de los compañeros.
Cambio de grupo
Desde el 30 de mayo del año pasado, Lulú convive en el denominado “Grupo de Manuela”. El equipo de Rainfer consideró que debía realizarse el cambio al notar que la convivencia con el macho dominante de la anterior agrupación (Gombe) se estaba tensionando, hasta el punto de poner en peligro la integridad física y emocional de la chimpancé. “E l ambiente continuo de tensión ocasionó que Lulú mostrara signos evidentes de estrés: miedo y ansiedad a la hora de acercarse a los comederos comunes para el grupo – indican -, empezó a perder peso y se aisló”. Con el cambio, la mejoría se ha hecho notar.
La adaptación al nuevo grupo fue buena y rápida con todos los miembros, excepto con uno de ellos, llamado Guile. Desde el santuario concluyen que esto se debe a “las dificultades que ambos arrastraban de sus vidas pasadas”.
Secuelas psicológicas de la vida en cautividad
A Lulú la describen como una de las chimpancés más pacíficas de Rainfer. Cariñosa, dulce y atenta. Se estima que nació en libertan en 1986 y que fue capturada y empleada como reclamo turístico por un fotógrafo que la obligaba a fumar desde que era bebé. Posteriormente, se le encerró en una jaula para pájaros en el Parque de Santa Rosalía, en Telde (conocido popularmente como Parque Lulú), donde pasó varios años junto a otro chimpancé, de nombre Lucas. Su último destino en la ciudad fue una jaula de cristal en el Parque Urbano de San Juan. Cuando el santuario se hizo cargo de ella, en el año 2005, Lulú arrastraba una grave depresión.
Ese pasado, en el que fue objeto de miradas, gritos y golpes por parte de quienes visitaban los diferentes parques en los que estuvo expuesta, repercute actualmente en la forma en la que se relaciona con sus semejantes. “La conducta de Lulú no es del todo normal, la imposibilidad de haber crecido en un entorno natural junto a su núcleo familiar, debido a su pasado de explotación, ha hecho mella en su forma de gestionar los conflictos, entre otros problemas”, aseguran.
Las secuelas de esa vida privada de libertad se hacen patentes en su relación con Guille, con el que le ha costado mucho más la adaptación. “Guille vivió sus primeros 12 años aislado como mascota, sin la oportunidad de desarrollar las habilidades sociales propias de su especie. Lulú, por su parte, fue explotada en fotografía y después vivió expuesta en parques públicos sin descanso ni intimidad. Todo esto influye en cómo gestionan sus emociones y, a veces, puede haber roces que no saben llevar”.
Estas últimas semanas de agosto, los dos chimpancés han estado más tranquilos y compartiendo espacio, un avance que los cuidadores de Rainfer celebran con especial ilusión pues, 21 años después de abandonar las jaulas de Telde, Lulú sigue arrastrando las secuelas de una vida en cautiverio.











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