
Alberto Núñez Feijóo ha encontrado una solución para la crisis humanitaria y sanitaria de Ceuta: el confinamiento. Allí donde faltan alojamiento, higiene, personal médico y recursos asistenciales, el presidente del Partido Popular propone levantar una barrera y encerrar el problema.
Feijóo pidió al Gobierno que estudie decretar un confinamiento por razones de salud pública ante los casos de tuberculosis, sarna, gastroenteritis y varicela detectados entre la población migrante. Lo hizo, además, admitiendo una pequeña circunstancia sin importancia: «No tengo todos los datos». Aun así, concluyó que podían darse los supuestos para adoptar una medida tan extraordinaria. La entrevista fue difundida por Europa Press.
Después, en sus redes sociales, precisó que el Gobierno debería estudiar «un confinamiento de los portadores de enfermedades infectocontagiosas». Es decir, primero se lanza el gran titular sobre el confinamiento en Ceuta y luego se intenta colocar una bata sanitaria a una propuesta que ya había hecho sonar todas las alarmas. Así formuló Feijóo su posición en su cuenta oficial.
La medicina del miedo
Resulta llamativo que un dirigente que aspira a gobernar España recurra con tanta facilidad a una palabra que remite a una de las medidas más excepcionales y traumáticas de nuestra historia reciente.
Más llamativo aún es que lo haga sin disponer, según él mismo reconoce, de toda la información epidemiológica necesaria. Primero se prescribe el confinamiento; después, si acaso, se consulta el diagnóstico.
La ministra de Sanidad, Mónica García, respondió que la medida sería injustificada, desmesurada y potencialmente contraproducente. También recordó que las decisiones de salud pública deben apoyarse en indicios racionales y guardar relación con los mecanismos de transmisión de las enfermedades. Según la evaluación sanitaria disponible, el riesgo para la población residente en Ceuta es bajo. La ministra expuso públicamente sus argumentos.
Pero la propuesta de Feijóo no parece construida únicamente para resolver un problema sanitario. Tiene una utilidad política evidente: asociar migración, enfermedad, peligro y encierro. Cuatro conceptos suficientemente potentes como para sembrar miedo sin necesidad de explicar demasiado.
Cuando se mezclan deliberadamente salud pública e inmigración, el paciente deja de ser una persona que necesita atención y se convierte en una amenaza que debe ser apartada. Y cuando un responsable político presenta el confinamiento antes que la asistencia, el tratamiento, el alojamiento digno o la mejora de la higiene, la medicina corre el riesgo de convertirse en propaganda.
La competencia que Feijóo olvida
Hay, además, un detalle competencial que el líder del PP pasa convenientemente por alto. La salud pública y la vigilancia epidemiológica son competencia exclusiva del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta. El Instituto Nacional de Gestión Sanitaria, dependiente del Ministerio de Sanidad, se encarga de la asistencia sanitaria, pero no de adoptar las decisiones propias de salud pública.
No se trata de una interpretación partidista. El propio Ingesa recordó el pasado 11 de agosto que sus funciones en Ceuta corresponden a la atención sanitaria, mientras que la vigilancia epidemiológica y la salud pública dependen del Ejecutivo ceutí. Así consta en la información oficial del Área Sanitaria de Ceuta.
Feijóo, sin embargo, dirige toda su exigencia contra Pedro Sánchez y el Gobierno de España. La autoridad responsable de valorar y aplicar las medidas de salud pública desaparece del relato, mientras todas las culpas viajan directamente hacia La Moncloa.
Pero claro, reconocer el reparto real de competencias estropearía el titular y restaría combustible a la ya conocida campaña permanente contra Sánchez. Aquí lo importante no parece ser determinar quién debe actuar, sino encontrar la manera de colocar al presidente del Gobierno en el banquillo, aunque para ello haya que borrar administraciones enteras del mapa institucional.
Si la situación es tan grave como sostiene Feijóo, debería reclamar primero explicaciones y medidas a la autoridad que tiene las competencias de salud pública. Si, por el contrario, el objetivo es convertir cada problema en una nueva acusación contra Sánchez, entonces la confusión competencial deja de ser un error y se convierte en estrategia.
Pues confinemos también a Feijóo
Siguiendo esa lógica, podríamos confinar a Feijóo por su discurso cada vez más ultraderechista y reaccionario. Si determinados colectivos pueden ser señalados como un riesgo para la sociedad a partir de datos incompletos, también podríamos declarar al líder del PP peligroso para la convivencia por acercarse peligrosamente a los postulados de Vox.
Naturalmente, no estamos proponiendo encerrar literalmente a Feijóo. Se trata de llevar su razonamiento al absurdo para mostrar la facilidad con la que algunos reclaman medidas excepcionales cuando quienes van a sufrirlas son otros, especialmente si esos otros son migrantes, pobres y carecen de voz política.
La democracia no permite confinar discursos, por mucho que nos parezcan reaccionarios. Se combaten con datos, argumentos, crítica y votos. Exactamente lo mismo que debería ocurrir con una crisis sanitaria: se afronta con ciencia, profesionales y recursos, no agitando el miedo contra quienes ya viven hacinados y en condiciones precarias.
Un PP corriendo detrás de Vox
Lo verdaderamente preocupante no es que Vox utilice la inmigración para fabricar enemigos. Eso forma parte de su manual. Lo inquietante es que el principal partido de la derecha española adopte ese lenguaje, lo suavice con apariencia institucional y pretenda venderlo como una respuesta responsable.
Lo que ayer pertenecía a los márgenes de la extrema derecha hoy se pronuncia con corbata, tono pausado y supuesta preocupación sanitaria. Cambia el envoltorio, pero el mensaje permanece: quienes llegan son presentados como un peligro del que hay que protegerse.
Feijóo no necesita confinamiento. Necesita explicar por qué propone una medida extraordinaria sin tener todos los datos. Necesita aclarar si quiere aislar casos concretos por indicación médica o convertir Ceuta en un enorme lazareto político. Y necesita decidir si aspira a ocupar el centro o a seguir persiguiendo a Vox por la cuneta derecha.
Puestos a confinar algo, confinemos el alarmismo, la xenofobia y el oportunismo electoral. Aunque, visto el empeño de algunos, quizá no encontremos un recinto lo bastante grande.
Carmelo J. Ojeda Rodríguez es director de TELDEACTUALIDAD y VALSEQUILLOHOY, LA ACTUALIDAD DEL MUNICIPIO y editor del programa La Alameda, de TELDEACTUALID PÓDCAST Es catedrático de Geografía e Historia, fue redactor de Canarias7 y posee un Máster en Comunicación y Periodismo Digital.








María | Domingo, 23 de Agosto de 2026 a las 20:29:03 horas
Me ha decepcionado usted si hay un político hoy en día que defienda a España es Santiago Abascal , ahora llámeme ultraderecha ,racista y fascista cara a cara.
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