
Julio Anguita decía que había dos orillas en la política. Una, conformada por el PSOE y el PP, la otra era la bancada de IU. Evidentemente, Anguita tenía el nivel (y de sobra) para exponer una tesis bienintencionada y no proterva en aras de inyectar veneno viperino en la sociedad. IU no era populista. Anguita hacía su trabajo que era representar a la clase trabajadora, los sindicados y añorar, no sin dosis de ingenuidad, que podía superar al PSOE. ![[Img #1069281]](https://teldeactualidad.b-cdn.net/upload/images/08_2026/8829_rafael-columna-220x182.jpg)
Entonces, en la década de los años noventa, ya se hablaba de ‘sorpasso’; que era el adelantamiento (intento) de que IU sobrepasara al PSOE como primera fuerza electoral de la izquierda. Algo así como la revancha de la Transición, cuando en las primeras elecciones generales el PCE (que es el que se había batido el cobre contra la dictadura franquista) quedó relegado con respecto a Felipe González y Alfonso Guerra. Dos rostros jóvenes socialistas alejados de la dirigencia del PCE, aún anclada a la Guerra Civil.
Hoy las orillas y las trincheras son más y más ruines. Se ha perdido la cortesía entre los contrincantes, que ya se ven como enemigos. Ese odio inculcado en la sociedad, amén de las redes sociales, no es sano. Degrada la convivencia. No es normal que esté mal visto que dos líderes, de los partidos que sean, no puedan quedar para tomarse un café. Se necesitan mucho más cafés en España para normalizar la vida pública.
El ‘sorpasso’ de siempre era el de los años setenta del siglo pasado, cuando los comunistas italianos (PCI) acariciaron desbordar a la democraciacristiana. Era una competición dentro de unos parámetros previsibles. Luego, Anguita trató de hacer su ‘sorpasso’. Nunca lo logró. Es más, Ferraz estuvo ágil en endosar al mandamás de IU sus andanzas con José María Aznar y, por ende, apelar a la pinza del PP e IU contra el PSOE.
Pero los duelos otrora entre González y Aznar no tienen nada que ver con el presente: más ríspido, intratable e indecoroso. Ha bajado el nivel parlamentario. Y con estos bueyes hay que arar. Se acumulan los problemas y el reclutamiento de cuadros por parte de las siglas para alcanzar los escaños, deja mucho que desear. La distancia con el pasado es enorme, y dicho sea sin ánimo de entrar en espirales de nostalgia que no llevan a nada. Eso sí, las orillas de Anguita (teóricas, argumentadas) nada tienen que ver con las orillas de necesidad y el boxeo a machamartillo estilado en 2026.










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