La gabardina existe, pero permanece guardada en el armario. La auténtica vida de una detective privada tiene mucho menos de película y bastante más de paciencia: madrugones sin hora de regreso, cambios de vehículo y apariencia, jornadas de diez o doce horas dentro de un coche y días completos de vigilancia para conseguir una imagen de apenas un minuto. Un instante que, sin embargo, puede resultar decisivo ante un tribunal.
Mariola Suárez Peret conoce bien esa realidad. Fue la primera mujer que abrió en Telde un despacho de detectives privados legalmente habilitado y lleva cerca de dos décadas dedicada a observar sin ser vista, documentar hechos y convertirlos en pruebas. En 2023, la Policía Nacional de Las Palmas de Gran Canaria reconoció su trayectoria con una mención honorífica por los méritos alcanzados en el cumplimiento de sus funciones.
La investigadora visitó La Alameda, el programa radiofónico de análisis sociopolítico, entrevistas y tertulias de TELDEACTUALIDAD PÓDCAST, dirigido y presentado por Sonia Vega. La conversación se grabó en la sede del Casino La Unión, en una edición especial que también pudo seguirse en formato audiovisual gracias a la colaboración de Agustín Pérez Cabrera.
Durante la entrevista, Suárez desmontó buena parte de los tópicos asociados a su profesión y explicó un trabajo marcado por las bajas laborales presuntamente fraudulentas, los conflictos familiares, las insolvencias, las infidelidades, las colaboraciones policiales y unas estrictas limitaciones legales.
Detective, no espía
La principal diferencia entre una detective privada y una espía, explica Suárez, está en la legalidad. La primera es una profesional habilitada, sometida a la Ley de Seguridad Privada, a inspecciones de la Policía Nacional y a unos límites que deben respetarse en todas las investigaciones.
“Cualquier empresa, particular o familia puede acudir a nosotros para investigar determinados hechos o conductas del ámbito privado, pero siempre debe existir un interés legítimo”, señala.
Esto significa que tiene que haber una relación entre quien contrata el servicio y la persona investigada, como sucede entre una empresa y un trabajador o entre un progenitor y su hijo menor.
Los medios utilizados también deben ser proporcionales e idóneos. Las vigilancias pueden desarrollarse en la vía pública o en establecimientos abiertos al público, pero nunca dentro de una vivienda.
“No podemos colocar micrófonos en una casa ni interceptar conversaciones telefónicas en las que no participamos. Tenemos que esperar a que la persona salga de su domicilio”, aclara.
La profesión, por tanto, queda muy lejos de la imagen del espía capaz de recurrir a cualquier método para obtener información. “Estamos sometidos a inspecciones rigurosas y tenemos unos límites que debemos conocer y respetar”, insiste.
Una pionera en un sector masculino
Suárez terminó sus estudios alrededor de 2007, en una época en la que la presencia femenina todavía era reducida dentro de la investigación privada.
En Las Palmas de Gran Canaria ya existían algunos despachos dirigidos por mujeres, pero la figura femenina como investigadora no estaba plenamente reconocida. Durante décadas, el perfil más habitual había sido el de un policía retirado que, al abandonar el cuerpo, decidía abrir su propia agencia.
A finales de los años noventa y comienzos de la década de 2000 empezaron a incorporarse más mujeres procedentes de Criminología y de las titulaciones especializadas en investigación privada.
“Actualmente hay muchas más compañeras detectives”, celebra Suárez, quien considera que las mujeres cuentan con determinadas ventajas para realizar seguimientos y obtener información.
La investigadora sostiene que pueden pasar más desapercibidas y generar confianza con mayor facilidad durante una entrevista. También destaca su capacidad para modificar la apariencia mediante pequeños cambios de ropa, peinado o maquillaje.
“Hoy me ven de una manera, pero les puedo asegurar que durante mi trabajo probablemente no me reconocerían”, comenta.
Para Suárez, el equipo perfecto durante una vigilancia está formado por un hombre y una mujer. Ambos pueden parecer un matrimonio o una pareja dentro de un vehículo y reducir así las posibilidades de levantar sospechas.
No obstante, cada investigación requiere una preparación diferente. Antes de comenzar, el despacho estudia la zona, las posibles salidas, los desplazamientos y las características de la persona sobre la que se realizará el seguimiento.
El auge de las bajas laborales
Las bajas laborales presuntamente fraudulentas se han convertido en uno de los principales motivos por los que empresas y particulares contratan actualmente a detectives privados.
Suárez explica que el profesional no determina si una persona está enferma ni puede emitir valoraciones médicas. Su función consiste exclusivamente en observar y documentar las actividades realizadas por el trabajador durante el periodo investigado.
El seguimiento puede descubrir si la persona realiza ejercicio físico incompatible con la dolencia alegada, desarrolla otra actividad económica, trabaja de manera irregular o mantiene hábitos que podrían dificultar su recuperación.
“Si realmente está enferma y se está cuidando en casa, eso es lo que aparecerá en nuestro trabajo”, afirma.
La investigación culmina con un informe en el que se relatan objetivamente los hechos observados y se incorporan fotografías. Este documento puede ser utilizado por la empresa y sus asesores jurídicos para adoptar las decisiones que correspondan.
Suárez calcula que en alrededor del 70% u 80% de los encargos que llegan a su despacho se detectan comportamientos que podrían resultar incompatibles con la recuperación. Aclara, sin embargo, que ese porcentaje se refiere exclusivamente a los casos que son objeto de investigación y no al conjunto de las bajas laborales.
Cuando no se encuentra ninguna irregularidad, la persona investigada normalmente nunca llega a conocer la existencia del seguimiento. Si el informe da lugar a un expediente disciplinario o un despido, el trabajador puede saber que intervino un detective.
En caso de que el conflicto llegue a juicio, la profesional debe comparecer para ratificar el informe y explicar cómo obtuvo las pruebas.
Custodias y conflictos familiares
Los asuntos familiares constituyen otra parte importante de su actividad en Telde. Entre ellos figuran los procedimientos relacionados con custodias, regímenes de visitas y solicitudes de modificación de medidas después de una separación.
Puede ocurrir que uno de los progenitores perciba cambios en el comportamiento de un menor después de pasar tiempo con el otro y quiera comprobar qué sucede durante las visitas.
En esos casos, la vigilancia permite observar si existen conductas inadecuadas o situaciones que puedan afectar al niño. El informe puede aportarse posteriormente ante el juzgado para solicitar una revisión de las condiciones acordadas.
El despacho también puede investigar las actividades económicas de una persona dentro de procedimientos de insolvencia. Para ello recurre a fuentes abiertas y registros legalmente accesibles, como el Registro Mercantil.
En cuanto a las desapariciones, los detectives privados pueden prestar colaboración, pero deben informar siempre a las fuerzas de seguridad. No están autorizados para desarrollar por su cuenta investigaciones relacionadas con delitos perseguibles de oficio o procedimientos penales.
El posible acoso escolar también podría ser objeto de estudio, aunque el despacho de Suárez no ha llevado hasta ahora ningún caso de este tipo. La actuación tendría que diseñarse con especial cautela por la presencia de menores y limitarse a los espacios en los que legalmente pueda realizarse una observación.
La detective también ha participado en colaboraciones policiales relacionadas con apuestas y bingos ilegales.
Las infidelidades pierden protagonismo
Las infidelidades fueron habituales durante sus primeros años profesionales, pero actualmente Suárez acepta menos encargos de esta naturaleza.
El principal problema reside en demostrar el interés legítimo del cliente. Cuando existe un matrimonio resulta más sencillo acreditar el vínculo, pero la situación cambia si se trata de una relación sentimental que podría haber terminado.
En ese supuesto, la petición de investigar a la expareja y conocer dónde se encuentra podría vulnerar su derecho a la intimidad.
“Prefiero evitar estos asuntos cuando no puedo comprobar con seguridad que la relación continúa”, reconoce.
Precisamente uno de sus primeros encargos por una supuesta infidelidad terminó de una forma inesperada. Una mujer sospechaba de su marido porque algunas tardes no lo encontraba en casa. Él aseguraba que estaba con sus amigos, pero tampoco aparecía en los lugares donde decía encontrarse.
La investigación descubrió que el hombre no mantenía ninguna relación oculta. Asistía a clases de cocina y, por algún motivo, no quería contárselo a su esposa.
“La mujer no podía creerlo cuando vio las fotografías”, recuerda Suárez sobre uno de los episodios más curiosos de su trayectoria.
Diez horas para conseguir una imagen
La paciencia es una de las principales cualidades que exige la profesión. Una vigilancia puede prolongarse durante diez o doce horas para conseguir una fotografía tomada en cuestión de segundos.
“Ese minuto puede ser muy importante para el cliente”, recalca.
El detective sabe cuándo comienza una jornada, pero difícilmente puede prever cuándo terminará. Puede iniciar el seguimiento a primera hora porque desconoce cuándo saldrá la persona de su domicilio y verse obligado a prolongarlo hasta bien entrada la noche.
Esta incertidumbre dificulta la conciliación familiar y hace casi imposible elaborar planes personales. Algunas investigaciones duran cuatro o cinco días, mientras que otras se extienden durante semanas o meses.
Suárez reconoce que las horas dentro del coche, especialmente cuando trabaja sola, constituyen uno de los aspectos más duros de su actividad.
El seguimiento exige además cambiar de vehículo, compañero, horario y apariencia para evitar ser descubierto. “Lo más difícil de esta profesión es ver sin que te vean”, resume.
Trabajar en zonas donde los residentes están especialmente atentos a la presencia de vehículos desconocidos añade dificultad. En lugares como Jinámar, explica, el frecuente paso de patrullas puede hacer que los vecinos confundan a los investigadores con policías y reparen antes en su presencia.
Pese al sacrificio, Suárez destaca la satisfacción de demostrar los hechos desde una perspectiva empírica. “Nosotros decimos lo que vemos. No hay manipulación”, afirma.
Objetividad frente a las emociones
La profesión también obliga a establecer una distancia emocional con las situaciones investigadas. Algunos casos pueden generar dudas personales, pero el detective debe limitarse a documentar los hechos.
Suárez recuerda que una persona puede estar cobrando una prestación mientras trabaja de forma irregular y mantener con esos ingresos a una familia numerosa. La situación humana puede resultar comprensible, pero no modifica la obligación profesional de recoger aquello que sucede.
“Nosotros únicamente trasladamos lo que vemos. Debemos ser objetivos porque ese es nuestro trabajo”, sostiene.
La ratificación de los informes ante los tribunales puede generar momentos de tensión. La detective asegura que nunca ha recibido amenazas directas, aunque sí se ha encontrado con malas caras y miradas de quienes observan cómo aporta una prueba en su contra.
“Voy con la cabeza alta porque he realizado mi trabajo”, afirma.
El despacho que antes fue una consulta médica
Mariola Suárez instaló su agencia en el mismo espacio donde su padre tuvo durante años una consulta médica.
Ella no siguió la tradición familiar de la medicina porque se sintió atraída por la Criminología y la investigación, pero reconoce que trabajar en ese lugar mantiene vivo el vínculo con su progenitor.
Considera que heredó de él la persistencia, la paciencia, la capacidad de sacrificio y el interés por los demás, cualidades que han resultado fundamentales para abrirse camino en una profesión todavía desconocida para buena parte de la sociedad.
Formación, vocación y paciencia
Suárez advierte a quienes desean convertirse en detectives privados de que no basta con realizar un curso. La actividad requiere estudios universitarios superiores y la correspondiente habilitación profesional.
La formación puede obtenerse mediante titulaciones relacionadas con Criminología o programas universitarios especializados en investigación privada. En Canarias también existe una opción formativa en La Laguna.
A las exigencias académicas se suman las dificultades de los primeros años, cuando el profesional debe darse de alta como autónomo, afrontar la burocracia y construir una cartera de clientes.
Suárez anima, pese a todo, a quienes sienten verdadera vocación por la investigación. Considera que existe trabajo y que es posible vivir de esta actividad, aunque se necesiten paciencia, integridad y una gran capacidad de sacrificio.
“Cuando empecé, algunos dudaban y se reían porque pensaban que no iba a tener trabajo. Casi veinte años después, me gano la vida con esta profesión tan desconocida”, concluye la primera mujer que abrió en Telde un despacho de detectives privados.











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