
Durante 2025 y lo que llevamos de 2026, mis intervenciones sobre la Lucha Canaria han tenido un único propósito: poner sobre la mesa hechos, datos y documentación para recordar lo que se consiguió durante décadas y, sobre todo, analizar qué ha ocurrido durante estos últimos años. Porque para saber dónde estamos hoy, primero debemos recordar de dónde venimos. El punto de inflexión de la lucha canaria
Como recordaba el filósofo José Ortega y Gasset, «yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». Aplicado a la Lucha Canaria, este pensamiento invita a entender que las instituciones no pueden separarse de su historia ni de las decisiones que las han configurado; que lo que somos hoy es inseparable de lo que fuimos y de cómo se gestionó cada etapa.
Hay un dicho popular que dice: «Otros vendrán que bueno me harán». Y creo que, en el caso que estoy exponiendo, este dicho cobra un significado especialmente claro. No se trata de idealizar el pasado ni de afirmar que todo lo que se hizo anteriormente fue perfecto. Se trata de comparar lo que había, lo que se construyó durante décadas y lo que ha ocurrido después.
Porque cuando se observa lo que se consiguió con muchos menos recursos, los proyectos que se pusieron en marcha, las estructuras que se consolidaron y el legado que se fue construyendo, y se compara con lo que ha sucedido en estos últimos años, que han recibido una ingente cantidad de ayudas oficiales que ni por asomo los anteriores dirigentes jamás dispusieron, resulta difícil no pensar que aquel viejo dicho popular tiene, en este caso, mucho de verdad.
Otros vendrán que bueno me harán. Y quizá sea precisamente el paso del tiempo, junto con los documentos, las actas y los hechos, el que termine poniendo a cada etapa en su lugar.
Hubo una Lucha Canaria antes de 2020
Durante décadas, distintas juntas de gobierno fueron construyendo una estructura federativa que, con sus errores y sus aciertos, permitió consolidar nuestra Lucha Canaria. Se aprobaron y desarrollaron Estatutos y Reglamentos. Se consolidaron órganos como los Comités de Competición, Disciplina y Apelación y el Jurado de Garantías.
Pero no todo fueron normas y estructuras. También se entendió que la Lucha Canaria debía cuidar a quienes le dan sentido: los luchadores siempre se trabajó para defenderlos. El doctor Norberto Marrero desarrolló un proyecto basado en el control del peso y en medidas antropométricas; su proyecto era ambicioso.
Posteriormente, entre 2016 y 2020, aquel sistema fue modificado y pasó a denominarse control de peso por altura. Y hay algo especialmente importante que no debemos olvidar: esos cambios se debatían y aprobaban donde correspondía, en las Asambleas.
También se puso en marcha un sistema de control y revisión médica mediante reconocimientos realizados en centros médicos concertados con la Federación, como requisito previo para formalizar las correspondientes fichas federativas. La finalidad era evidente: que la salud y la seguridad de los luchadores estuvieran por encima de cualquier otro interés.
Aquella Federación no se limitaba, por tanto, a organizar competiciones. Asumía también una responsabilidad en la prevención y en el cuidado de quienes practicaban nuestro deporte.
Pero aquella etapa fue mucho más que organización. También hubo proyectos. La MEL, “La Mujer en la Lucha Canaria”, supuso un impulso importante para la incorporación de la mujer a nuestro deporte. En este proceso tuvo un papel destacado Toni Frías. A partir de ahí se produjo un crecimiento de las fichas femeninas, pasando de una presencia de equipos muy reducidos a superar hoy más de 30.
Se puso en marcha también el control de ascensos y descensos de los luchadores, buscando una mayor coherencia y justicia deportiva con un sistema muy renovado y adaptado a los tiempos de hoy, dejando atrás los ascensos a "dedo" y a gusto de cada uno individualmente y no del interés general.
Nació la Liga DISA-Gobierno de Canarias, junto con sus trofeos y reconocimientos, incluidos los anillos para los campeones. Y nació el Tagoror, una iniciativa impulsada por Eligio Hernández, con la colaboración de Salvador Sánchez “Borito”, que participó en este proyecto desde fuera de la Junta de Gobierno, durante la etapa de Juan Ramón Marcelino.
El Tagoror no era solamente una actividad más. Era una forma de promocionar y difundir nuestra Lucha Canaria, de fomentar la participación y, especialmente, de reconocer y dar visibilidad a nuestras viejas glorias. Hoy, por desgracia, ha desaparecido. Y recordar esto no es mirar atrás por mirar atrás. Es preguntarnos qué ha pasado con los proyectos que otros pusieron en marcha.
También hubo voluntad de conservar nuestra memoria. Otro proyecto especialmente importante fue la creación de un Archivo Histórico de la Lucha Canaria en la Casa de Postas de Ingenio. Se consiguió apoyo para la rehabilitación del edificio y materiales destinados a la digitalización de la documentación.
Y fueron muchos los aficionados que aportaron documentos procedentes de sus propios archivos personales, incluidos la documentación de mi hermano Barranquera I en su trabajo y trayectoria en Cuba, con la esperanza de que nuestra historia pudiera ser recopilada, ordenada y conservada. Actas, fotografías, reglamentos, acuerdos y documentos que forman parte de la memoria de nuestro deporte. La intención era crear un auténtico espacio para conservar nuestra historia. Porque conservar la historia no es vivir del pasado. Es garantizar el futuro.
Sin embargo, aquel proyecto se encuentra hoy abandonado. Y cuando se abandona un archivo histórico no se abandona solamente un edificio. Se abandona una parte de nuestra memoria. Y entonces llegó 2020. La última Asamblea de aquella etapa fue en 2019, la cual fue presentada por la junta que presidió Juan Ramón Marcelino. Desde entonces y hasta la fecha no se ha celebrado ninguna más.
Hasta entonces, las Asambleas constituían el lugar donde se debatían y aprobaban las decisiones importantes de nuestra Federación. Allí se discutían las propuestas, se escuchaban las diferentes posiciones y se tomaban los acuerdos.
Las actas de aquellas Asambleas forman hoy parte de nuestra historia. Pero desde 2020 hasta 2026 no se han celebrado Asambleas Generales y, por tanto, no existen actas de esos años. Y aquí aparece una pregunta que considero imprescindible:
¿Dónde se han debatido y aprobado durante este periodo las decisiones que afectan al futuro de nuestra Lucha Canaria? ¿Y los controles a las cuentas? ¿Quién los ha controlado en todo este tiempo? No planteo esta cuestión como un ataque personal. La planteo porque estamos hablando de algo mucho más importante: transparencia, participación y funcionamiento federativo.
Cuando durante décadas las decisiones importantes se debatían en Asamblea y posteriormente dejan de existir esas Asambleas, tenemos derecho a preguntar qué ha sucedido. Y tenemos derecho a pedir respuestas. No se trata de nostalgia. Se trata de responsabilidad Desde 2020 considero que hemos entrado en una de las etapas más preocupantes de nuestra historia como Federación. Pero no lo digo para idealizar todo lo anterior. Lo digo porque tenemos que comparar.
¿Qué pasó con el Tagoror? ¿Qué ocurrió con el Archivo Histórico? ¿Qué proyectos se mantuvieron? ¿Cuáles desaparecieron? ¿Qué avances se conservaron? ¿Y cuáles se perdieron? Estas preguntas no deberían responderse únicamente con opiniones. Deben responderse con documentos, actas, datos y hechos. Porque las decisiones tienen consecuencias. Pero también las tienen las decisiones que no se toman. Y quienes han tenido responsabilidades deportivas y políticas durante este periodo tendrán que explicar qué se hizo, qué no se hizo y por qué.
La cuestión no es cuánto se recibió. Es qué se hizo con ello Durante más de cuarenta años, distintas juntas de gobierno fueron capaces de sacar adelante nuestra Lucha Canaria con muchos menos recursos económicos. Con poco construyeron normas. Con poco levantaron estructuras. Con poco impulsaron proyectos. Con poco organizaron acontecimientos.
Y con poco dejaron un legado que hoy debería ser motivo de orgullo. Por eso, lo verdaderamente preocupante de estos últimos años no es únicamente que se hayan recibido más recursos. Lo preocupante es que, teniendo más medios, se haya dejado perder e incluso deteriorar parte del trabajo que otros construyeron durante décadas con muchísimo esfuerzo y sacrificio. Ese es, para mí, el verdadero problema. No estamos hablando simplemente de proyectos que desaparecen. Estamos hablando de una forma de entender la responsabilidad.
La historia no puede escribirse desde el olvido La lucha canaria no pertenece a ningún dirigente. Tampoco pertenece a ningún político. Pertenece a todos aquellos que durante décadas lucharon, trabajaron y dieron parte de su vida por ella. A los que estuvieron antes. A los que estuvieron después.
A los que entrenaron, compitieron, organizaron, arbitraron, enseñaron y trabajaron para que nuestro deporte llegara hasta donde llegó. Y por respeto a todos ellos tenemos una obligación: conservar su legado. Señalar los errores. Reconocer los aciertos. Recuperar aquello que nunca debió perderse. Y, sobre todo, impedir que la historia desaparezca porque nadie se haya preocupado de conservarla. Por eso seguiré exponiendo esta reflexión. Con fechas. Con actas. Con documentos. Con datos.
No para vivir del pasado. Para entender el presente y exigir un futuro mejor. Porque la lucha canaria tiene historia. Tiene memoria. Tiene presente. Y, sobre todo, tiene derecho a tener futuro.
José Trujillo Artiles, Barranquera IV, exluchador.





























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