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Sábado, 08 de Agosto de 2026

Actualizada Sábado, 08 de Agosto de 2026 a las 13:47:37 horas

Opinión

Cobardía frente al chantaje de Marruecos

Reflexión de Román Rodríguez, de Nueva Canarias-BC

ROMÁN RODRÍGUEZ Sábado, 08 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Sábado, 08 de Agosto de 2026 a las 13:20:39 horas

Los graves acontecimientos que se produjeron hace unos días en Ceuta reiteran, una vez más, la enorme capacidad de Marruecos para presionar y chantajear al Estado español y a la Unión Europea. En esta ocasión, movilizando y facilitando la entrada en la ciudad autónoma de unas 70.000 personas, de los que unos 2.000 son menores; sucesos que, dramáticamente, se saldaron con la muerte en sus costas de unos 150 hombres y mujeres jóvenes, de los que, de forma deshumanizada, casi ni se habla. Una movilización masiva en un país en que nada se mueve sin la autorización del Rey, Mohamed VI, más envalentonado hoy, si cabe, por el apoyo que recibe de Netanyahu y de Trump. Hay varios antecedentes de actuaciones similares y, no les quepa duda, volverán a producirse en el futuro por sus ambiciones expansionistas y por la debilidad de las respuestas españolas y europeas. 

 

Es imposible mover semejante contingente humano sin el visto bueno y la participación de las autoridades del Reino alauita. Nadie puede creerse que se trató de un movimiento espontáneo y que las autoridades marroquíes fueron completamente ajenas al mismo, como intenta sostener el Gobierno español, probablemente para tratar de evitar una escalada de la crispación en las siempre difíciles relaciones con el vecino. No hay que molestarlo.

 

Entrando en las causas que han podido motivar el poco amistoso gesto de los dirigentes marroquíes, estos días se han barajado muchas. Por un lado, la respuesta a la reciente visita de Pedro Sánchez a Argel para restablecer las relaciones bilaterales muy dañadas tras el apoyo del propio Sánchez a la autonomía que propone Marruecos. Por otro, la reacción ante la ley que reconoce la nacionalidad española a los saharauis que nacieron antes de 1976, cuando el Sahara era una colonia española.

 

Así como por la posible reacción a la sentencia del Tribunal Supremo que rechaza llevar a cabo las devoluciones en caliente para quienes atraviesan la frontera nadando y no por vía terrestre. Apuntando algunos incluso a presiones para que la final del Mundial de Fútbol 2030 (que organizan conjuntamente España, Portugal y Marruecos) tenga como sede el Gran Estadio Hassan II, en Casablanca.

 

Pero la auténtica causa, la más profunda al margen de acontecimientos, pretextos o litigios más o menos puntuales, es que el Reino de Marruecos pretende imponer sus tesis expansionistas. Lo viene haciendo hace varias décadas.

 

Víctimas: migrantes y comunidades fronterizas

Hay que señalar, por otra parte, que el caldo de cultivo para que miles de jóvenes marroquíes decidan jugarse la vida en su desesperado intento de llegar a la Unión Europea se encuentra en las enormes diferencias de renta y en las escasas perspectivas de futuro que perciben en su tierra de origen, un estado, además, con libertades y derechos cívicos limitados. Circunstancia que los políticos de Marruecos aprovechan como un arma para cíclicamente presionar, aunque sea a costa de la libertad y la vida de sus ciudadanos y ciudadanas. Ellos y ellas son las principales víctimas de su propio gobierno. Además de sufrir luego el racismo desencadenado por las organizaciones de extrema derecha. Y, junto a ellos, las comunidades fronterizas que sufren estas crisis.

 

Respecto a estas prácticas de auténtica guerra híbrida, tenemos un antecedente cercano cuando Marruecos, en 2021, impulsó una crisis migratoria como muestra de su malestar por el hecho de que, por razones humanitarias, se atendiera en un hospital español al líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Y, más lejana en el tiempo, pero de enormes consecuencias históricas, la Marcha Verde que promocionó Hassan II, padre del actual monarca, para ocupar ilegalmente el Sahara. Experiencia acumulada tienen.

 

En mi opinión, resultó lamentable la respuesta inmediata de la Unión Europea, encabezada por la primera ministra italiana, Georgia Meloni, al parecer para sacar músculo ante opciones electorales situadas aún más a su derecha. Y seguida por otros gobiernos conservadores e incluso por alguno de corte presuntamente progresista. Aunque es cierto que recularon posteriormente y mostraron, en la reunión urgente de ministros de Interior europeos celebrada el martes 4 de agosto, su apoyo a España e incluso elogiaron la “eficaz y rápida” respuesta del Gobierno español. Responsabilizando de la crisis en Ceuta a las mafias, los traficantes de personas y los bulos que circulan por las redes. Al Gobierno de Marruecos, ni nombrarlo. Tampoco lo hace el Ejecutivo progresista español. Sorprendentemente, o no tanto, nadie -ni la Comisión Europea, ni Sánchez, Feijóo o Abascal- culpa a Marruecos

 

Por otra parte, en el plano interno, cada vez se estrecha más la similitud en las políticas del PP y de Vox. También en este asunto. Más preocupados en sacar rédito electoral y deteriorar al Ejecutivo y a su presidente que en defender los intereses de las personas implicadas y del territorio afectado. Con un patriotismo de hojalata que se les volverá en contra cuando les corresponda afrontar crisis similares, que les tocará.

 

Por otra parte, resulta indignante la reacción de las derechas ante la acogida de los menores. Haciendo incluso un llamamiento a incumplir la normativa. Un ejemplo es la comunidad de Aragón que se ha mostrado contraria a aceptar a niños migrantes procedentes de Canarias o de las ciudades autónomas.

 

Sánchez y Clavijo envalentonan a Marruecos

Las relaciones con Marruecos nunca han sido fáciles. Y el tiempo confirma que ceder a sus pretensiones y aceptar sus tesis no aplaca en modo alguno su voracidad. Al contrario, solo la potencia y le hace cada día más consciente de que sus presiones conducen casi siempre al éxito.

 

Hay que lamentar, en ese sentido, la deriva promarroquí que comenzó José Luis Rodríguez Zapatero durante su presidencia y culminó Pedro Sánchez al firmar, en abril de 2022, una declaración conjunta con Mohamed VI, en la que España mostraba su apoyo a la intención marroquí de convertir al Sahara en una región autónoma.  Sin consultar al PSOE ni a sus socios de Gobierno de entonces, ni a las Cortes.

 

Y, asimismo, no fue mejor su declinación al “modo canario”. Exactamente lo mismo hizo Fernando Clavijo, que también se apuntó a las tesis marroquíes sin contar ni con su partido ni con la opinión del Parlamento canario. Y que viene organizando, a través de la gubernamental Proexca, misiones comerciales en zonas ocupadas. Vulnerando el derecho internacional al avalar la presencia de esas delegaciones comerciales en Dajla, en el Sahara Occidental, para promover el desarrollo de un puerto que, además, compite con los canarios.

 

Como he señalado en otras ocasiones, ese reconocimiento explícito de la marroquinidad del Sahara apuntala a Marruecos y le estimula a la hora de plantear sus exigencias. Entre ellas, su reivindicación sobre Ceuta y Melilla, en la que veremos futuros episodios. Y, en el caso canario, con reclamaciones sobre el espacio aéreo, las aguas y los recursos que estas albergan: telurio, cobalto, níquel y tierras raras. Considero por ello que Sánchez y Clavijo han dado cobertura al expansionismo marroquí y han actuado en contra de los intereses de Canarias.

 

El Gobierno central y el Ejecutivo canario se equivocan si consideran que las ansias expansionistas de Marruecos quedarán satisfechas si logra, violentando la legalidad internacional, apoderarse del Sahara Occidental. Sus ambiciones de crecimiento continuarían en parte del territorio de Mauritania y de Argelia, como poco, generando más inestabilidad en una zona del mundo que se encuentra ya bastante tensionada.

 

En Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-bc) siempre hemos tenido como principio la defensa del derecho internacional y, en consecuencia, la exigencia de que en el caso que nos ocupa se cumpla con la celebración de un referéndum de autodeterminación que permita decidir su destino al pueblo del Sahara. Y, además, rechazamos rotundamente que Canarias pueda ser utilizada como moneda de cambio en las relaciones España-Marruecos, negándonos a que su estatus jurídico, sus aguas, sus recursos o su espacio aéreo pueden entrar en negociación alguna. Considerando, asimismo, que hay que intentar tener buenas relaciones con el vecino Marruecos, y que estas pasan por el diálogo y la unidad, pero también por la firmeza de España y la Unión Europea. En ningún caso por la sumisión y por ceder continuamente a los permanentes chantajes de Mohamed VI.

 

Román Rodríguez es secretario nacional de Estrategias, Programas y Formación de Nueva Canarias-Bloque Canarista (NC-bC).

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