
Lola Padrón, diputada del Común, tiene entre manos el inicio de un hito a celebrar en Canarias en 2028: será la XIV Conferencia Mundial y Asamblea General del Instituto Internacional del Ombudsman (IIO). Un encuentro a máximo nivel de las defensorías del pueblo que acogerá el territorio isleño con una especial mirada atlántica; tanto por la posición geopolítica del archipiélago de cruce histórico entre los tres continentes (Europa, África y América) como por, es una derivada, los fenómenos migratorios crecientes y m
ás lacerantes (mafias, merma de los derechos humanos, trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, pobreza…) que galopan a lomos de la globalización.
Una globalización que, en ciernes, en los años noventa del pasado siglo, cuando era todo oro lo que relucía, bendijo el turbocapitalismo que hoy reina mientras han ido decayendo los derechos fundamentales, los espacios democratizadores a potenciar (algo que al gran capital no le gusta) y los frentes de resistencia de los servicios públicos. Temas de calado que, en función de su tratamiento, implica de plano a los fenómenos migratorios.
A fin de cuentas, toda migración reluce un fracaso: nadie migra por apetencia sino que se antoja una adversa realidad sobrevenida fruto de la desesperanza y ausencia de expectativas. ¿Qué fue de la ayuda al desarrollo y los umbrales de inversión a ejecutar con el Producto Interior Bruto? Evidentemente, esta paleta de problemáticas que atañen a la gobernanza (a los cimientos de la democracia) deben ser abordados por las defensorías del pueblo, las que anidan en la España autonómica como por las ubicadas dentro y fuera del Viejo Continente.
Padrón recibió el reto esta semana en Viena, en la sede del IIO, a modo de pistoletazo de salida para articular una estructura e implementación en aras de que en 2028 esta cumbre de defensores, valedores, personeros y demás panoplia de instituciones que preservan los derechos fundamentales en un Estado de Derecho cimentado en democracias representativas, y al compás del liderazgo canario de la Diputación del Común, tenga éxito y ofrezca resultados. Queda más de un año para ir acoplando esfuerzos, mas el tiempo requiere de enfoque desde ahora y, por eso, la cita en Viena este verano relucía como una reunión emocional y simbólica de la aventura jurídico-social que comienza.
Estamos, por consiguiente, frente a la celebración en Canarias de un foro internacional de defensorías del pueblo que afrontarán las migraciones y, por otro lado, el cambio climático. Ambas temáticas concitarán aportaciones plurales, aunque procede reseñar que la mirada atlántica incardina y anuda precisamente el carácter globalizador que sustenta sendos interrogantes internacionales que, en todo caso, las democracias deben encarar. Esta convocatoria, en Canarias, merece agrupar los mejores bríos, las más sanas voluntades; máxime, cuando actualmente las sombras tenebrosas que jalean retrocesos amenazan a la democracia. Y la democracia son personas, libres e iguales, que deben hacerse valer; máxima premisa que sustenta la labor de las defensorías del pueblo.










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