
La crisis de Ceuta no puede contemplarse solo desde la óptica de la política o de la seguridad. Es legítimo que un Estado proteja sus fronteras y combata a las mafias que trafican con seres humanos. También es justo exigir responsabilidades a quienes utilizan la inmigración como instrumento de presión entre países. Pero, al mismo tiempo, no podemos olvidar que detrás de cada embarcación, de cada salto a la valla y de cada rostro agotado hay una persona con una dignidad que nadie puede arrebatarle.
Las lecturas de este domingo iluminan esta realidad con una profundidad sorprendente. El profeta Isaías lanza una invitación que atraviesa los siglos: «Todos los sedientos, venid por agua; también los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed». Dios comienza mirando la necesidad del ser humano antes que su condición social o su procedencia. Es una llamada a construir una sociedad donde nadie sea condenado al hambre, a la desesperación o a la falta de esperanza.
El salmo responde con una hermosa confesión de fe: "Abres tú la mano, Señor, y nos sacias". Dios es el primero que abre su mano. La pregunta es si nosotros, como personas y como naciones, somos capaces de abrir también la nuestra con prudencia, justicia y solidaridad.
San Pablo, en la carta a los Romanos, recuerda que nada podrá separarnos del amor de Cristo. Ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre. Ese amor es el que debe inspirar nuestras decisiones personales y también nuestras políticas públicas, para que la firmeza nunca se convierta en dureza, ni la compasión en ingenuidad.
Y el Evangelio ofrece la clave definitiva. Ante una multitud hambrienta, los discípulos solo ven un problema; Jesús ve personas. No ignora la realidad ni actúa de forma irresponsable, pero transforma unos pocos panes y peces en alimento para todos. El milagro de la multiplicación de los panes no es una invitación al desorden, sino un recordatorio de que, cuando ponemos nuestros recursos al servicio del bien común y confiamos en Dios, siempre hay caminos de esperanza.
Ceuta necesita respuestas responsables, cooperación internacional y una política migratoria ordenada y humana. Pero también necesita corazones que no se acostumbren al sufrimiento ajeno. Como cristianos, estamos llamados a defender la verdad, la justicia y la misericordia al mismo tiempo. Solo así podremos abrir nuestras manos, como hace Dios con nosotros, para que nunca falte el pan de la justicia, el alimento de la esperanza y la dignidad que todo ser humano merece.
Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes es integrador social, técnico en Gerontología Social por la Universidad de León y sacerdote de la Iglesia Ortodoxa.

























Domingo las Huesas ex de los mentirosos | Martes, 04 de Agosto de 2026 a las 21:52:34 horas
Estos los de la verdad.
Por delantes , el ciudadano en cuatro y los pantalones bajados
Titulado : Una imagen para no olvidar
CECILIA , año 1975
Mi querida España
Esta España mía
Esta España nuestra
CEUTA
Unos nadando
ALGUIEN
En bicicleta
OTROS
d.e.p
LOS DUEÑOS
En yate
UNA IMAGEN PARA NO OLVIDAR
Accede para votar (0) (0) Accede para responder