
Pedro Sánchez regaló el Sáhara Occidental a Marruecos a cambio de nada, o (al menos) todavía no lo sabemos. Los hechos consumados demuestran, una tras otra, que Sánchez actúa (a efectos prácticos) como peón de Rabat pues no contiene sus estratagemas de presión sobre España. No solo es
o, sino que, además, se suma la desfachatez de añadirse otras invitaciones y regalos diplomáticos como es que Marruecos organice el mundial de 2030 junto a España y Portugal. Por cierto, ¿no será la final disputada en Rabat u otra ciudad marroquí al paso que vamos?
Sánchez fue espiado a través de su teléfono móvil con el programa Pegasus, inteligencia de Israel, en una maniobra ejecutada por Marruecos. Mohamed VI tiene más información sobre Sánchez y su círculo de la que podemos creer a simple vista. Recalco: no se entiende cómo después de entregarle el Sáhara Occidental a Marruecos, la joya de la Corona para sus intereses, Madrid sigue supeditada a lo que decidan desde Rabat en cuanto a Ceuta y Melilla.
Lo único que salva a Canarias es la mar que nos separa. Pero lo ocurrido en Ceuta es un aviso. Una especie de Marcha Verde acuática en la que en cuestión de pocas horas la ciudad autónoma es invadida. Esto no es una mera crisis migratoria. Más de 40.000 personas no cruzan abruptamente una frontera sin más, sin organización previa. La táctica de brazos caídos marroquí tiene una clara intencionalidad de perjudicar a España y recordarle a Sánchez que está a merced de Rabat.
Esta situación irá a más. Es un recordatorio marroquí a La Moncloa de que cuando quieran, bien por el acercamiento a Argelia o bien por simplemente dialogar con el Frente Polisario, harán lo que les apetezca y Sánchez tendrá que arrodillarse. Es un decir, pero un decir fruto de una actitud sumisa y dócil ‘monclovita’ a Rabat que no se entiende. La Administración Trump e Israel apoyan a Marruecos y, por su lado, España no arma un frente propio. Obtenido el Sáhara Occidental, el siguiente afán será Ceuta y Melilla. Y, si pudiesen, Canarias.
No obstante, en las islas los políticos siguen en la pasividad acomodaticia mientras rechazan los legítimos derechos del pueblo saharaui. Acuden a las recepciones oficiales y festivas que organiza Marruecos a son de la proclamación de su rey, y mientras tanto lo sucedido este pasado jueves es un bochorno. Pero no será el único. Habrá más.








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