
Buenos días, don Francisco Rivero.
Me dirijo a usted con el respeto mínimo que exige la forma, pero con la convicción firme de que la situación de la Lucha Canaria ya no admite paños calientes ni discursos de continuidad. Lo que hoy tenemos no es una Federación en funcionamiento normal, sino una estructura agotada, fracturada y profundamente desacreditada que necesita ser desmantelada y reconstruida desde sus cimientos.
He permanecido en silencio desde su llegada a la Presidencia por la vía judicial, tras la resolución que obligó a su restitución en el cargo como consecuencia de la actuación de la Dirección General de Deportes o, en su caso, de quien ostentaba su dirección en aquel momento. Pero ese silencio se ha terminado, porque la realidad ha superado cualquier margen de paciencia.
Desde mi punto de vista, usted ha sido uno de los principales responsables del colapso institucional que hoy sufre nuestra Lucha Canaria. No hablo de errores puntuales, sino de un proceso continuado de deterioro que ha convertido la Federación en un campo de batalla permanente, alejado por completo de su función original.
Desde que usted y su Junta de Gobierno asumieron la dirección en 2020, la institución no ha hecho más que degradarse. Y cuando hablo de “Junta”, lo hago con todas las reservas, porque aquello nunca llegó a consolidarse como un órgano estable. Se fragmentó, se disolvió en disputas internas y terminó derivando en una gestora que simboliza, en sí misma, el fracaso del modelo de gobernanza actual.
Usted y parte de sus entonces colaboradores no solo no supieron sostener la unidad, sino que contribuyeron activamente a dinamitarla. La ruptura con quienes inicialmente le apoyaron no fue un accidente: fue el resultado de una dinámica de poder mal gestionada, donde los intereses personales y las lealtades cambiantes sustituyeron cualquier proyecto común para la Lucha Canaria.
El resultado es evidente: una Federación irreconocible, sin cohesión interna, sin rumbo claro y con una credibilidad institucional seriamente dañada. Y lo más grave es que todo ello se ha producido mientras se ignoraba la obligación básica de cualquier dirección: devolver la normalidad democrática mediante la convocatoria de elecciones.
Durante este tiempo, tanto su equipo como la denominada Gestora han operado en un marco de excepcionalidad permanente que ha desnaturalizado el funcionamiento de la institución. Se ha gobernado sin control real, sin legitimidad renovada y sin un horizonte claro de regeneración. Y eso, en términos institucionales, es insostenible.
A todo esto se une, en el tiempo, la intromisión por la puerta de atrás de la política, no la política buena, sino la mala política que siempre ha intentado entrar en nuestra Lucha Canaria, pero de eso hablaremos en otro episodio.
No se trata ya de discutir matices jurídicos o interpretaciones reglamentarias. Se trata de constatar que el modelo actual ha fracasado. La Federación, tal y como está concebida y gestionada, no garantiza ni estabilidad, ni transparencia, ni futuro para la Lucha Canaria.
Lo más grave es que, en medio de esta lucha por el control interno, se ha abandonado por completo el objeto principal: el deporte. Luchadores, clubes, mandadores, árbitros y afición han sido relegados a un segundo plano mientras la estructura directiva se enredaba en disputas que han erosionado años de trabajo colectivo.
La conclusión es inevitable: esta institución, en su forma actual, no es recuperable con simples ajustes. Ha llegado el momento de plantear su desmantelamiento tal y como está concebida y su reconstrucción desde una base nueva, transparente y verdaderamente democrática, donde la Lucha Canaria vuelva a ser el centro y no el rehén de luchas internas de poder.
Porque una Federación no puede seguir siendo un espacio de confrontación permanente ni un instrumento al servicio de intereses particulares. Debe ser una herramienta al servicio del deporte, de sus practicantes y de su futuro. Y hoy, lamentablemente, no lo es.
Nota final
Esta carta va dirigida expresamente a usted, en su condición de presidente de la Federación, pero no pretende cerrar nada. Al contrario, abre un proceso de reflexión más amplio y necesario sobre la viabilidad del actual modelo federativo.
Este es solo el primer escrito de una serie en la que seguiré analizando, con hechos y argumentos, cómo se ha llegado a esta situación. Porque lo que está en juego no es un cargo ni una estructura concreta, sino la supervivencia digna de la Lucha Canaria tal y como la conocemos.
José Trujillo Artiles, Barranquera IV, es exluchador.




























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