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Miércoles, 29 de Julio de 2026

Actualizada Miércoles, 29 de Julio de 2026 a las 20:12:08 horas

Colaboración

La papa que alimenta a Gran Canaria, sostiene su paisaje y fortalece nuestra soberanía alimentaria

Reflexión de Diego F. Ojeda Ramos, exconcejal del Ayuntamiento de Telde

DIEGO F. OJEDA RAMOS Miércoles, 29 de Julio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Miércoles, 29 de Julio de 2026 a las 17:26:50 horas

La papa de Gran Canaria es uno de esos productos que sostienen la memoria de nuestro pueblo. En Gran Canaria no es únicamente un alimento cotidiano; es una forma de entender la tierra, una expresión de nuestra cultura agrícola y un símbolo de la capacidad que tiene una isla para alimentarse a sí misma cuando existe una estrategia pública comprometida con quienes trabajan el campo.


La historia de Gran Canaria puede leerse también a través de sus surcos. Cada bancal de medianías, cada finca de cumbre, cada terreno recuperado del abandono guarda la huella de generaciones que hicieron de la agricultura mucho más que una actividad económica: un compromiso con el territorio. La papa, humilde en apariencia, ha sido durante décadas una de las principales protagonistas de esa historia silenciosa.


Vivimos en un mundo donde la globalización ha convertido los alimentos en mercancías que recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa. Sin embargo, cada crisis internacional demuestra la fragilidad de depender exclusivamente del exterior. Canarias conoce bien esa vulnerabilidad. Somos un territorio insular, alejado de los grandes centros productores y condicionado por la disponibilidad de transporte y suministros. Por ello, hablar de producción local ya no es únicamente una cuestión económica; es hablar de seguridad, de resiliencia y, sobre todo, de soberanía alimentaria.


Gran Canaria ofrece hoy un ejemplo que merece ser reconocido. Con aproximadamente 1.200 hectáreas dedicadas al cultivo de la papa, la isla produce cerca de 49 millones de kilos anuales, prácticamente la misma cantidad que consume su población, estimada en torno a los 50 millones de kilos al año, unos 35 kilogramos por habitante. Son cifras que permiten cumplir los parámetros establecidos por la FAO para alcanzar la soberanía alimentaria en este cultivo.


Este dato adquiere aún mayor relevancia cuando se observa la evolución del sector. Desde 2016 la superficie cultivada en Gran Canaria ha aumentado un 6,3 %, mientras que el conjunto del archipiélago ha sufrido una reducción cercana al 26,5 %. Allí donde otros retroceden, Gran Canaria avanza. No es fruto del azar. Detrás de estos resultados existe una planificación constante, una estrategia técnica y una voluntad política de fortalecer el sector primario como uno de los pilares del futuro insular.


La papa representa también una contradicción que invita a la reflexión. Cada año entran por el Puerto de La Luz y de Las Palmas alrededor de 36 millones de kilos de papas procedentes del exterior. Sin embargo, casi un tercio de esa cantidad tiene como destino otras islas, principalmente Tenerife. Estos datos permiten comprender mejor la dimensión productiva de Gran Canaria y desmontan algunos discursos simplistas sobre la insuficiencia de nuestra agricultura.


Pero producir mucho no basta. También es necesario producir mejor, innovar, adaptarse al cambio climático y ofrecer al consumidor variedades que respondan a distintos usos culinarios. Ahí reside uno de los grandes aciertos del trabajo desarrollado por la Consejería de Sector Primario del Cabildo de Gran Canaria.


La XVII Cata Insular de Papas constituye probablemente la expresión más visible de una labor mucho más amplia. Detrás de esa jornada donde veinte personas expertas —diez mujeres y diez hombres— han analizado las cualidades gastronómicas de las principales variedades cultivadas en la isla existe un enorme trabajo científico desarrollado durante todo el año por los técnicos del Servicio de Extensión Agraria y de la Granja Agrícola Experimental.


Los resultados de esta decimoséptima edición ponen de manifiesto el extraordinario nivel alcanzado por las variedades evaluadas y confirman la importancia de combinar investigación agronómica con análisis sensorial para ofrecer al sector y a los consumidores la mejor información posible. Tras la valoración de los parámetros organolépticos establecidos por el jurado, la variedad Búster, representada por la empresa Pep Innovation S.L.U., fue proclamada Mejor Papa de Valoración Organoléptica, seguida por Negra Yema de Huevo y Gatsby, tres variedades que destacaron por su excelente equilibrio entre sabor, textura y calidad culinaria.

 

La versatilidad de Búster volvió a quedar patente al alzarse también con el primer puesto en las categorías de papas sancochadas y papas fritas, consolidándose como una de las variedades más completas de la cata. En la modalidad de papas arrugadas, una de las preparaciones más emblemáticas de la gastronomía canaria, la vencedora fue Galáctica, seguida de Gatsby y Búster, evidenciando el elevado potencial gastronómico de las variedades ensayadas.

 

La calidad visual del producto también tuvo su reconocimiento. En la categoría de Mejor Imagen, el primer premio recayó en la variedad Jelly, representada por Europlant, mientras que Electra y Picasso ocuparon la segunda y tercera posición, respectivamente. Una clasificación que demuestra que la innovación varietal no solo debe responder a criterios de productividad y resistencia, sino también a las crecientes exigencias comerciales y de presentación que demanda el mercado.

 

Más allá del resultado de un concurso, esta clasificación constituye una valiosa herramienta para orientar las decisiones de las personas agricultoras, facilitar la transferencia de conocimiento al sector y ofrecer al consumidor referencias objetivas sobre las variedades que mejor responden a cada uso culinario. Es, en definitiva, la culminación visible de un intenso trabajo de investigación, experimentación y asesoramiento técnico que el Cabildo de Gran Canaria desarrolla durante todo el año para seguir fortaleciendo uno de los cultivos estratégicos de la isla.


En la Finca de Osorio no se improvisa el futuro del cultivo. Allí se ensayan nuevas variedades, se comparan rendimientos, se estudian resistencias frente a enfermedades y se seleccionan aquellas capaces de ofrecer mejores resultados tanto para la persona agricultora como para la consumidora.


Este año se han evaluado veinticuatro variedades mediante un riguroso diseño experimental. Ocho de ellas eran completamente nuevas y dieciséis repetían tras haber demostrado excelentes resultados en campañas anteriores. Los ensayos permiten conocer qué variedades producen más, cuáles resisten mejor las enfermedades y cuáles ofrecen una mayor calidad culinaria.


La campaña de 2026 no ha sido sencilla. Las lluvias persistentes, las bajas temperaturas del suelo, la elevada humedad y la aparición de nuevas cepas especialmente agresivas de mildiu y alternaria redujeron notablemente los rendimientos respecto a campañas anteriores. A ello se sumaron ataques puntuales de minador y problemas bacterianos como el pie negro (Pectobacterium y Dickeya).


Sin embargo, incluso en un año difícil, la investigación vuelve a demostrar su importancia. Cerca del 40 % de las variedades ensayadas mostraron una elevada resistencia frente a estos hongos, ofreciendo información valiosísima para orientar las futuras plantaciones.


Especialmente significativa resulta la ausencia de ataques de la polilla guatemalteca (Tecia solanivora), dentro de los ensayos del Cabildo. No es casualidad. Es el resultado de un Plan de Control desarrollado desde hace años que moviliza aproximadamente 600.000 euros anuales para colaborar con las personas agricultoras en la retirada del material infectado y fomentar nuevas prácticas agronómicas como las rotaciones de cultivo y la utilización de tratamientos más respetuosos con el medio ambiente. La incidencia de la plaga disminuye campaña tras campaña porque la prevención siempre resulta más eficaz que la improvisación.


Pero reducir la acción pública únicamente a la investigación sería profundamente injusto.


El Programa Insular de Desarrollo del Cultivo de la Papa constituye probablemente una de las estrategias agrícolas más completas desarrolladas en Canarias. Abarca el asesoramiento técnico permanente a personas agricultoras consolidadas y nuevos productores; la formación especializada en plantación, fertilización, riego, control fitosanitario y gestión empresarial; los análisis de suelos y enfermedades; los estudios continuos de costes de producción; las ayudas para recuperar terrenos abandonados mediante el Banco de Tierras; las subvenciones destinadas a pequeñas inversiones y maquinaria; la mejora de caminos agrícolas y la ejecución de importantes infraestructuras hidráulicas para garantizar el agua de riego.


No son actuaciones aisladas. Forman parte de una visión integral que entiende que el éxito de una explotación agrícola depende tanto del conocimiento técnico como de disponer de agua, accesos adecuados, rentabilidad económica y acompañamiento institucional.


Especialmente esperanzadora resulta la futura creación de una asociación insular de personas productoras de papa, impulsada desde la propia Consejería junto al sector. La organización colectiva fortalece la capacidad negociadora de las personas agricultoras, facilita la transferencia de conocimiento y favorece una interlocución mucho más eficaz con las administraciones públicas.


Todo ello responde además a los objetivos estratégicos definidos para el sector primario de Gran Canaria: mejorar la competitividad de las explotaciones, reforzar el asesoramiento técnico, profesionalizar el sector, fomentar el intercambio de conocimiento, impulsar prácticas agrícolas ambientalmente sostenibles y dignificar la figura de la persona agricultora como garante del equilibrio territorial.


Porque cultivar papas no consiste únicamente en producir alimentos.


Cada finca que permanece activa evita el abandono del territorio. Cada persona agricultora que continúa trabajando contribuye a fijar población en las medianías y la cumbre. Cada bancal cultivado mantiene vivo ese paisaje en mosaico que actúa como una barrera natural frente a los grandes incendios forestales. La agricultura produce alimentos, pero también biodiversidad, paisaje, empleo, identidad y protección ambiental.


Los datos económicos ayudan igualmente a comprender el esfuerzo que realiza quien cultiva la tierra. Los estudios de costes elaborados y validados por el propio sector sitúan el coste medio de producción entre 0,70 y 0,75 euros por kilogramo. Frente a ello, las ayudas vinculadas a la comercialización, la superficie cultivada o la pertenencia a organizaciones de productores alivian parcialmente ese esfuerzo, contribuyendo a mantener la viabilidad económica de unas explotaciones que difícilmente podrían competir en igualdad de condiciones con grandes producciones continentales.


Por eso resulta tan importante poner rostro a quienes hacen posible esta realidad. Detrás de cada saco de papas hay personas agricultoras que madrugan antes del amanecer, técnicas que investigan nuevas variedades, personal administrativo que tramita expedientes, especialistas que analizan suelos y enfermedades, comunidades de regantes que garantizan el agua y profesionales que planifican infraestructuras pensando en las próximas generaciones.


También por eso adquieren tanto valor iniciativas como la VIII Feria Insular de la Papa de Gran Canaria, que volverá a convertir Teror en el gran escaparate del sector. Allí no solo se mostrarán las variedades cultivadas; también se compartirán los resultados de los ensayos, se celebrarán jornadas técnicas, concursos gastronómicos y fotográficos, reconocimientos a personas productoras y espacios para acercar el conocimiento científico a la ciudadanía. Porque la innovación solo cobra verdadero sentido cuando termina llegando a quienes cultivan la tierra y a quienes consumen sus frutos.


La papa de Gran Canaria es, en definitiva, mucho más que un cultivo. Es una política pública bien orientada, una apuesta por la autosuficiencia alimentaria, un ejemplo de colaboración entre administración y sector productor y una demostración de que el desarrollo rural no pertenece al pasado, sino que constituye una de las mejores inversiones de futuro.


Mientras existan personas agricultoras dispuestas a seguir sembrando y administraciones comprometidas con acompañarlas mediante investigación, asesoramiento, infraestructuras y planificación, Gran Canaria continuará escribiendo una historia de éxito silenciosa, pero extraordinariamente valiosa. Una historia que comienza en un pequeño tubérculo enterrado bajo la tierra y termina convirtiéndose en alimento, empleo, paisaje, identidad y esperanza para toda una isla.


Diego Fernando Ojeda Ramos fue concejal del Ayuntamiento de Telde y actualmente es asesor en la Consejería del sector Primario, Soberanía Alimentaria y Seguridad Hídrica del Cabildo Insular de Gran Canaria.

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