
España necesitaba un chutazo de moral. Con tal trifulca permanente, afanes de separación, inculcación del odio mutuo, extremos exaltados y rencor hispano a machamartillo, el domingo nos regaló la segunda estrella. La conquista del Mundial de 2026 quedará en la posteridad custodiada como u
n bálsamo social muy pertinente justo cuando hay terceros (internos y externos) que tratan de separarnos. Este conjunto de futbolistas, acompañados por su seleccionador y cuadro técnico, han dado una lección deportiva y social. Ese es el mejor premio para este país tan zarandeado por intereses rebuscados de terceros.
Tanto debate territorial, y todos son capaces de ir a una con España. Cada uno con su sentir, con su querencia plurinacional, mas haciendo equipo en un momento decisivo mientras le mira el resto del mundo. Esa es la mejor prueba de que España puede superar cualquier crisis, sea de verdad o artificial. Y es que, a estas alturas, visto lo visto en Estados Unidos, cabe pensar que muchas de las bullas que hoy imperan en la agenda patria responden, en puridad, a estratagemas de querer separarnos y hacernos pelear inútilmente.
Este chute de optimismo, de patriotismo constitucional vía balompié, es más que bienvenido. Y nos debemos quedar con eso, dentro y fuera del césped. Lógicamente, habrá que ir a por la tercera estrella. Máxime, cuando ejerceremos de anfitrión principal, uno de ellos junto a Portugal y Marruecos, dentro de cuatro años. Pero es igual dado el precedente anímico y social que arrostrábamos desde hace años. Y estos jugadores han dado otro rostro de una España con luz y en positivo. Quedémonos con eso.
Cuando España ganó el Mundial de Sudáfrica de 2010, atravesábamos una crisis económica de caballo que diezmó al país. Las clases medias se proletarizaban y comenzaban los recortes, luego redoblados, tanto en los servicios públicos como en los derechos sociales. Se había esfumado el sueño ininterrumpido de la prosperidad. La burbuja inmobiliaria había pinchado.
Y el crédito fácil se había descubierto como veneno para los trabajadores. Y el fútbol patrio dio una alegría en medio de tantas murrias. Hoy el contexto es diferente, pero se expande el odio entre los unos y los otros en aras de desgarrar España y su pluralidad. Hay mucho de enredo, es lo que ha demostrado estos jugadores. La alegría coral de su victoria es la prueba más patente de que la unidad es posible. Que no nos engañen los cantos de sirena.









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