
Ayer España disputó una final en Estados Unidos, justo en el mismo país donde se celebró el Mundial de 1994. Más de dos décadas de aquel otro verano. El seleccionador era Javier Clemente. Pero la imagen que nos dejó fue el codazo a Luis Enrique cuando el combinado nacional cayó frente a Italia en la maldita ronda de los cuartos. Una frontera que luego, con el tiempo, se superó hasta alcanzar la primera estrella en Sudáfrica en 2010 al
vencer a los holandeses. Sin duda, la escuadra española afrontó el encuentro contra Argentina siendo ya otra, en moral y en palmarés. Y con esas ganas e ilusión saltó al campo.
En el Mundial de Estados Unidos en 1994, en la cita contra Italia, además del codazo que echó agua al vino para amargar los intereses españoles, quedó para la memoria coral la clara ocasión fallada por el delantero Julio Salinas. Todo el esfuerzo previo, incluido el partido para clasificarse contra Dinamarca en Sevilla que hubo que ganar sí o sí, y se logró gracias a Fernando Hierro y a pesar de la expulsión del guardameta Andoni Zubizarreta en los primeros minutos, se fue al garete. Esa es la tensión y grandeza del balompié que, como todo deporte, llega un momento que te jugas todo a cara o cruz.
El fútbol es emoción. Precisamente, esa emoción es la que permite trasladar la pasión de una generación a otra. Es más, aun los que antes o después desconectan del balompié (si es que desenchufan) al final guardan recuerdos de niñez y adolescencia al calor de lo acontecido sobre el césped. Y el Mundial de Estados Unidos de 1994 marcó y dejó una huella de frustración: España quedó eliminada por Italia con un amargo sabor de injusticia.
Clemente siguió unos años más dirigiendo a la selección, hasta que la presión se hizo insufrible. Hasta la ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, acabó por pronunciarse y dejar el pulgar hacia abajo para que destituyeran (de una vez) al vasco. Era la primera legislatura de José María Aznar, sin mayoría absoluta, y la titular de la cartera entendió que era mejor seguir la estela en contra de Clemente que agitaron algunos. Hoy la España futbolera es otra cosa, un nivel superior, nada que ver con el aroma ochentero y el posterior en el que llegar a una final simplemente se antojaba una quimera. Y, sí, la selección ha unido la diversidad del país. Y esa es la mejor noticia.








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