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Domingo, 19 de Julio de 2026

Actualizada Domingo, 19 de Julio de 2026 a las 15:21:39 horas

Primera Plana

Mi general

Columna de Rafael Álvarez Gil

RAFAEL ÁLVAREZ GIL Domingo, 19 de Julio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Domingo, 19 de Julio de 2026 a las 07:46:44 horas

Vuelven los calzoncillos de Luis Roldán. La rapsodia creciente y espídica de la (presunta) corrupción que carcome los cimientos de la democracia y el Estado de Derecho. A los casos agolpados durante el ‘tardofelipismo’ ahora, en cambio, se superpone una trama (supuesta) que anuda corruptelas variopintas, cada vez más esperpénticas y punzantes para la credibilidad en el sistema por parte de la ciudadanía. En esas estamos: inmersos en la[Img #1059858] cacofonía de la podredumbre moral y la lista de asuntos pendientes de ser dirimidos en la vía judicial. Otros lo han sido ya.

 

La directora general de la Guardia Civil está investigada. Y declaró en esa condición esta semana en la Audiencia Nacional ante el magistrado Santiago Pedraz, un jurista con toga y formado y no uno que pasaba por ahí. Recordatorio, este último, tan pertinente cuando desde ciertas partes políticas y del poder Ejecutivo insinúan sibilinamente la ausencia de pericia  e imparcialidad del poder judicial. ¡Cuánto daño están haciendo al sistema constitucional con soflamas a lomos del cesarismo!

 

A Mercedes González, la regidora de la institución armada, se le investiga por dos delitos: prevaricación y obstrucción a la justicia. Los cafés, con o sin tostada untada de mermelada, con la ‘fontanera’ Leire Díez vienen a colación del resto de la oleada de escándalos que sacuden al ‘sanchismo’. Pero cuando la máxima responsable de la Guardia Civil está en el punto de mira judicial, la situación resulta ya muy delicada y peligrosa. Vaya por delante la presunción de inocencia y que Mercedes González podrá dimitir o no en función de su consideración ética y criterio sobre lo acontecido. Es, a fin de cuentas, decisión suya. Mas resulta lacerante esta imputación que pone entre la espada y la pared a la Guardia Civil, bajo una presunta balacera de presiones para que la Unidad Central Operativa (UCO) no hiciera su labor en casos que atañerían al ‘sanchismo’ y su entorno.

 

Esto son palabras mayores. Movimientos profundos de cloacas que irradian un daño severo sobre el Estado de Derecho, de confirmarse. Al tiempo que conocemos audios entre los gerifaltes de la Guardia Civil a son de órdenes y contraórdenes que vislumbran una cacería política, la realidad es que la mandamás de la Guardia Civil acude a la Audiencia Nacional para ventilar su versión sobre lo ocurrido con la ‘fontanera’ Leire Díez y la UCO. Si trataron de torpedear a la UCO, la corrupción y el chusmerío ya serían sistémicos. Cuando a la Guardia Civil se le sitúa en el foco público por irresponsabilidades que vendrían desde su jefatura de mando, el bochorno es mayúsculo y la corrupción en otros tercios políticos del ‘sanchismo’ aún por saberse sería mayor de la que conocemos por ahora. No es grano de anís.

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