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Sábado, 18 de Julio de 2026

Actualizada Sábado, 18 de Julio de 2026 a las 10:22:35 horas

Primera Plana

Un 18 de julio de 1936

Columna de Rafael Álvarez Gil

RAFAEL ÁLVAREZ GIL RAFAEL ÁLVAREZ GIL Sábado, 18 de Julio de 2026 Tiempo de lectura: Actualizada Sábado, 18 de Julio de 2026 a las 08:50:56 horas

Aquel 18 de julio de 1936 fue un sábado. Como lo es hoy. Hace 90 años ya. Un sábado de verano presente, como el 18 de julio de 1936 en el que España asistió a un golpe de Estado que, al fracasar a medias, derivó en una Guerra Civil. La asonada golpista contra la Segunda República, con aroma africanista, triunfó en la meseta, Galicia, Canarias, Navarra… Pero fue detenido en las grandes ciudad[Img #1059858]es y núcleos industriales donde el movimiento obrero estaba más que presente.

 

De todo aquello sobrevino un conflicto bélico que, al ser entre hermanos, es aún más cruento y doloroso. Una sinrazón que enseguida dio paso a las viejas rencillas, las venganzas, el sectarismo y el odio. Las bajas pasiones que afloran cuando decaen las presuntas ideologías inmaculadas. Los argumentos son propios de las democracias. La soberbia idolatrada es producto de ciclos donde vienen mal dadas al país de turno.

 

Hubo que esperar a la Transición para cerrar heridas. Mejor o peor, pero se cerraron. Lo sucedido entre 1936 y 1939 fue un atroz dislate. Algo a no repetir nunca. Nada que ver con la versión cómica de la genialidad cinematográfica de Luis García Berlanga en su película ‘La vaquilla’ (1985). Por no obviar la posguerra en la que, al margen del hambre, se siguió persiguiendo y asesinando por la dictadura franquista.

 

Mas hoy, 18 de julio de 2026, lo importante no es tanto recordar en un ejercicio de memoria histórica (que también) sino incidir en que aquello no debe repetirse jamás. Y que los errores mutuos (antes, durante y después de 1936) fueron jaleados por la sinrazón. Las ideologías son instrumentos de interpretación social que abanderan unos principios determinados, pero ya está. Las ideologías, la que sea, no pueden ser fines. Son códigos, pero no textos santos pues la realidad siempre desborda las mentes preconcebidas. Los prejuicios tornan en esas dichosas bajas pasiones.

 

Un marco democrático como el dotado por la Constitución de 1978 permite reconocerse los unos a los otros. Acordar la convivencia no fue fácil. Este pacto constitucional ha dado lugar a décadas de bienestar y prosperidad. Con sus luces y sus sombras, y más luces que son, arrojan las mejores páginas de la Historia de nuestro país. No dejemos que regresen las dos Españas. No perdamos la centralidad y el valor de la moderación. Se puede ser moderado siendo de izquierdas o de derechas. Las virtudes superan, por fortuna, a las ideologías. Quebrantar el orden de 1978, desde la derecha o desde la izquierda, supondría un error de bulto. Los hay interesados en ambos extremos. No lo permitamos.

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